domingo, 13 de abril de 2014

El Salario: ¿derecho social o derecho civil?





José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante              

Para conocer el tamaño del yerro de los ministros de la Suprema Corte en México, que dispusieron mediante jurisprudencia por contradicción de tesis 422/2013 de fecha 27 de marzo de 2014, que hasta el 30% del monto excedente del salario mínimo puede ser embargado, debemos empezar por ubicar a los elementos del tema en su justa medida. Aquí, lo que vamos a estudiar son el salario, la posibilidad de embargarlo, un acreedor, una orden de autoridad, un obligado a ejecutarla.

Según la Ley Federal del Trabajo en su artículo 82, Salario es la retribución que debe pagar el patrón al trabajador por su trabajo. Es decir, ya tenemos la primera definición.

En cuanto a la posibilidad de embargar el salario, debemos remitirnos al Capítulo VII Normas protectoras y privilegios del Salario que en la parte que nos interesa, establece: Artículo 112.- Los salarios de los trabajadores no podrán ser embargados, salvo el caso de pensiones alimenticias decretadas por la autoridad competente en beneficio de las personas señaladas en el artículo 110, fracción V.

Ahora bien, un acreedor es una persona que tiene derecho a cobrar, en términos de la ley civil, una cantidad de dinero o a hacer válida una obligación a cargo de otra persona, obligación que puede ser de dar, de hacer o de no hacer, según la ley civil. Debemos recordar que en términos de las leyes sociales, existen además y fuera de toda la doctrina clásica de las obligaciones, la de tolerar, la de fidelidad y alguna otra solamente aplicables en materia social. Sin embargo, es cierto que el acreedor es a quien se le debe dinero, pero su función es buscar a las autoridades CIVILES para que obtenga su recuperación, no apoyarse en las cuestiones de orden social, como lo son el patrimonio de familia o el salario, para lograr su cometido.

Una orden de autoridad. ¿Qué autoridad puede girar una orden en contra de un trabajador? Por cuestión de competencias, por principios de derecho, por simple lógica, solamente una autoridad laboral o de corte social puede girar una orden en contra de un trabajador. Permitir que un juez menor, de esos que arreglan asuntos de planchas y enciclopedias, le ordene al departamento de recursos humanos de una de las grandes corporaciones multinacionales, que es el último punto a dilucidar, cómo y cuánto le debe descontar a los trabajadores, sin que exista un límite de autoridades facultadas para decir el derecho, se antoja un tanto cuanto… ¿Surrealista? ¿Mexicano? ¿Absurdo?

Es decir, ahora un juez cualquiera, NO LABORAL O SOCIAL, derivado de la solicitud planteada ante una autoridad jurisdiccional, requiere de pago a un trabajador o empleado, ordena el embargo de bienes de una persona, que resulta ser un trabajador, válidamente dicho juez puede ordenar se embarguen los bienes del deudor y si no le encuentran, pues los futuros, como pueden ser los salarios, a fin de que los departamentos de personal o de recursos humanos tengan listados disponibles para los jueces de quiénes son sus trabajadores para que puedan ser embargados. Si ocultan información, van a la cárcel. 

Todo el esfuerzo de una persona, su intención de salir adelante, se verá truncado por la orden judicial de que se sustraiga una parte de su salario en favor del acreedor aquel que tuvo dinero para contratar abogados que embarguen el salario.

Si las tiendas de raya de Don Porfirio fueron suficiente causal para una revolución… ¿para qué dará material el embargo de los salarios?

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.



domingo, 6 de abril de 2014

No existe rúbrica para la vida



No existe rúbrica para la vida.

José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante      

La palabra rúbrica, que yo siempre relacioné y entendí como lo hacen el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua y cualquier otro diccionario, aún de medio pelo, ha cambiado, según nuestros genios en educación, de ser: rúbrica: (Del lat. rubrīca, der. de ruber, rojo). 1. f. Rasgo o conjunto de rasgos de forma determinada, que como parte de la firma pone cada cual después de su nombre o título, y que a veces va sola, esto es, no precedida del nombre o título de la persona que rubrica; a como lo entienden Wikipedia, rincón del vago y otras páginas poco confiables de internet: Una rúbrica es un conjunto de criterios y estándares, generalmente relacionados con objetivos de aprendizaje, que se utilizan para evaluar un nivel de desempeño o una tarea.

Ahora, en materia de educación, rúbrica son el conjunto de instrucciones para desarrollar un trabajo y los alumnos piden que la rúbrica sea lo más claro posible, que abarque todo para así, no cometer errores. Tal vez, tengan razón, pues siempre es maravilloso saber a qué atenerte cuando te encargan una cosa, pero no siempre tiene uno las instrucciones a la mano y lo más grave, la vida no viene con rúbrica.

Acabo de tener el privilegio de estar con educadores de primer nivel y en la mesa, surgieron los comentarios acerca de nuestros alumnos y cada uno, así los sentí, trató de demostrar que los suyos eran los mejores. Claro, yo también así lo dije.

