jueves, 18 de junio de 2009

San Pedro Garza García y los candidatos del P.R.I.

Ervey Cuéllar Adame, de Vertebra, hizo llegar las invitaciones de rigor y comparecimos los suficientes para escuchar, con bastante interés, cuando menos de mi parte, a los candidatos del Partido Revolucionario Institucional a los cargos de Diputado Local, Diputado Federal y Alcalde por San Pedro Garza García, el llamado municipio modelo de nuestra patria.

Lo primero que llamó mi atención, abierto y receptivo a tratar de captar detalles, que son los que dan forma a las formas, fue que antes de la hora fijada para el desayuno-conferencia, las ocho de la mañana, llegó saludando de mano, muy contento, afable y dispuesto, Francisco Gutiérrez, candidato a Diputado Federal por el Distrito I, seguido apenas unos metros atrás por un hombre en el que se adivinan la seguridad y aplomo de lo que dice, Don Felipe Zambrano Páez y luego, como partiendo plaza, Juan Carlos Pérez Góngora, que por lo que escuché, ha ocupado todos los puestos del catálogo de funcionarios.

Los tres, con trayectorias de vida muy completas y con amplio conocimiento de a lo que van.

Uno de mis compañeros de mesa, de quien me reservo el nombre, lo primero que me dijo fue: es hijo de Paco, que fue diputado hace tiempo y fue bueno. El muchacho es bueno. Con eso, sentenció lo que la vox populi ha dicho: el hombre va forjando su vida en base a sus acciones y a Francisco, las de su Padre, le han allanado el camino.

Y empezó el evento. Por esas cosas de la vida, a Francisco se le empalmaron dos, por lo que en uso de su capacidad de negociación, pactó con los otros oradores para ser él el primero en dirigirse a la audiencia.

Dijo cosas que por lógicas, parecen verdades de Perogrullo pero que si se aplicaran, serían capaces de cambiar el rumbo de la cosa pública.

Hizo ver que tal como ha visto hacer en otras latitudes, al proponer un cambio legislativo, habría de hacerlo soportado en legisladores de su partido, obvio, pero también, en los de los partidos de enfrente, para que de esa manera, el beneficio fuera para México, no sólo para dar lustre a quien lleve la propuesta. Es decir, que sus propuestas fueran bipartidistas o pluripartidistas, para tener asegurado el triunfo.

Lo demás no lo dijo, lo digo yo. Al final, siempre se sabe de quién son las propuestas.

Criticó duramente al Secretario del Trabajo por no hacer su trabajo, que es luchar por conciliar y mejorar los intereses de la clase menos favorecida de la relación laboral. Dijo que su impericia es tal, que él le entregó un proyecto, lo comentaron, le indicó que la siguiente semana se discutiría y hasta la fecha sigue esperando. Lo hizo en tiempos en que se desempeñaba para CAINTRA en el proceso legislativo.

Además, propuso ser él el puente entre su partido, el Revolucionario Institucional, con los demás partidos. Creo que sabe de lo que habla y estimo podría hacerlo bien. Dio suficientes argumentos como para tomarlo en serio. Y es una propuesta que no había escuchado antes.

Hizo más comentarios, recibió preguntas y salió airoso. Es muy buen candidato.

Acto seguido, se levantó Felipe Zambrano y lo primero que dijo me cimbró: estoy aquí porque estoy harto de los políticos. Créame que me identifiqué con él desde el primer momento.

Yo también, siento, sé, me consta, que aquél que ha recibido una instrucción que le permita hablar por el que no tiene voz, tiene el compromiso moral de hacerlo. Yo por eso escribo.

Pero no sólo escribiendo es como se logra influir en la sociedad. Se debe participar en la forma en que la hace Felipe Zambrano, que se molesta cuando le dicen Don Felipe, como queriendo negar que el Don es un título de respeto que se gana, no se pide.

Me identifiqué también, pues dijo que hay hambre en el pueblo, que hay irritación social y que la gente está molesta con los políticos. Y vaya que tiene razón.

Fue mi pregunta al momento en que nos permitieron el uso de la voz: ¿Qué piensa hacer para convencer a la gente que ha dicho que no va a votar, por estar harta de los políticos? ¿Cómo piensa motivarla a que salga a votar y además, que lo hagan por Usted?

Se voltearon a ver los del presídium y surgió la respuesta: haciendo ver que nuestras intenciones son serias, que estamos capacitados para gobernar y legislar y que somos de aquí, estamos aquí y aquí vamos a permanecer.

Felipe Zambrano incluso dio su domicilio particular y dijo: ahí he vivido siempre y ahí los recibo el día que quieran. Eso es tener compromiso. Vale la pena escucharlo.

Siguió el turno de Juan Carlos Pérez Góngora, un personaje local a quien he visto, por los medios de comunicación, desempeñar diversas funciones y encargos.

