martes, 19 de mayo de 2009

Sociedades Incluyentes.

Hoy vengo ante Usted a tratar de explicar algo que no debería haber sido nunca, algo que no debería requerir explicación y que jamás debió haber sido materia de estudio o análisis.

Me refiero a la existencia en un mismo entorno de diversos, diferentes grupos humanos, grupos que se diferencian por su preparación, por el color de su piel, por sus creencias religiosas, por sus preferencias sexuales, por su estatura, vamos, por cualquier tipo de ofensa que implique etiquetar o encasillar a alguien por cualquier motivo.

Samuel Huntington lanzó en 1997 su “choque de civilizaciones”, obra en la que anuncia que: “En el futuro previsible no habrá ninguna civilización universal, sino un mundo de diferentes civilizaciones, cada una de las cuales tendrá que aprender a coexistir con las otras”. Fuente:
http://www.mty.itesm.mx/dhcs/deptos/ri/ri95-801/lecturas/lec125.html

Es decir, se prevé que ya pronto, ninguna de las formas de civilización que coexisten actualmente, va a tener supremacía sobre las demás, por lo que habremos de aprender, forzosamente, a tratar de vivir en paz, sin importar las posibles formas de diferencia entre los hombres.

Entre las formas más crueles de discriminación que existen, están las que obedecen al origen de las personas, entendiendo por esto, segregar a aquél que no es de nuestra raza, religión, país, continente o partido político.

Un ejemplo, es la discriminación que sufren los hermanos centro y sudamericanos que llegan a México, país que se asume como adalid de los derechos humanos pero que en la práctica, vive una gran discriminación.

De igual modo, cuando el mexicano cruza la frontera para ingresar al país que se formó únicamente de inmigrantes, Estados Unidos, es discriminado por su idioma, estatura, color de piel y otros signos externos que nada tienen que ver con el valor intrínseco de las personas.

Es importante destacar también, que muchas veces la gente huye de países que están en guerras, en conflictos armados que les provocan un miedo tal, que prefieren abandonar su país con tal de conservar sus vidas, dejando atrás todo: bienes, historia, raíces, familia y amigos, pero tratando de salvar la vida.

Esos refugiados van conformando ciudades cosmopolitas a donde van llegando, obligando que los países deban regular lo relativo al libre tránsito de personas, unos, permitiéndolo sin restricciones y otros, los más, fijando reglas que regulan dicho tránsito.

Muchas veces, en las propias leyes que regulan la migración, tanto legal como ilegal, encontramos formas de discriminación que van incluso, al extremo de negar asistencia médica a quien no tenga los ojos iguales que los del país que recibe, o que su color de pelo sea distinto o peor aún, que el idioma sea la diferencia.

Sin embargo, la realidad supera a la ficción y en muchos casos, la realidad social ha obligado los gobiernos, a permitir, tolerar y aún más, a alentar el movimiento migratorio, por razones diversas en cada país.

Incluso, temas como la despenalización del aborto, dividen a los partidos de derecha e izquierda y se han convertido en asuntos más importantes para la opinión pública, que algunos de los que por mucho tiempo han sido de los más socorridos, aún de carácter histórico (salarios, inseguridad, etc.).

Sin embargo, el tema da para mucho más. Las luchas por lograr que se reconozcan los derechos de las etnias, de la identidad de raza, de género, de lenguaje, de orientación y preferencia sexual, de gustos musicales, de forma de vestir, de adornos en el cuerpo y en fin, de cualquier forma de etiquetar o marcar a las personas, ha llegado a desafiar a los gobiernos establecidos y ha logrado, incluso, que se den cambios torales para permitir la igualdad.

Para ejemplo, tenemos la lucha de los negros en Estados Unidos, lo relativo al Apartheid en Sudáfrica, los problemas separatistas de los Vascos, en España y muchos otros más.

Uno de los crímenes mayores de la historia del hombre lo encontramos en la depredación lograda por los europeos en el continente africano, al que despojaron de sus riquezas, de sus diamantes, de sus tierras, de su flora y fauna y ahora, cuando los pueblos están muriendo de hambre, se niegan a aceptarlos en una Europa llena de valores africanos, pero que le niegan, a los propietarios originales de dichas riquezas, disfrutar de ellas.

La Historia ha demostrado que la imposición de unos grupos sobre otros, o tratar de lograr la eliminación de los “otros”, no sólo debe rechazarse, sino que además, resulta inviable.

Vivir juntos no implica desconocer las diferencias y eludir los conflictos. Significa aceptar que existen los conflictos y tratar de solucionarlos mediante vías pacíficas, mediante la negociación, mediante el diálogo, para lo que hay que conceder más poder a los grupos más débiles y contar con reglas de juego precisas y estables, que bloquen las formas excluyentes e impulsen la construcción de sociedades incluyentes, dándole un nuevo valor a la protección y a la cohesión social.

De hecho, los conflictos no sólo son entre grupos antagónicos, si no también se dan entre ejes que en algún momento sufren discriminación, pero que la ejercen en otros que estiman aún más vulnerables que ellos mismos.

Hombres contra mujeres, mujeres de una raza discriminando a hombres de otra, preferencias sexuales de un país sobre población promedio de otro, campesinos de una latitud despreciando a los obreros de otros lares, es decir, los que son dominados en una contradicción principal se tornan dominantes en una secundaria..

La única solución posible al conflicto que ahora se da, es luchar a favor de que exista una sociedad que le otorgue valor a los valores humanos, no materiales; que le brinde reconocimiento a la estatura de miras, no de cuerpo; que se privilegie el pensamiento, no la sumisión; en una palabra, que permita a cada uno realizarse como ser humano, individual, único e irremplazable.

No se vale perder más vidas en unas luchas estériles, inútiles y que a nada positivo conducen.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
www.mexicodebesaliradelante.blogspot.com/


Monterrey, N.L., mayo de 2009.

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