lunes, 7 de enero de 2019

Para apoyar al Presidente López Obrador



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante


Ha sido proverbial entre los mexicanos y tal vez entre la humanidad entera, enaltecer el logro ajeno y disminuir o menospreciar el propio o de los cercanos a uno. De ahí que exista la sentencia que establece que: “nadie es profeta en su tierra”.

México, nuestra querida patria, ha tenido toda suerte de dirigentes: desde los muy nacionalistas hasta los príncipes extranjeros; desde el cercano a la gente hasta el que se lava las manos después de saludar al pueblo. De todo ha habido.

Hoy, en que después de muchos años de insistencia el Licenciado Andrés Manuel López Obrador se ha alzado con el triunfo en las urnas, existe una corriente muy importante de mexicanos que indican: “yo no voté por López Obrador” y con ello, pretenden hacer que su gobierno fracase. Es decir, a pesar de que tratar de que le vaya mal al presidente de la república es como implorar que fracase el piloto del avión, sabiendo que vamos de pasajeros, lo están buscando.

Por eso y atentos a que México debe salir adelante, vengo a tratar de colaborar con mi granito de arena en beneficio del país, en el tema que he venido comentando con muchos de ustedes y que conocen los académicos de la seguridad social y mucha gente del país y más allá de nuestras fronteras.

En efecto, tenemos como país un grave, gravísimo problema de pobreza que no se puede acabar regalando dinero que alguien tiene que pagar; como tenemos el problema de la falta de cultura de pago de impuestos y de ahorro; como está fijo en los mexicanos la idea de que transar es la mejor forma de avanzar. Y se busca la manera de eludir impuestos, de evadir obligaciones y de luchar por conseguir que las cosas nos salgan regaladas o muy baratas, aún sabiendo que son robadas o de muy dudosa procedencia.

Ya hay varios intentos de lograr paliar cada uno de los problemas enunciados y la sociedad los ve con recelo y más aún, con intenciones de no acatar lo que propone el Presidente López Obrador para conseguir que México avance. Ahí entra lo que hoy vengo a proponerle.

Se trata de crear un sistema nacional de seguridad social indirecto que se vaya gestando en cada operación de compra que haga cada uno de los 120 millones de mexicanos que somos, de tal manera que al comprar algo, lo que sea, que tenga Impuesto al Valor Agregado, IVA por sus siglas, el equivalente a dos puntos de IVA se vayan a una cuenta de ahorros propiedad de cada uno en el que se vaya acumulando lo suficiente para tener servicio médico y medicinas, así como pensión, lo que junto, trae una seguridad social universal y que, en añadidura, al gobierno no le costaría un solo céntimo.

Voy a tratar de explicarme. La Secretaría de Hacienda reconoce una evasión y elusión fiscales por aproximadamente el 40% de lo que debería de recaudar por concepto de IVA. Es decir, si lo que debería ser es de diez pesos, solo recauda seis, con una fuga de cuatro pesos. Lo que propongo, es que, al hacer uso de las tarjetas de Cliente Frecuente otorgadas por el Gobierno Federal, cada operación gravada con IVA quede registrada, de tal manera que el vendedor se obligue a reportar ese IVA y el comprador recibe, a cambio de pasar su tarjeta, el equivalente a dos puntos. Al hacerlo, subiría la recaudación hasta el equivalente a ocho o nueve pesos de los diez que debería recaudar el Gobierno, de los cuales, bien puede disponer de dos para seguridad social y aún así, sigue teniendo más que antes de aplicar la propuesta.

Cabe aclarar que cada punto de IVA debe rondar aproximadamente entre ciento cincuenta a doscientos mil millones de pesos, que son suficientes para otorgar las pensiones que faltan en México y alcanza, además, para darle mantenimiento a los hospitales del Sector Salud e inclusive, crear unos nuevos.

Piénselo.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini


domingo, 4 de noviembre de 2018

Carlos Gómez Sánchez Profesor y Licenciado

Nació en Ciudad Victoria, Tamaulipas, el día 5 de noviembre de mil novecientos veintiséis.

Fueron sus padres el Sr. Dn. José Gómez Casas y su Sra. Esposa, Profra. Dña. Cuquita Sánchez Martínez de Gómez.

Terminada su instrucción primaria ingresó a la Esc. Secundaria, Normal y Preparatoria del Edo. de Tamaulipas, cursando ahí sus estudios de magisterio.

Terminó sus estudios a la edad de 17 años, obteniendo en su examen profesional, mención honorífica.

Durante sus años de estudiante formó parte de un equipo de basquetbol de la Escuela Normal.

Al terminar su carrera magisterial, dedicó un año para ayudar a sus padres.

Al siguiente año inició su labor docente como director de la Escuela Primaria de Santander Jiménez, Tamaulipas.

Su afán de conocimiento lo llevó a la Ciudad de México para cursar sus estudios de preparatoria, lo cual hizo trabajando como maestro en Sta. Ana Tlacotenco un año, después otro en Milpa Alta, en donde tiempo después fue Delegado Político del Departamento del Distrito Federal de ese pueblo y de los pueblos pertenecientes a esa delegación. Continuó trabajando como maestro en la Ciudad de México.

Terminada su preparatoria, ingresó a la Facultad de Leyes de la Universidad Nacional de México, en donde hizo sus estudios para obtener el título de Licenciado en Derecho.