Sin embargo, fue más allá de lo que yo pensaba, cuando dijo que él se había preparado desde hacía tiempo para gobernar, para dirigir los destinos de San Pedro, que tenía ya organizado lo que correspondía hacer e incluso, que ya tiene avanzado el presupuesto del próximo año, para hacer lo que se ha propuesto.

Y vaya que es ambicioso el señor.

Quiere pasos a desnivel por aquí, calles muy grandes por allá, muchos millones para drenaje, obra que sé es de lo más necesario pero que a los gobernantes no les interesa pues sólo causa molestias mientras se hacen y al concluir los trabajos, nadie se acuerda que debajo de la calle están enterrados los tubos que permiten a la ciudad estar en paz y no inundarse cuando llueve. Nadie agradece las obras de drenaje, pero el día del agua, si no se hicieron, omito mencionar de quién se acuerda la gente.

Habló incluso de que necesitaría un mil ochenta y cuatro millones de pesos, no sé cómo llegó a esa cantidad, pero dijo que ya tenía avanzadas las negociaciones para conseguirla, precisamente para usarla en obra pública.

Se me pasaba comentar que cuando empezó su disertación, muy propio, con equipo moderno de proyección, lo que implica pensar que está acostumbrado a trabajar con lo mejor, su propuesta estaba en color verde de fondo, algo que a mí, en lo particular, me gustó, recordando que el verde es el color de la esperanza y el verde, según los que saben de eso, es signo de querer hacer las cosas bien. Por eso hay esperanza.

Habló de calidad educativa y de cómo piensa lograrla; se refirió a la cuestión deportiva y claro, sus metas son increíbles: quiere llevar a los niños de San Pedro, a las Olimpiadas. Nada más, pero nada menos. Es más, no veo por qué no.

Dijo muchas otras cosas más, pero hubo una que me impactó, precisamente por el trato que en lo personal, he tenido con policías de diversos partes de nuestro país, porque sé, de cerca, lo que son la policía y sus familias, porque he visto actuar, dentro de la ley y fuera de ella, a personal de la policía.

Dijo que iba a ofrecerle personalmente a cada uno, una amplia variedad de estímulos, mejores sueldos, créditos para casas, parques, becas para sus hijos y muchas cosas más. Casi podría decirse que lo de siempre.

Lo diferente fue, que dijo que esas promesas habrían de hacerlas frente a la esposa e hijos del policía o frente a sus padres, en caso de los solteros.

Que el compromiso de los policías sería, no con San Pedro ni con su Alcalde, si no con su propia familia.

Creo que los valores de un hijo o de un esposo o de un padre, cuando tienen en la mente a su familia, se conservan más claros, más firmes, más arraigados.

Creo que encontró un filón que si lo sabe usar, habrá de cambiar la fisonomía de sus guardianes del orden.

Debemos recordar que el policía es el primer contacto del ciudadano con el gobierno y que de la impresión que cause en éste, será lo que se pueda avanzar.

Si la gente confía en su policía, en su gobierno, se podrán hacer muchas cosas.

Eso es lo que necesita México. Y eso es lo que ofrecen.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
www.mexicodebesaliradelante.blogspot.com/


Monterrey, N.L., junio de 2009.

martes, 16 de junio de 2009

Salario: su importancia y alcances

Salario es un término que tiene su origen en la Roma antigua, en que se cubría con sal el pago a algunos empleados que realizaban labores genéricas, generalmente de clase muy baja, de ahí el nombre de salario o salarium para designar el pago hecho a quien presta un servicio personal subordinado.

Es importante destacar que también existían los términos merces, que era el pago a aquellos que arrendaban su fuerza para ponerla al servicio de un patrón, generalmente para casos bélicos, de ahí el nombre de mercenario con que aún se designa a quienes se alquilan para librar batallas ajenas.

También y de no menor importancia, existía el pago mediante honorarium, que era el que se le otorgaba a los que alquilaban su capacidad intelectual, ya como escribientes, ya como peritos en alguna materia o simplemente, cuando el patrón decidía dejar en otras manos algunas labores que requirieran el uso de inteligencia. Ahí nació el nombre de honorarios de los actuales profesionistas.

Hechas las anteriores aclaraciones y considerando que en la actualidad el artículo 82 de la Ley Federal del Trabajo describe al salario en los siguientes términos: “Salario es la retribución que debe pagar el patrón al trabajador por su trabajo”, tenemos entonces que nuestra legislación laboral no señala diferencia entre la forma de nombrar lo que se deba pagar al obrero y al empleado de cuello blanco, por lo que usaremos, para efectos prácticos, el término salario como el genérico cuando de definir el pago que el patrón le hace al empleado por la prestación de sus servicios y por el tiempo puesto en favor del propio empleador.