Uno de los comentarios que más me impactó fue cuando un maestro comentó que ahora los muchachos quieren rúbrica para todo y yo, con cara de conocedor, empecé a opinar. Sin embargo, cuando explicó que había pedido un trabajo y les aclaró que no había más información que el nombre del tema, los alumnos se sintieron perdidos. Les ayudó, les dio parámetros (que ahora se llaman rúbrica) y lograron terminar su trabajo. Sin embargo, el día de la clase les cambió las reglas y ahí fue cuando se dio cuenta que ninguno pudo entregar el tema desarrollado. Es decir, mientras le proporcionas al alumno barandales que le permitan sostenerse, puntos de apoyo para mover el mundo y un soporte suficiente, hacen todo. Pero la realidad, la vida de verdad, la que está atrás de la puerta esperándonos para hacernos sufrir, esa no tiene rúbrica ni te permite ensayar el tema y mucho menos, te concede segunda o tercera oportunidad. La vida es cruel y más, cuando egresas de una institución de educación superior con grado de licenciatura, especialidad, maestría o doctorado y de pronto, te das cuenta que no eres capaz de sacar la vida adelante, a pesar del título que te avala como “experto”.

La verdad, los alumnos ahora han aprendido que todo viene con instructivo, con manual del usuario y así han manejado su vida y sus problemas. Insisto, la realidad no tiene instructivo y los problemas de la vida no son todos iguales ni pueden manejarse por catálogo.

Comentaron y yo también lo recordé, aquellos exámenes maravillosos, orales, en los que el maestro tenía la más amplísima facultad de interrogar sobre cualquier tema de la materia. Ahora, se ha ido acotando de tal manera que el maestro solo puede preguntar “de lo que está subrayado”.

Jamás un maestro me entregó un cuestionario para estudiar, ni mucho menos me desarrollaron “mapas mentales” ni me dieron una rúbrica de cómo redactar un tema. Le daban a uno el nombre del tema y a darle, a inventar todo usando los conocimientos previos.

Por eso hoy si no le explicas al alumno de manera detallada cómo quiere uno la tarea, el estudiante se ve perdido. Por eso, cuando egresan, al enfrentar problemas reales que no vieron con rúbrica en el salón, sienten que el mundo ha terminado.

Ahora dicen que al alumno hay que darle armas para la vida. Que hay que hacerlo competente. ¿Cómo va a lograr ser competente si no es capaz de resolver un problema sin la fórmula en la mano?

En la creatividad, en el ingenio, en la libertad para generar pensamiento está el futuro de México. No lo sujetemos con unos paradigmas caducos, con unos parámetros ya abandonados, con una rúbrica que no sirve. Démosle al joven la posibilidad de ser y hacer las cosas por sí mismo, la libertad de cometer lo que algunos denominan errores que produce esa enfermedad a la que le dicen “juventud” y que se cura con los años, pero que es la fuente de los grandes cambios, porque el joven no conoce el sabor de la derrota ni tampoco está en su diccionario la voz “no puedo”.

No debemos negarle a México la opción de salir adelante.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

domingo, 30 de marzo de 2014

Maestros por catálogo




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante   




De pronto veo que nuestros jóvenes y sus padres buscan mentores, maestros particulares para completar lo que la escuela no da. Y buscan lo mejor de entre quienes están a su alcance, tal como si fuera cualquier otra mercancía.

Hace tiempo, la educación era problema de casa y la instrucción escolar problema de la escuela. Punto final. Ya no. ahora los padres quieren que al retoño se le eduque en la escuela… pero… ¿y la instrucción? ¿Esa, la que debe impartirse en las aulas, dónde la van a obtener?

Ha surgido de pronto una industria que va viento en popa y en la que muchos de mis amigos maestros están inmersos: las clases particulares.

Desde siempre, los políticos, los artistas y sus hijos, han disfrutado de maestros particulares para sacar adelante sus estudios. De pronto, ahora, todos los estudiantes buscan un maestro particular que les ayude a entender matemáticas, español, historia y en suma, un poco de cada una de las materias. Pero no crea usted, mi querido lector, que se agota en la educación primaria, de ninguna manera. Los alumnos van desde primaria, secundaria, bachilleres hasta profesional y posgrado.

El alumno lo mismo busca el apoyo del docente particular para las materias de primaria que para las de posgrado. Es la nueva realidad.

Claro, como docente está uno atento para ayudar al joven. Como mexicano preocupado por la situación actual, veo con tristeza que hayan de buscar ese apoyo fuera del aula, cuando son cuestiones que ahí deberían obtener.

Como maestro de posgrado que soy, me he encontrado de pronto con alumnos que confunden la gimnasia con la magnesia y que no son capaces de resolver una regla de tres simple, por la simple razón de que ignoran qué es eso.

Los acentos. Ese tema pareciera tabú. Como que cuando les debieron haber enseñado la forma de acentuar las palabras, los alumnos se negaron a aprender y de ahí, que lean, escriban y pronuncien cada barbaridad…

Física, química, matemáticas, ciencias sociales, español y todas las materias tienen maestros excelentes, que en el aula siempre han dado lo mejor de sí. Sin embargo, el alumno de ahora como que no quiere batallar, está muy entretenido en la red, tanto en Facebook como en Twitter, Instagram y todos los demás distractores que les impiden concentrarse a la hora de clase.

Claro, al día siguiente ellos mismos les piden a los padres o de manera directa, buscan al maestro que los reciba en su casa, que vaya a la del alumno o que se vean en un lugar neutral, para completar los cursos.

El remedio es bueno. Muchas veces el estudiante necesita reforzar de manera particular lo que ha visto en el salón. Pero la verdad, ahora como que están abusando de los preceptores particulares.

Lo interesante, es que exista la voluntad de aprender. No importa que no sea dentro del salón de clases. Ojalá hubiera muchos más con el ánimo de saber. Y que existamos maestros dispuestos a atender a los alumnos.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.