Durante estos años formó parte del equipo de basquetbol de la UNAM.

Apasionado del deporte, practicó también el alpinismo, siendo socio del Club Alborada.

También fue un buen nadador desde niño.

Desde el primer año en la facultad practicó en un prestigiado bufete de abogados.

Desde muy joven participó en política, en los grupos juveniles.

Contrajo matrimonio con la Srita. Q.F.B. María Guadalupe Porchini Galván, en Ciudad Victoria, Tamaulipas. Son sus hijos Carlos Francisco; José Manuel; Moisés Jorge; María Isabel; María Guadalupe; y, Melba Margarita.

Trabajaba en la Secretaría de Hacienda cuando solicitó su cambio a provincia para ver crecer a sus hijos escogiendo a Matamoros para su residencia.

Radicó en esta ciudad desde el año 1965. Llegó para prestar sus servicios en la Aduana Fronteriza de esta ciudad.

Muchos y muy variados fueron los puestos que desempeñó.

Al mismo tiempo que desempeñaba el puesto al que fuera asignado siempre tuvo negocios propios: distribuidor de periódicos y revistas; distribuidor de cemento; socio en una fábrica de concreto y muchos más.

Fue ranchero de corazón. El año que dedicó para ayudar a sus padres, fue trabajando con ellos en un rancho.

Durante su estancia en Milpa Alta tuvo una huerta de nopal.

En esta ciudad también trabajó un rancho de su propiedad.

El accidente que puso fin a su vida fue el 13 de julio de 1983.

Para su familia es un honor que una escuela lleve el nombre de Carlos Gómez Sánchez.



viernes, 27 de julio de 2018

La Reforma Laboral


Nuevo Laredo, Tamaulipas, a 27 de julio de 2018

La Reforma Laboral

Distinguidos miembros de la Mesa de Honor.
Queridos estudiantes.
Damas y caballeros que nos acompañan.
Sean todos bienvenidos.

Muy buenos días. Espero que las palabras que tengo preparadas para ustedes los lleven a imaginar lo que sigue en el mundo del derecho laboral, lo que, como apasionados de las relaciones laborales y sus problemas, de la seguridad social y sus carencias, así como de las injusticias que se viven en el día a día para los que, de cerca, vivimos la realidad de trabajadores y patrones ante la autoridad laboral y las reformas que ya se dieron y las que faltan.

Como todo en la vida, para poder entender el tema vamos a irnos, según las reglas metodológicas, desde los orígenes del asunto a discutir y para ello, debo contarles a ustedes que, desde el principio de los tiempos, el ser humano fue considerado, en términos jurídicos, como una “cosa” más, es decir, lo que en el derecho romano se denominaba res.

Por lo tanto, la relación que surgía entre una persona libre o res mancipi, es decir, una dueña de su propio derecho, sui juris, con una persona sujeta al derecho de otro, res nec mancipi o alieni juris, era una relación que se sujetaba a los términos del derecho civil, en el que la voluntad de las partes es la ley suprema.

Por ello, usted podía ir a algún mercado y comprar seres humanos, como fue la constante hasta que se dio la abolición de la esclavitud, hace apenas unos momentos en la historia de la humanidad, pues desde antes de Roma, según esto fundada en el año 753 antes de Cristo ya existía la esclavitud y fue hasta después de 1800 en que la mayoría de los países comenzaron a dictar leyes en ese sentido. México lo hizo por conducto de Miguel Hidalgo y Costilla en 1810 y en Estados Unidos de Norteamérica, el presidente Abraham Lincoln, mediante la Proclamación de Emancipación de 22 de septiembre de 1862 y que tomaría efectos plenos hasta 1865. Es otro punto en el que jurídicamente hemos sido más adelantados que nuestros vecinos al norte.

La inmensa mayoría de los países latinoamericanos dictaron leyes en el mismo sentido aproximadamente en los mismos años. Es decir, durante todo 1800 o siglo XIX, se fueron dando los respetos a los derechos humanos y el primero y fundamental, el derecho a la libertad e igualdad jurídica.

Como antecedente directo está que a raíz de la Revolución Industrial que inicia en la segunda mitad del siglo XVIII, aproximadamente en 1760, surge la necesidad de contratar personal como empleados de las primeras fábricas, pues ya no existía en el mundo la libre comercialización de los humanos.

Claro, el tránsito de esclavos a empleados con prestaciones ha tardado muchos años de lucha y esfuerzo, pues al inicio, el patrón exigía jornadas de 16 a 18 horas diarias, lo que se conoce como jornada “de sol a sol”, es decir, de seis de la mañana a ocho de la noche, que son apenas poco más de catorce horas…

Comienzan los gremios o grupos de personas que se dedican al mismo arte, profesión u oficio a luchar por sus derechos y así, las costureras, los tablajeros, los zapateros y otros, pugnaron por lograr cambios que les permitieran arribar a niveles de vida distintos a los que habían sido confinados.

Vienen las grandes huelgas, tanto en Estados Unidos como en México y los gobiernos, temerosos de la reacción de la gente de dinero, restringe la lucha obrera y permite al gran capital establecer sus condiciones.

Empero, pensadores de la talla de Ignacio Ramírez, El Nigromante y muchos más en México y líderes sindicales como Jimmy Hoffa en Estados Unidos, lograron cambiar el estado de las cosas a unas mejores para el obrero.