Ahora bien, ¿cuál será o más bien, cuál deberá ser la importancia del salario?

Existen muchas teorías, desde la bíblica que ordena al hombre que “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, es decir, que limita los esfuerzos sólo en cuanto sea necesario para la alimentación, hasta la de tipo marxista que indica que el salario es sólo para la supervivencia del trabajador, pues el patrón se queda con la plusvalía derivada del esfuerzo del obrero o bien, la más moderna que indica que el salario debe ser remunerador, entendiendo por esto, aquél salario que le permita al obrero vivir de acuerdo a las necesidades suyas y de su familia, con el decoro y dignidad correspondientes.

Sin embargo, Usted y yo sabemos que los salarios se alejan mucho de lo que deben ser. Tal vez, sólo tal vez, algunas cuantas empresas paguen salarios que le permitan al obrero vivir dignamente y tener para disfrutar de la tranquilidad que da saber aseguradas las necesidades básicas de la familia, incluso, con algún pequeño lujito de vez en cuando.

Pero la inmensa mayoría de las empresas busca que los salarios, que para el obrero son la única fuente de ingresos o la principal, la forma de llevar comida y bienes a su casa, mientas que para la empresa son tan sólo uno más de los “gastos fijos” o de los “costos de producción” y por ende, procuran disminuirlos para tener una mejor y mayor ganancia, decía, los salarios han de estar en el nivel que le permita al empresario obtener el máximo de utilidad por el capital que tiene invertido.

Ahora bien, vamos a suponer que ya hubo cruentas luchas por lograr salarios mínimos, jornada máxima, vacaciones, aguinaldos, horas extras y demás prebendas que algunos obreros cobran. Vamos a suponerlo.

Ya en ese plano, tenemos que el patrón está obligado a pagar un salario por los servicios que le presta el trabajador y éste, está obligado a desempeñar diversas funciones para las que está o debería estar capacitado.

En el juego de –te pago, trabajas y me pagas, trabajo-, lograr el punto de equilibrio o justo medio, en el que ambas partes se sientan satisfechas con lo que obtienen a cambio de lo que dan, entran una serie muy amplia de factores.

El patrón sabe que necesita productividad, es decir, que quien cobra un salario produzca lo suficiente como para que el costo del mismo sea aceptable en el índice del costo global del producto y el obrero, necesita que el pago que reciba, compense el desgaste físico del día a día así como que sea suficiente para arrimar a su casa los satisfactores necesarios.

Eso es todo.

¡¡¡Es tan fácil!!!

Sin embargo, conscientes de que lo que buscan no es lo que obtienen, existe el juego de –hago como que trabajo y tú haces como que me pagas-, lo que indudablemente provoca resentimientos, resquemores, odios y demás sentimientos que quedan cuando el obrero se siente y se sabe defraudado por el patrón, así como el patrón se siente herido pues el empleado no desquita el sueldo que tiene asignado. Ese es el error.

Entonces, a un sueldo de, digamos, cien pesos diarios reportado ante el Instituto Mexicano del Seguro Social y la Secretaría de Hacienda, para los casos de embargo de salarios por pensiones alimenticias y demás efectos legales, salario con el que le cubren incapacidades, liquidaciones y todo lo que jurídicamente sea requerido, el patrón, según para ayudarle a Usted, le paga por separado bono por asistencia perfecta, ayuda para despensa, incentivo por buena conducta, soporte para transporte, auxilio para renta, vamos, un sin número de ayudas que a la larga, convierten su salario de cien pesos en uno superior a los doscientos o trescientos o más aún.

Sin embargo, ahí encontramos lo que, en una correcta técnica jurídica, podríamos denominar “fraude legal”, pues el patrón está eludiendo el pago de impuestos, apoyado por contadores y seudoabogados o tinterillos o leguleyos, total, cualquiera de los epítetos es poco para describirlos, que según por ayudar al patrón le dicen que es correcto disfrazar los sueldos mediante figuras ajenas al recto derecho laboral.

Igual, aquél picapleitos que le dice al patrón que haciendo firmar al empleado “carta de renuncia”, obviamente nula según lo establecido en el artículo 33 de la Ley Federal del Trabajo, va a liberarse de las responsabilidades de las funciones desempeñadas por el obrero, cuando lo cierto es que la única renuncia válida es la que se celebra ante el personal jurídico de la Junta, ya local, ya federal, según la competencia procesal, siempre y cuando se cubran una larga serie de requisitos. Lo demás, es bordar en el vacío.

También, debemos considerar que mientras para el patrón, el salario a cubrir es sólo otra de las obligaciones patronales a que está sujeto, para el obrero, el salario lo es todo. Es la paz de su casa, es el alimento de sus hijos, es la seguridad de pagar la renta, el gas, la luz, los servicios básicos, de proveer de todo lo necesario.