Al culminar la lucha armada en nuestro país y ya con las grandes fábricas conscientes del valor de la fuerza de trabajo, comienza dentro de la lucha de clases propuesta por Karl Marx, el buscar cómo dirimir los conflictos entre el capital y la fuerza de trabajo.

Ahí es donde encaja nuestro tema: Las Juntas de Conciliación y Arbitraje y la Reforma Laboral.

Para destacar su inicio, vale referirnos a la ley publicada el 19 de octubre de 1914 por Cándido Aguilar y que en su artículo 12 crea las juntas de administración civil, las cuales: “oirán las quejas de patrones y obreros y dirimirán las diferencias que entre ellos se susciten, oyendo a los representantes de gremios y sociedades y en casos necesarios al correspondiente inspector del gobierno”.

De igual manera, hay que hacer referencia a las leyes de 14 de mayo y 11 de diciembre de 1915 promulgadas por Salvador Alvarado en Mérida, Yucatán; la primera, instituyó el Consejo de Conciliación y el Tribunal de Arbitraje y la segunda reguló la materia laboral estableciendo juntas de conciliación y un Tribunal de Arbitraje: “Para resolver las dificultades entre los trabajadores y patronos...”; las primeras se formaban por cuatro miembros propietarios y cuatro suplentes, elegidos en la misma proporción por los trabajadores y los patronos y el Tribunal se integraba por un representante de los trabajadores, uno de los patrones y un juez presidente, según aparece en las páginas 108 parte final y 109 del texto ¿Juntas o Tribunales de Trabajo? Publicado por el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y del que es autor Carlos Alberto Puig Hernández.

Corresponde al gobierno nombrar a quien será el presidente de la junta, tal y como hasta la fecha se hace.

Luego, esa misma idea permea al crear el artículo 123 constitucional y es de las ideas convertidas en ley, que llevaron a nombrar a nuestra constitución como la primera de corte social en el mundo.

Mientras tanto, los países de Europa, asolados por el fantasma de la guerra y ocupados en su propia reconstrucción y en la destrucción de sus vecinos, se ocupaban más de otras materias, como el Derecho Penal o el Internacional Público, soslayando el hecho ineludible de que cada día más los obreros, los patrones y sus relaciones iban creciendo en importancia y en número, dejando siempre para después la atención a ese problema.

El muy famoso Tratado de Versalles que puso formalmente fin a la Primera Guerra Mundial, se firmó en el Salón de los Espejos del Palacio de Versalles en París, el 28 de junio de 1919, concluyendo así la lucha armada que en realidad había quedado suspendida desde el armisticio de 11 de noviembre de 1918.

En el contenido del Tratado de Versalles aparecen algunos de los conceptos que, primero, habían quedado firmes en la Constitución Mexicana de 1917 y luego, fueron recogidos en éste, entre ellos, el modelo tripartito de impartición de justicia laboral planteado por la constitución mexicana de 1917.

Claro, cuando se crea la Organización Internacional del Trabajo, OIT por sus siglas, de igual manera se fijan en la forma propuesta por la constitución mexicana y así se integra, siendo la única entidad de la Organización de las Naciones Unidas, ONU por sus siglas, que sigue el formato mexicano.

Así, México como pionero de la solución de los conflictos laborales por medio de la oralidad y el sistema tripartito, se consolida ante el mundo y demuestra por qué, junto con la Doctrina Estrada y el Juicio de Amparo, los juristas mexicanos son líderes de avanzada en sus ideas.

A raíz de las reformas constitucionales que, primero reservando al Congreso de la Unión legislar en materia de trabajo en toda la república y luego, al imponer la Ley Federal del Trabajo de 1970 y su Reforma Procesal de 1980, queda firme la impartición de justicia laboral como parte integral del Derecho Social en el que ha quedado claro que México es ejemplo a seguir.

Y ha sido así por muchos años, aún en los peores momentos del neoliberalismo, en el que se había mantenido firme la estructura tripartita de integración de los tribunales laborales como parte del Derecho Social.

De pronto y a partir de las exigencias de los organismos internacionales, en especial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE por sus siglas, así como lo que requiere en materia de justicia laboral el Tratado de Libre Comercio, México, aquel líder jurídico, ha decidido cambiar su formato a jueces de primera instancia de lo laboral mediante la propuesta de reforma constitucional de justicia cotidiana en materia laboral del presidente Peña Nieto publicado el 07 de noviembre de 2016 en el sitio de internet www.gob.mx/justiciacotidiana en el que se informa que la Cámara de Diputados aprobó el dictamen que reforma los artículos 107 y 123 Constitucionales, en materia de justicia laboral.

Se ordena el cierre de las Juntas de Conciliación y Arbitraje, tanto a nivel federal como local y se legisla para crear los Juzgados de lo Laboral dentro del Poder Judicial de la Federación.

La causa esgrimida ha sido la lentitud de los procesos laborales; la galopante corrupción en las juntas de conciliación; la falta de capacitación del personal de las juntas y; por supuesto, que los juzgados son mucho más eficientes, honestos, transparentes, eficaces y limpios.

Ahora sí, ya con conocimiento de causa pues me desempeño como Presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje de mi Matamoros querido, puedo decir que los factores que han llevado a tener la percepción de que las juntas cultivan todos los males del mundo, han sido la falta de apoyo de los gobernantes hacia las propias juntas y me explico: es materialmente imposible que sin personal jurídico, de apoyo, de intendencia, de archivo y además sin los equipos de cómputo y mobiliario mínimo para trabajar, una junta pueda desempeñar con eficiencia su labor.

Exigirle a las juntas que dicten diez o cien o mil acuerdos, con las uñas y sin personal, es enviar a la gente, a los funcionarios, a solicitar el apoyo económico y de equipo de los usuarios de los servicios de las juntas. Incluye vehículos para actuarios, hojas para imprimir y hasta los propios equipos de cómputo en los que ha de realizarse el trabajo, pues el reglamento interno marca que solo en esos formatos puede levantarse una actuación, cuando en años anteriores, a los mayores nos consta que las máquinas mecánicas de escribir hacían maravillas.

Cierto, si usted se quiere deshacer de algo, lo primero que tiene que hacer es desacreditarlo para disminuir su valor y así poder soportar la razón de venderlo o cerrarlo.

Y no hay que ir muy lejos por los ejemplos que así lo han demostrado. En su momento, los caballos de acero que significaban la posibilidad de transportar carga y pasajeros por toda la república sobre rieles, Ferrocarriles Mexicanos, se dejó caer para así, ofrecerla al mejor postor. Y México perdió la soberanía en el transporte ferroviario nacional. Por supuesto que sigue siendo negocio, ya que de otra manera no se justificaría que empresas extranjeras hayan invertido su capital para adquirirla. Sabían de las ganancias que reditúa y no necesito decir más del tema. Por sabido, se calla.

Teléfonos de México, la comunicación oral, la posibilidad de transmitir datos y voces, se vendió también como empresa en quiebra. Ahora pueden admirarla como ejemplo de negocios a nivel mundial.

Así, el propio gobierno olvidó a nivel nacional a las juntas cerrando el suministro de insumos y exigiendo cada día más, hasta que la situación se ha tornado insostenible y los que desconocen la historia que hoy les he platicado, aseguran que un juzgado va a ser la panacea de todos los males.

Yo les pido que volteen a ver un juicio hipotecario, uno de arrendamiento o uno de sucesión, en el que haya controversia, para que me digan cuánto tiempo tardan. Uno de divorcio con convenio y sin bienes ni hijos, sí lo resuelven en dos meses o menos. Un divorcio con pelea por la custodia de los hijos, con bienes a disputar y con oposición de las partes, es un procedimiento igual o más lento, tardado y tortuoso que un juicio por una rescisión laboral.

La Justicia Cotidiana, la que pretende crear instancias de conciliación especializadas e imparciales, con plena autonomía técnica, operativa, presupuestaria y de decisión, como reza en la ya citada página de internet, es la misma que ahora crea un organismo descentralizado que registrará todos los contratos colectivos de trabajo y organizaciones sindicales y estará a cargo de la función conciliatoria.

Es la intervención plena, absoluta, en la vida interna de los sindicatos pues ahora exige, como requisito para obtener un contrato colectivo de trabajo, que se acredite la representación de los trabajadores. En este punto es muy importante destacar que la que ha fallado no es la legislación vigente, de ninguna manera. Los que han cometido yerros atroces, son los encargados de velar por la sana interpretación de la legislación. En cuanto los encargados de la justicia federal permanezcan ajenos al sentir del obrero, a la necesidad del patrón, a la posibilidad de llegar a la conciliación, la que se menosprecia en aras de garantizar el cumplimiento de una sentencia de amparo que lesiona a todos, no habrá justicia en materia laboral.

Se propone la conciliación obligatoria como requisito para poder acceder a presentar la demanda. Es decir, en contra del espíritu de la constitución, que previene una justicia pronta y expedita, ahora habrá que agotar una instancia administrativa previa a presentar la demanda por parte del trabajador. Cierto, si lo vemos con ojos de pesos y centavos, de pragmatismo jurídico en favor de quien todo lo tiene, es una buena medida. Así no habrá demandas ociosas o descabelladas. Pero tampoco habrá un real acceso a la justicia, pues el obrero, el débil en la relación procesal, el que no tiene bienes de fortuna para soportar lo tardado de un juicio, habrá de desistir cuando vea los problemas que para él representa estar en litigio.

Es importante mencionar que las listas negras, prohibidas desde hace mucho, tanto en la ley como en la constitución, existen de facto y son motivo de discriminación.

El obrero que se atreve a demandar va a cargar, por siempre, con el antecedente de que es un “trabajador demandante” y en consecuencia, se le irán cerrando las puertas. No hay empresa en su sano juicio que contrate trabajadores demandantes. Sin embargo, la responsabilidad de la demanda no es siempre del obrero. De hecho, la mayoría de las veces la causa estriba en una orden ejecutiva de la empresa, de los directivos que solo ven pesos y centavos y no, la responsabilidad social que como patrones han adquirido.

Para el patrón, para la empresa, el salario es uno más de los costos de producción. Para el obrero, para el que lleva el pan a la mesa de su casa, para el que tiene que pagar renta y demás gastos, el salario es su propia vida y por ello trabaja y muchas veces, buscando hacer horas extras para incrementar sus ingresos.

Ese punto es toral para entender la diferencia que representa uno solo de los elementos de la relación de trabajo: el salario. Para el que todo lo tiene, un costo más. Para el que de todo carece, la vida misma.