De ahí nació la expresión: “los salarios son sagrados”, que cualquier patrón de medio pelo, ya no uno profesional de verdad, conoce y acata a plenitud, siempre.

Por eso, cuando a Usted, mi querido lector, le suspenden el sueldo según porque “el que firma no llegó; no se juntó lo de la raya; no salió la nómina a tiempo; o vamos, cualquier otra excusa boba como esas, Usted como patrón queda sujeto a las responsabilidades laborales que le corresponden pero además, existe tipificado como delito la falta de pago de salarios y otros supuestos de similares características, según se desprende de lo que indica el artículo 1004 de la Ley Federal del Trabajo, que textualmente reza:

Artículo 1004. Al patrón de cualquier negociación industrial, agrícola, minera, comercial o de servicios que haga entrega a uno o varios de sus trabajadores de cantidades inferiores al salario fijado como mínimo general o haya entregado comprobantes de pago que amparen sumas de dinero superiores de las que efectivamente hizo entrega, se le castigará con las penas siguientes:
I. Con prisión de seis meses a tres años y multa que equivalga hasta 50 veces el salario mínimo general, conforme a lo establecido por el artículo 992, cuando el monto de la omisión no exceda del importe de un mes de salario mínimo general del área geográfica de aplicación correspondiente;
II. Con prisión de seis meses a tres años y multa que equivalga hasta 100 veces el salario mínimo general, conforme a lo establecido por el artículo 992, cuando el monto de la omisión sea mayor al importe de un mes, pero no exceda de tres meses de salario mínimo general del área geográfica de aplicación correspondiente; y
III. Con prisión de seis meses a cuatro años y multa que equivalga hasta 200 veces el salario mínimo general, conforme a lo establecido por el artículo 992, si la omisión excede a los tres meses de salario mínimo general del área geográfica de aplicación correspondiente.
En caso de reincidencia se duplicarán las sanciones económicas a que se refieren cada una de las tres Fracciones de este Artículo.

Es decir, está tipificado como delito pagar cantidades inferiores al mínimo o recabar recibos por cantidades superiores a lo formalmente entregado.

Es tanta la preocupación del legislador por evitar ese tipo de situaciones, que protegió al trabajador de los abusos del patrón, señalando los delitos indicados.

Además, está la conciencia.

Nadie, que se precie de tener dignidad, va a suspender los salarios del obrero, sabiendo que se hace acreedor a la aplicación, en su contra, de los medios de control informales que la propia sociedad establece y que incluye, entre otros, el repudio, rechazo y marginación de los demás sujetos de la relación laboral.

Privar del salario devengado al trabajador, así sea por un solo día, debería ser considerado como falta grave o gravísima del patrón, pues mientras éste está en posibilidad de sacar adelante su negocio, pagando los intereses o gastos a que haya lugar, lo que se pone en riesgo, en el caso del obrero, es su propia subsistencia. No existe parangón entre ambos bienes jurídicos a tutelar.

Esa es la diferencia en la importancia y alcances del salario. Para uno es un costo más. Para otro, sólo la vida misma.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
www.mexicodebesaliradelante.blogspot.com/


Monterrey, N.L., 14 de junio de 2009.

domingo, 14 de junio de 2009

Remembranzas

“La reunión está señalada para las catorce horas del sábado trece de junio de dos mil nueve, a celebrarse en la Quinta ubicada en calle…” Para mí, esa notificación fue suficiente.

Lo comenté con mi esposa y tomamos las providencias del caso. Hicimos lo necesario para tener la tarde libre y nos trasladamos al lugar donde habríamos de reunirnos los que en agosto de mil novecientos setenta y seis ingresamos a la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Nuevo León a buscar forjarnos un futuro como abogados, como profesionales del Derecho, muchos de nosotros sin saber a ciencia cierta qué era lo que esperábamos de la vida.

Conste, he nombrado a mi Facultad con su nombre, con el que conocí, amé y sigo amando, a la Escuela en la que aprendí los rudimentos y mucho de lo fino del Derecho, el lugar donde quedó una etapa de mi vida que sólo puedo calificar como exquisita.

Ahora, con edificios nuevos, con pasillos en los que no se puede hacer lo que hicimos y acostumbramos, la veo distinta, pero sé que en el fondo, en los ladrillos que toqué, palpé y disfruté, se anidan por siempre los sueños míos y los de muchos yo que ahí crecimos. Dije muchos yo, no muchos como yo. Lo digo porque nos hermanamos hasta tal punto, que nuestros caminos se han mantenido paralelos y siempre juntos. Todos éramos un solo yo.

Total, los que ingresamos a mi Escuela, los de mi generación, nos reunimos.