Y si la empresa no paga el salario en la fecha asignada, cada siete días a los obreros y cada quince a los empleados administrativos, la molestia del trabajador es inmensa. Y nunca podrá ser válido argüir que no se pagó el salario porque la encargada “no vino” o diciendo que quien paga “no firmó los cheques” o cualquier otra excusa. No hay razón válida para dejar de pagar el salario. Y, sin embargo, es práctica común que el patrón lo deje de pagar, cuando menos, en el tiempo prometido.

Ahí, en ese supuesto, cuando acuden los obreros ante la Junta a pedir asesoría la respuesta va desde decir: podemos presentar la demanda con fundamento en la falta de pago de salarios y usted tiene grandes posibilidades de ganar. Sin embargo, la sanción para el patrón por no pagar salarios es tener que hacerlo y, además, con la indemnización prevista en la ley. Para el obrero, en cambio, la sanción por demandar es la rescisión de la relación laboral y aún cuando gane, se quedará sin su fuente de ingresos habitual. Además, ¿quién ha de contratar a un obrero “demandante”? Nadie pregunta la razón de la demanda y sí, por el contrario, utilizan el estigma de “demandante” para negarle una nueva oportunidad.

Es la realidad de la vida en el litigio laboral. Así está hasta el momento. ¿Qué va a pasar cuando previo a demandar se tenga que agotar el procedimiento adicional de conciliar, sin que exista la presión de la demanda?

En materia de derecho colectivo, la fuerza del obrero, lo que le permite equipararse al patrón al momento de la discusión colectiva, es la sombra de la huelga. La amenaza latente de una posibilidad de huelga es la que obliga al patrón a sentarse en la mesa a discutir con el sindicato las condiciones de trabajo. En el momento en que, para poder presentar un emplazamiento a huelga, el sindicato deba cubrir los requisitos que aparecen en la reforma laboral, que van desde acreditar la titularidad de la representación de los obreros hasta la toma de nota y otras figuras recién creadas, tanto empresa como sindicato sabrán que ya no existe ese peligro de huelga latente y en consecuencia, las pláticas habrán de tomar distintos derroteros. Ya no tendrá la fuerza el obrero y el patrón se sentirá más libre para imponer lo que le plazca.

Disminuir la fuerza del trabajador; asegurar la permanencia de las fuentes de trabajo a costa del sacrificio del obrero; trasladar los juicios de unos ante una junta que tiene sentido social y busca resolver apreciando los hechos en conciencia, sin sujetarse a formulismos y en la que priva la conciliación como fin último del derecho procesal laboral, es la que plantea la reforma laboral que está a la vuelta. Es la reforma laboral ya aprobada y que cambia el espíritu de una resolución de conflictos considerando nuestra historia y el legado mexicano por una que estima al juez rigorista como la panacea a todos los males y como la única forma válida de resolver, como si lo único que estuviera en juego fueran pesos y centavos y no, seres humanos y condiciones de vida que aspiran a un mejor mañana.

Lo que hay es con lo que contamos y como la orden es que las juntas deben terminar los juicios que en ellas hayan iniciado y, además, como aún no es realidad la creación de los juzgados laborales, espero que tengamos oportunidad de seguir viéndonos por varios años más.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

martes, 13 de marzo de 2018

Candidatos, a favor de tecnología y bancarización.


José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante

Estamos en época de precampañas, que ya, para casi todos los efectos ante la gente, son verdaderas campañas con todo lo que estas llevan.

Los candidatos, como siempre, prometen construir el puente y también el río que ha de pasar por debajo. La gente, como siempre, sigue creyendo porque tiene la necesidad de confiar en que alguien desde arriba ha de resolver todos sus problemas, olvidando que cada uno es creador de su propio destino.

Y ya, ahora, tenemos a la tecnología como una realidad que nos invade cada día más en todos los aspectos de la vida. Hoy tuve oportunidad de ver el vídeo de un camión que no utiliza conductor pues es manejado por computadora y que hizo su viaje inicial de primer envío comercial en Colorado, U.S.A., fabricado por OTTO, empresa que así los produce.

También seguimos teniendo los programas de cliente frecuente que ya manejan la inmensa mayoría de las empresas y que consiste que en cada operación que usted hace, la quinta es gratis, o le abonan puntos, o le hacen descuentos o le devuelven efectivo y más.

Los bancos, por su parte, luchan por alcanzar mayores mercados y se pelean a los cuentahabientes, cuando su población destino es solo de aquellos que cumplen varios requisitos: tener documentos de identidad (con lo cual se elimina a más del diez por ciento de la población), que no necesite el dinero (lo que elimina al 90% de los mexicanos) y además, que tenga bienes para garantizar el préstamo. Definitivamente, así no han de conseguir clientes.

Pero estamos en posibilidad de sumar esos tres factores: la necesidad de tener más cuentahabientes, los programas de lealtad al cliente y los avances de la tecnología.

Sumados, nos pueden llevar a resolver un problema cada vez más grande y que pone a un altísimo porcentaje de mexicanos en graves problemas: la falta de seguridad social, entendiendo ésta como pensión, servicio médico, guarderías; préstamos para estudio; canchas deportivas y mucho más.

Esa suma consiste en crear una tarjeta de cliente frecuente, proporcionada por el Gobierno Federal, que asuma un porcentaje del Impuesto al Valor Agregado, IVA por sus siglas, de manera que en cada operación que haga cada uno de los mexicanos, deslice la tarjeta y obtenga, vía electrónica, el equivalente a dos o tres puntos de IVA para que le sean acreditados en una cuenta bancaria a su favor. Ahí, estamos hablando de ciento veinte millones de cuentas y todas con depósitos más frecuentes de lo que se puede usted imaginar.

Entran en juego la tecnología; el servicio de banca y los programas de cliente frecuente. El resultado sería que la gente, al saber que de cada operación va a tener algo para su retiro, exigirá que la operación quede registrada. Cambiarían el nombre del dueño del teléfono o de la luz de la casa, que está a nombre del abuelo que murió hace treinta años para ponerlo a su nombre y así, generar en su favor.

También, al pedir que la operación se registre, se abatirían la evasión y elusión fiscales por concepto de IVA, pues el cliente pediría el registro de la operación.

Tendría Hacienda ciento veinte millones de inspectores fiscales dispuestos a informar cuando un proveedor se niegue a registrar la operación, pues perderían su parte.

Ya no es problema la terminal punto de venta, ya que desde cualquier celular se puede hacer la operación.

Lo único que se necesita es la voluntad política para hacerlo valer.

Yo quiero a México y quiero que las cosas cambien. Ojalá me apoye difundiendo la propuesta y en todo caso, si usted es amigo de uno de nuestros próceres, dígale que ya existe una propuesta válida. Está publicada íntegra. Está a la orden de México. Está a sus órdenes.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.


José Manuel Gómez Porchini


lunes, 12 de febrero de 2018

Graduación Maestría en Impuestos febrero de 2018




Dr. Salvador Leaños Flores
Rector del Instituto de Especialización para Ejecutivos,
Lic. Amando Vargas Romero
Director del Plantel Monterrey del IEE
Muy queridos graduandos:
Distinguidos acompañantes

A lo largo del camino va juntando uno piedrecitas, como las del cuento de los niños que recibieron la encomienda de juntar piedras y cada uno juntó según su propio temperamento: pocas, suficientes y en demasía. Cuando se enteran de que cada piedra se convierte en conocimiento o en riqueza, que a la larga son sinónimos, aquellos que solo tomaron unas cuantas renegaron de no haber sido más diligentes.

Así, Lope de Vega, nos muestra su ingenio en el texto que lleva por nombre: Un Soneto me manda hacer Violante y que dice así:

Un soneto me manda hacer Violante
que en mi vida me he visto en tanto aprieto;
catorce versos dicen que es soneto;
burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante,
y estoy a la mitad de otro cuarteto;
mas si me veo en el primer terceto,
no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,
y parece que entré con pie derecho,
pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo, y aun sospecho
que voy los trece versos acabando;
contad si son catorce, y está hecho.

Narra, así como si fuera lo más fácil del mundo, la forma de hacer un soneto y al narrarlo, lo construye.

Así, iniciar, seguir y terminar estudios de posgrado, requiere fundamentalmente la voluntad de hacerlo y ustedes, hoy y aquí son el mejor ejemplo de que el genio verdadero es la tenacidad, es decir, la constancia, saber perseverar.

Me consta, por haberlo vivido con ustedes, que tener un trabajo estable, con responsabilidades y una familia que atender, son muros casi infranqueables para cualquiera que tenga menos valor que ustedes.

Estoy cierto que esa voluntad férrea, que demostraron al convertirse en coautores de un texto que a ustedes y a mí nos viste siempre, será la constante en su vida.

El adulto que estudia y busca superarse, sabiendo que tiene en contra o más bien, que tiene a favor el aliciente de una familia para lograr sus metas, está representado por ustedes aquí y ahora. El afán de superarse, que no conoce límites ni fatigas, es el que le ha permitido al hombre a lo largo de la historia, arribar a nuevos estadíos.

Resulta claro que la superación ha de ser en todos los ámbitos de la vida. Así como en la instrucción formal hoy logran alcanzar un nuevo peldaño, en cada uno de los aspectos de su vida han de sumar también, conocimientos nuevos que, como el Soneto de Lope de Vega, se van creando cada día con el esfuerzo y la entrega a su función.

Lo que más viste al profesional es exactamente la suma de sus valores: la instrucción formal; la educación para el trato con sus iguales y más, la atención para con aquellos que han tenido menos fortuna; la honestidad de miras y por supuesto la estatura moral.

Para alcanzar la maestría en la vida, ha de procurarse siempre que la ética sea el referente válido en el actuar. Solo quien busca que sus actos los domine un recto proceder, crece en todos sentidos.

No me resta más que agradecer, en mi nombre y el de mi familia, el tan distinguido honor a mi persona por permitirme acompañarlos en esta noche de éxito para ustedes y los que más los quieren. Que la alegría que hoy disfrutan los aliente a pensar que el trabajo tiene recompensas y que la única forma de sobresalir es con esfuerzo.

Buenas noches y éxito en su vida.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

Mtro. José Manuel Gómez Porchini




viernes, 12 de enero de 2018

De “El Coronel no tiene quién le escriba” a “Robo en las alturas (Tower Heist)”. El Problema de pensiones.

José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante

“El Coronel no tiene quién le escriba” es la segunda novela del genial Gabriel García Márquez, publicada en 1961 y que redactara a lo largo de la década de los ´50, en la que a pesar de que mucha gente, incluidos críticos, establecen que el tema principal es la muerte de su hijo, o el gallo, o la pelea de gallos… la verdad es que el mismo título tiene la respuesta. La carta que espera el Coronel, de quien por cierto nunca se sabe el nombre, es la que habría de concederle su pensión, esa a la que tenía derecho y que el gobierno nunca le reconoció.