Hubo de todo. Uno que al día siguiente habría de participar en un triatlón, que no entendí qué es eso, pues creo que no incluye tomar cerveza, hasta otro que ha concursado para ser Juez y la que contó sus vivencias como madre.

Óscar, gentil y caballeroso como siempre, fue quien me convocó. Marco, el anfitrión, sí se ve distinto a mis recuerdos, pero bueno, treinta y tantos años después, casi ni se le nota. Franco, se comportó haciendo honor a su apellido. Chago, que se nota que disfruta la vida. Mi tocayo, contando unos chistes que de largos, merecían haber sido mejores.

Estaba también Lacho, que según entiendo ahora es un muy importante abogado de empresa, pero que ahí, aguantó “la carrilla” de la raza. Contaron también de uno que es abogado en Moscú, otro en París y otros en lugares que no conozco ni de oídas.

Las muchachas, guapas y hacendosas, como siempre y además, como las recuerdo.

No quiero decir, por caballero, quién de los presentes estaba que no podía mover la espalda, lastimada al tender una cama, según confesión expresa y espontánea del deponente, explicación que no satisfizo a ninguno de los asistentes a pesar de su insistencia en sostener su versión.

Fue tachado su dicho y obvio, fue juzgado por los presentes en términos de ley, de forma sumarísima, pese a sus reiteradas protestas. No valieron sus objeciones.

Pero, ¡Ay de aquellos que desoyeron la convocatoria! Su fama pública y buen nombre quedaron sujetos al juicio del recuerdo y por supuesto, los apodos, las chanzas y bromas y además, los pormenores de yerros, de exámenes y demás, siempre frescos cuando uno no es el protagonista, fueron expuestos ante la carcajada de los contertulios.

Conforme a la definición jurídica de quórum, hubo el necesario para que las determinaciones de la asamblea fueran consideradas válidas y ahí, se tomaron varias que espero habrán de incidir en el rumbo del quehacer de más de uno.

Entre ellas, se emitió convocatoria para una nueva reunión y se señaló el domicilio social donde habrá de celebrarse el evento. Los interesados, favor de comunicarse con el suscrito o con Óscar, que con ese solo dato es suficiente para ubicarlo.

No se puede publicar el lugar, pues podría exceder el número de concurrentes a los que se debe convocar.

Hablamos de los Maestros, recordando anécdotas de uno y otro, pero sí me fijé, con mucho detenimiento y eso, sólo para contárselo a Usted, aquí en privado, que ninguno habló mal de los Maestros. Eso habla muy bien de su función y desempeño y además, refleja lo que en las aulas aprendimos. Respeto y cariño hacia el Dr. Montemayor, a mi Maestro Marco Antonio Valenzuela, a Don Alejandro Garza Delgado, que nos daba Derecho Romano a las siete de la mañana, a todos, de todos, por todos, hubo las mejores expresiones.

También, se habló de los que nos han sacado ventaja en el viaje sin retorno, esa fue la parte triste. Pero en fin, la vida sigue. Y uno va sembrando en vida para que los que se quedan, cosechen en nuestro nombre. Del que sembró afecto, se recogió amor. Del que sembró discordia, se recogieron tempestades.

Cayó la noche, nadie hacía caso a la música pese a que estaba apenas audible o precisamente por eso, pues la charla la opacaba. Nadie hacía caso a la carne asada, que en otras partes es la principal protagonista y ahora, sólo sirvió para poder seguir con más fe y entusiasmo en la tertulia.

Hubo poco alcohol. ¿Para qué, si embriagarse de recuerdos es la mejor forma de hacerlo?

Hubo sueños que aún no cristalizan pero que vamos por ellos. Y sí, yo soy materia dispuesta.

Faltaron muchos, esperamos que la siguiente notificación surta efectos en términos de ley y todos comparezcan, sin hacer valer defectos o vicios del procedimiento ni tampoco, se hagan valer recursos que serán desechados de plano y sin ulterior instancia.

Para eso tenemos un tribunal formado por los comparecientes, que no debe sujetarse a formulismos pero que resuelve a verdad sabida, buena fe guardada y apreciando los hechos en conciencia y por supuesto, sin que proceda queja alguna en contra de las determinaciones asumidas.

Los asistentes, quedan absueltos.

Los ausentes, serán condenados.

Un abrazo a todos.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
www.mexicodebesaliradelante.blogspot.com/


Monterrey, N.L., 14 de junio de 2009.

miércoles, 10 de junio de 2009

Un regio fin de semana.

Serían un poco más de las nueve de la noche, hora perfecta para seguir una tarde de romance. Llegamos al Restaurant-café Tenerías, ubicado en el corazón del Paseo Santa Lucía, en Monterrey y lo primero que hice, fue comprarle una rosa a la dama que me acompañaba. Ella agradeció el detalle y yo, me sentí cada vez más, un nuevo Casanova.

Los muchachos de las guitarras, dos ellos, empezaron a rasgarlas y sacaron notas que según son de Pedrito Fernández, a quien por cierto admiro, pero que yo sé pertenecen a La Revolución de Emiliano Zapata, grupo de rock de hace muchos, pero muchos años. No digo cuántos por que van a empezar a hablar mal de mí y ando de muy buen talante. Una canción suave, con mucho sentimiento y que invita a abrazarse.

Y siguieron tocando. Pedí “Y tú de qué vas” de Franco de Vita y me complacieron. Obvio, mi acompañante ya volteaba a verme con unos ojitos que sólo pueden ser de amor.

Cantaron muchas otras canciones de muy buen corte, pero me quedaron mal con los poemas de Benedetti, que siempre me han servido para conquistar afectos. Ni modo. La vida no es perfecta.

Pero la mesera que nos atendió, cuando le dije que la botella de cerveza estaba rota, supo inmediatamente que así era yo y me dijo, a la misma velocidad del rayo, que no me preocupara, que tenía una bodega llena de botellas y hasta que saliera una buena. Creo que el que se quedó corto fui yo.

Aquella cena, que por cierto fue de lujo a muy bajo costo (eso no lo debería de asentar) era la parte que seguía, obligada, a haber disfrutado del paseo en las lanchitas del Canal de Santa Lucía, que según me acabo de enterar ya tiene tiempo de estar funcionando pero que yo, que me creo un hombre muy ocupado, no había podido conocer.

Y la verdad, ¡qué paseo tan agradable! ¡Qué relajante y maravilloso es estar en la tarde, sintiendo el agua que te cae, suave, como acariciándote, tomado de la mano, yendo de novios!

Lo que pasó ese día fue que tuve examen en la universidad y claro, yo disfruté, viendo las caras de los que estaban presentando, pues la materia parece muy árida y lo es, cuando no la has conocido. Pero ya de cerquita y viendo los conflictos humanos y estudiando a los señores que han estudiado a la humanidad, como que le agarras gusto. Tanto, que hasta hay carrera de Sociólogo y Daniel mi hijo eso está estudiando.

Por supuesto, las caras eran de satisfacción pues la cantidad de los que sacaron diez de calificación superó con creces a los de nueve, de ocho no hubo y creo que el siete fue para el que nunca fue.

Además, ya habíamos salido de ver la exposición que está en MARCO, el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey y que está dedicada a los monitos esos de películas como Toy Story, Bichos, Monsters Inc., Cars y no sé cuantas más. Además, es la empresa de Steve Jobs, el creador de muchas de las más importantes empresas del mundo actual.

Me tomé foto con el carrito rojo, con la grúa que tiene unos dientotes, con el monstruo azul de pelo largo y con otros de los muchos y excelentes protagonistas de las películas animadas que se supone son para niños pero que los papás disfrutamos también.

Y claro, otra de las razones para habernos ido de novios, fue que los hijos se habían ido a la Ciudad de México, a escuchar a unos gritones de esos que parece que se les va a caer la cabeza y por los que pagan unas fortunas. Al menos, así lo siento yo. El grupo que fueron a ver es uno de fierro o lámina o algo así entendí, pues dijeron que era Metálica o como se escriba.

Y regreso a lo del romance. Estábamos solos en un lugar lleno de gente. La música era para nosotros, a pesar de que otros también aplaudían. Las atenciones y los guiños, eran sólo entre nosotros, no compartidos. Y la luna, como contenta de vernos o tal vez para vernos, se dejó crecer hasta que ya casi no cabía en el cielo. Igual que mis sentimientos.

Y luego, agotados de haber caminado, de ir tomados de la mano por el Paseo Santa Lucía, llegamos a Tenerías. Nos habían explicado que el nombre viene desde los principios de la ciudad, cuando el barrio era habitado por los que se dedicaban a manejar el cuero como industria, de donde toma su nombre y que por cierto, tiene evocaciones como de película de amor, de romance, vamos, de estar a gusto.

Ya cansados, pues a las seis y media de la mañana había salido de casa con José y Daniel, además de Fernando que llegó a dormir con ellos para acompañarse en el trayecto a México, a las nueve el examen, a las seis el Museo, a las ocho las lanchitas, la cena todo lo demás y sólo faltaba llegar a casa, pero no solo, como cuando andas de novio, si no acompañado de la que me ha acompañado los últimos veintitantos años. Ya son tantos, que creo toda mi vida ha sido así. Creo que no recuerdo aquellos lejanos tiempos en que fui soltero.

De lo que sigue ni la luna se enteró. Se ocultó, pudorosa como es.