El párrafo anterior nos demuestra que ya en los años cincuenta del pasado siglo XX, existía problema de pensiones, sin que se hubiera atendido pues solo se postergó, trasladándolo a las nuevas generaciones, que ya somos nosotros y nuestros hijos.

Robo en las alturas o conforme a su título en inglés, Tower Heist, trata exactamente el mismo problema: pensiones. Visto desde otra óptica y con distintos ingredientes, pero el fondo es el mismo. La gente aporta para sus pensiones y de pronto, alguien llega y se roba los fondos. Por supuesto, una película protagonizada por Ben Stiller, Eddie Murphy, Alan Alda, Téa Leoni, Casey Affleck, Matthew Broderick, dirigida por Brett Ratner y con la producción de corte estadounidense de 2011, garantiza un rato divertido, que deja en el espectador la sensación de que el millonario que les roba los fondos de pensiones a los pobres, en su mayoría inmigrantes, a pesar de que entre los robados está el administrador del edificio y en consecuencia, casi con ingresos de hombre rico, es el culpable y que el robo de los robados es solo justicia.

Como esas, que de algún modo son ficción, existen infinidad de casos en los que alguien, una persona, una entidad, un gobierno, ha escamoteado los ahorros de los trabajadores y desaparecido los fondos de pensiones de los obreros. Es cuestión de que busque en las noticias y verá que hay muchas notas al respecto. Fraude y robo a los sistemas de pensiones.

Aquí procede hacer varias aclaraciones. A pesar de que es un tema que está abierto a la luz pública, si usted pregunta, incluso a los legisladores, le dirán que, en México, la pensión es una obligación del gobierno y que quien está obligado a proporcionarla es el Seguro Social, cuyo nombre correcto es Instituto Mexicano del Seguro Social. No cabe confundir la seguridad social con el seguro social. Aquella es el género, éste, la especie.

Sin embargo, en cuanto pregunto: ¿y a los maestros quién los pensiona?, se acuerdan del ISSSTE o Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado. De inmediato surgen fuerzas armadas, universidades públicas, paraestatales y demás.

En nuestro México coexisten muchos sistemas de pensiones, tal vez más de cien, en el que cada uno tiene sus propios requisitos y, por lo tanto, cada uno establece sus reglas. Además, no existe portabilidad en los derechos de uno a otro sistema, salvo contadas excepciones entre IMSS e ISSSTE. Los otros no lo permiten. Así, si usted cotizó 10 años para el gobierno de un estado, otros diez para una paraestatal, otros diez en una universidad pública y otros tantos en una empresa privada que lo afilia al IMSS, ninguno de los sistemas ha de pensionarlo pues para ninguno cumple con los requisitos que en su mayoría son: un número determinado de años de servicio o antigüedad (desde 15 y hasta 40 o más), una determinada edad (desde cuarenta y hasta sesenta y cinco o más años de edad) y además, ser trabajador activo, es decir, laborar para una empresa que tenga ese sistema de pensiones.

Ya con esos antecedentes es que vengo a comentarle que existe la propuesta que he llevado a múltiples foros: académicos, políticos, universitarios, empresariales y sindicales y cada vez que tengo oportunidad. Incluso, en televisión abierta por RTVNL Canal 28 a quien le agradezco la oportunidad de contar durante casi dos años con un espacio cada lunes. Esa propuesta sigue siendo válida y está a sus órdenes. Solo le pido la haga saber a un político que sí quiera a nuestro país, a un político que la haga valer y la defienda.

Genera, además de seguridad social para la totalidad de la población, lo que significa servicio médico y pensión, una posibilidad de que el gobierno incremente la recaudación por concepto de Impuesto al Valor Agregado, IVA por sus siglas, de casi el 40% que acepta, admite y reconoce que tiene como pérdida por evasión y elusión fiscal; disminuye la actividad informal; reduce el contrabando; incrementa el ahorro nacional; amén de muchos otros beneficios más.

Y es tan fácil como otorgarle a cada mexicano una tarjeta de cliente frecuente de Hacienda, para que en cada operación que realice cada uno de los casi ciento veinte millones de mexicanos, el equivalente a dos puntos de IVA se depositarían en una cuenta de ahorros de cada uno de los mexicanos, ligada al CURP, Clave Única de Registro de Población, para que todos tuvieran ahorro desde recién nacidos y hasta completar, digamos, 60 o tal vez, sesenta y cinco años. Es una propuesta todavía, está en sus manos ayudarme a perfeccionarla.

Por mi parte, yo estoy dispuesto a atenderle.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.


José Manuel Gómez Porchini



miércoles, 27 de diciembre de 2017

El cambio como constante



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante


Cada año tiene sus propios afanes y cada uno nos va marcando en la forma de hacer la vida. En uno, recibimos un hijo o logramos terminar una carrera; en otro, perdimos a alguien muy querido o cambiamos de residencia. En cada año, nos hacemos las mismas promesas de ser mejores y de buscar a los que nos han querido, así como nos comprometemos a cambiar nuestras conductas negativas. No siempre se logra y ahí estriba el sabor de la vida.