Pero la levantada el domingo fue casi a las doce del día y a seguir trabajando y algo más de lo mismo. Que lava el carro, que revisa exámenes y trabajos, los del día anterior, que prepara todo para ir por los niños, que por cierto ya están más altos que yo o al menos eso creen y todo lo demás. Es más, la luna se ocultó por completo y dejó al sol, que se cobijó con unas nubes para no enterarse de lo que sucedía en la tierra.

Y sí, el fin de semana fue de lujo.

Vale la pena hurgar en nuestras ciudades para encontrar la magia de andar de paseo. Para reencontrarnos con nosotros mismos y con nuestra gente.

Vale la pena querer buscar lo bueno de lo que tenemos y no sólo ir buscando yerros y tildando a los demás de malos, de corruptos, de faltos de amor a México, cuando ellos dicen lo mismo de nosotros, pues ni ellos ni nosotros hacemos todo lo que al país le conviene.

Créame, nuestras ciudades tienen tantas cosas que ver y que vivir, que vida nos ha de faltar para conocerlas. Además, visitarlas ahora, es darle un voto, el más importante, a México, nuestra patria.

Piénselo.

Vale la pena.

Me gustaría conocer su opinión.

José Manuel Gómez Porchini.

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
www.mexicodebesaliradelante.blogspot.com/


Monterrey, N.L., 09 de junio de 2009.

domingo, 7 de junio de 2009

Del valor de la amistad.

Nota publicada en El Porvenir el pasado 06 de octubre de 2005.

Toma actualidad pues acabo de saludar a un
excelente amigo de Chihuahua y
como homenaje a su gente que siempre
me ha tratado con grandes deferencias.


Acabo de tener el privilegio de estar en la muy bella ciudad de Chihuahua, capital del estado del mismo nombre. Es grato descubrir que existe en el ánimo de sus habitantes, el culto por la amistad. Y al respecto, debo hacer saber que no es la primera ocasión que visito dichos lares.

En todas y cada una de mis visitas, he tenido la misma sensación: ser bien recibido, sin poses ni falsedades, es decir, se siente la voluntad de ser anfitriones, de mostrar, sin pretenderlo, que provienen de noble cuna.

Inclusive, las tardes plomizas que pronostican la lluvia, por cierto muy escasa es esas latitudes, y el hecho de que la promesa del cielo se cumpla, despiertan en sus pobladores el ánimo jovial de quien recibe un regalo, el mejor regalo: la vida, en forma de agua. Los vi alejarse del grupo, con tal de observar la forma y cantidad de la tormenta. Parecían niños chiquitos, entre ellos, Manuel, el socio.

Esa misma disposición a mostrar su camaradería, a externar su regocijo por las gotas de agua, se siente en todos y cada uno de sus actos.

Quiero agradecer, por tanto, que han recibido a mi amigo Arnaldo, quien fue en pos de Dulcinea, cual quijote moderno, abandonando su tierra natal, con la misma actitud de quien ha estado esperando al hijo, al hermano, al ser querido: con los brazos abiertos y la mano extendida. Han recibido a Arnaldo, de quien tengo el honor de que sea el padrino de mi pequeño Daniel, con los brazos abiertos.

Que conste: yo lo encargué con Hugo, que me recibió en su casa y me atendió antes de conocerlo. Lo demás lo ha hecho la afabilidad de la gente de Chihuahua.

Platiqué en la mesa del café, con Omar, Diputado, que todo pundonor me atendió con la actitud ya descrita. Conversé con Omar, ejemplo de los jóvenes de Chihuahua, quien ha emprendido un negocio viento en popa, sin más capital que su juventud y entusiasmo. Tuve la oportunidad de conocer a Julio, que parece ser el dueño de cuando menos la cuarta parte de Chihuahua, pero que se comporta como si todo lo que tuviera es su mano abierta, su atención dispuesta y las ganas de emprender nuevos negocios, como Omar, pero resulta tener una fortuna a cuestas.

Me recibieron los demás muchachos, Roberto, el Comandante, y muchos más, que aún cuando algunos, como yo, ya ni siquiera recuerdan lo que es la juventud, como si siempre hubiera sido integrante de la mesa del café.

Me hicieron recordar mi tierra natal, Ciudad Victoria, y a los amigos que ya se adelantaron en el viaje sin retorno. Traje a mi actualidad, los amigos que hemos dejado en las tierras que hemos estado, mi familia y yo: a Toño y Arnaldo viejos, en Victoria, junto con Oscar, la comadre Gladys y mi amigo Sergio, Gaby, la mamá de Rodolfito, que ya debe andar por los 17 años, y tantos, que no alcanzo a enumerar.

Me hicieron recordar a los muchachos de la cuadra en Reynosa, Don José y Doña María, que cumplieron 50 años de casados cuando los conocimos, y que nos cuidaron como de la familia. Don Emilio, que ya había cumplido 30 años de jubilado, pero que tuvo fuerzas para auxiliarme cuando lo necesité. He estado recordando a Alberto, joven pasante entonces, ahora una realidad como abogado; a mis alumnos, que siempre me han distinguido con una amistad que aún perdura.