Hoy, que 2017 está a punto de terminar y se acerca 2018 a velocidad insospechada, cuando vemos que las promesas de ayer siguen pendientes y nuestros defectos siguen iguales, de nueva cuenta nos empeñamos en cambiar… sabiendo que no todo será cierto.

Sin embargo, el cambio, el anhelo de ser mejores es la constante que nos permite soportar la vida, pues a pesar de que ésta trata de derrotarnos, cada uno va buscando la manera de salir adelante, de demostrar que puede con los sinsabores del día a día y más aún, que el progreso en sus múltiples formas es posible.

Soñar que con nuestras acciones vamos a lograr cambiar el mundo, como lo han hecho los grandes pensadores, es lo que nos mantiene en la lucha a todos. Cada uno, desde su trinchera, aporta al colectivo social su esfuerzo y así, de la suma de todos, se arriba a lo que nos lleva a nuevos estadíos.

En lo personal, 2017 me deja excelente sabor de boca. En casa, mis hijos avanzan en su desarrollo profesional y Tina mi esposa cada día domina mejor las tecnologías de la información y con ello logra su meta: ser maestra de excelencia. Yo, que sigo dando clases, no tengo cómo agradecer que se hayan fijado en mí para desempeñar un cargo tan honroso como el de presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje y más, en la tierra de mis mayores, en mi Matamoros querido.

Pero cada nueva encomienda, cada nueva responsabilidad, el saber que ahora las decisiones que asuma tendrán repercusiones en la vida de algunas personas, me obliga a repensar lo que sigue.

¿En realidad, vale la pena el esfuerzo de viajar y estar lejos de mi familia? ¿Hay algo que recompense mis afanes?

El dinero es, tal vez, el último de los satisfactores del empleado en un puesto de trabajo, a pesar de ser el más necesario.

Usted puede contratar trabajadores por buenos sueldos, pero los malos tratos, la desconfianza, el ambiente laboral hostil y muchos otros vicios de la relación laboral, dan al traste con la mejor de las empresas. Se requiere que el obrero, cualquiera que sea su nivel, se sienta motivado, que vea que su trabajo es productivo, que el superior lo aprecia y que a quien va dirigido, se sienta satisfecho.

En la burocracia, los salarios son casi ajenos a la voluntad de los funcionarios. Los determina “alguien”, ajeno a lo que se hace y “así debe ser”. No hay poder humano que logre cambiarlos.

Pero he tenido experiencias maravillosas con seres humanos que me han llenado de satisfacción de tal manera, que todo esfuerzo queda convertido en nada al contemplar el resultado de un trabajo hecho a tiempo.

Estaba un día en la Junta, recién llegado, cuando vi a una señora ya entrada en años, luchando en la maraña burocrática por su asunto. Y le pedí que pasara al privado del presidente. Ahí, la escuché cuando me contó que tenía más de dos años que había comenzado los trámites para cobrar la pensión derivada de la muerte de su hijo y que aún no tenía resultado. Me levanté, pedí el expediente, lo revisé y me di cuenta de que solo faltaba un pequeño impulso procesal que ella no daría nunca por su desconocimiento de los trámites jurídicos. Le ayudé y ese mismo día obtuvo la resolución que necesitaba y pudo ir a cobrar a la fábrica que ya tenía listo el cheque. Regresó a darme las gracias y a bendecirme en todos los tonos. La cara de satisfacción de la señora cubre con creces todos mis esfuerzos.

Otro día, caminando en los pasillos de la Junta, pude ver a un abuelo, sin ánimo ni emoción por la vida, con los hombros colgados y la mirada perdida, preguntar también por los trámites de pensión de su fallecida esposa. Le pedí me relatara su problema y me enteré de que tenía una hija que lo hizo abuelo antes de los veintiún años; un hijo de diecinueve años que aún estudia y otro de catorce con problemas de motricidad, es decir, con lo que ahora se denomina capacidades especiales. Su esposa sufrió un cáncer de diez meses y ya tenía dos meses de haber fallecido. Preguntó por el cheque que en la empresa le deberían de entregar. Al revisar el expediente, únicamente existía la promoción de la empresa, pues él no había comparecido en autos, es decir, no había entregado documentación alguna… así, ¿cómo saldría algún día un cheque en su favor? Le pregunté su edad, pues no parecía ser muy grande y mi asombro fue inmenso cuando ese hombre derrotado por la vida, ya abuelo y viudo, me dijo que ya había cumplido los treinta y nueve años… ¡Apenas treinta y nueve años! De ese tamaño es la ignorancia y obvio, en quien menos sabe más se cargan las penas. Le ayudamos y por un momento me pareció ver que su rostro se iluminaba con una sonrisa. Y le dije: -para eso estamos en la Junta, para atenderlo. Me dio las gracias con voz apenas audible, pero lo sentí muy sincero.

En cuanto pueda seguir atendiendo a la gente y buscando la manera de ayudarles a hacer la vida, todos los desvelos y los esfuerzos son pocos.

Creo que esa es la sensibilidad social que nos hace falta a muchos mexicanos para entender que México tiene todo para salir adelante. El problema es que no cumplimos nuestros compromisos… a veces. Otras, sí.

Lo invito a ser de los que sí cumplen sus promesas de año nuevo. Desde bajar de peso hasta ser más humano. Piénselo.

Vale la pena.

Me gustaría conocer su opinión.

José Manuel Gómez Porchini