Me faltaron mi esposa y mis hijos, para que pudieran ser partícipes de mi entusiasmo al encontrar tanta gente tan bonita. Vine a trabajar y ellos están en clase. La distancia aviva los recuerdos pero el amigo nos hace sumergir la nostalgia en un arcón oculto, que sólo reaparece en la soledad.

Me entrevisté con Autoridades, esa era mi función. La verdad, ojalá todos los servidores públicos, los que Usted y yo pagamos con nuestros impuestos, estuvieran siempre dispuestos como lo están los de Chihuahua. Atendí audiencias, presenté promociones, en suma, hice mi trabajo.

Pero sobre ello, quiero destacar la amabilidad de la gente. Todos dispuestos. Vamos, es impresionante cómo los automovilistas hacen alto total en los cruces de peatones y esperan a que el viandante complete su camino. Eso, podrán decirme, es educación. Yo lo siento más como un afán de respetar a los demás, que a la larga, eso es la educación.

Entonces, trato de recapitular: ¿cuál es la diferencia? Yo mismo me respondo, que por el sólo hecho de estar en una ciudad orgullosa de sus raíces, que proclama a Villa, que luce sus galas de diario, no sólo "para cuando venga gente", sus pobladores se encuentran dispuestos a estar en paz. No los presiona la prisa, ni los pendientes, ni "el quehacer". Lo hacen, a la perfección, pero reservando el mejor de los tiempos a prodigarse como amigos. Ahí es donde encuentro la diferencia. En la capacidad de querer ser amigos.

Y fíjese bien, trato de resaltar el verbo querer, pues lleva implícita la voluntad de hacer las cosas, no la obligación. La disposición del ánimo para atender a los demás, para escuchar, aún cuando el comentario ya sea conocido, el estar pronto a agasajar a los demás, fundamentalmente brindándose todos, completos, es la razón de la actitud.

Para que pueda surgir la amistad, así como el odio, se necesitan dos. Uno, somos nosotros. El otro, en este caso, lo es la gente de Chihuahua. Pero esa debería ser la regla, no la excepción.

¿Podrá Usted, caro lector, estar dispuesto a extender su mano, para recibir, ya no al que viene de lejanas tierras, si no a su vecino? ¿Tiene Usted la disposición de ánimo necesaria para gozar de la lluvia, para disfrutar a sus hijos, para extasiarse con una puesta de sol en nuestras montañas tan regias?

Ojalá. Vale la pena.

Me gustaría conocer su opinión.

Comentarios: josegomezporchini@yahoo.com

http://www.elporvenir.com.mx/notas.asp?nota_id=31795

miércoles, 3 de junio de 2009

Para hablar como abogado.

A los miembros del Proyecto San Nicolás,
con la ilusión de que conserven la ilusión que ahora tienen.

José Manuel

En la antigua Roma, el término libelo significaba, según Juan Palomar de Miguel y la mayoría de los tratadistas serios en Derecho Romano, “Escritura o instrumento con que en lo antiguo el esposo repudiaba a la esposa y dirimía el matrimonio”, es decir, libelo es una palabra que describe un escrito de suyo soez y ofensivo, pues implica repudiar, hablar mal de la esposa para obtener el divorcio o anular el matrimonio.

Sin embargo, los cambios en el uso de las palabras quitaron lo restringido al término y ya no sólo es para repudiar a la esposa, ahora se le aplica a cualquier escrito que sea vulgar, corriente, grosero, que difame, que denigre, vamos, que ofenda.

Por eso, el día que una autoridad se refiere a los escritos de los litigantes tildándolos de “libelo”, según porque el escribiente trata de hacer valer sus “doctos” conocimientos del lenguaje, ese día el abogado está en plena libertad de acudir a la instancia superior a exigir que la autoridad no se burle, no haga mofa ni ofenda los esfuerzos del litigante.

Por eso también, da mucha pena ver que una persona que se supone tiene la obligación de conocer el origen y significado de las palabras, se refiera a sus propios escritos diciendo: “mediante el presente libelo vengo a…”, pues está calificando como escrito grosero, ofensivo, a su propio texto.

Y conste, lo he visto.

Ahora vamos a tratar de definir la importancia de conocer tanto los principios generales de derecho como las locuciones latinas, para poder conformar un verdadero léxico jurídico que nos permita, como profesionales del derecho, poder estructurar un discurso de tal manera que resulte claro, lógico, entendible, soportado en verdades ya dilucidadas por los tiempos y además, que nos permitan alcanzar la maestría en lo que estamos haciendo.

La inmensa mayoría de los principios generales de derecho que utilizamos en nuestra familia jurídica romanística, provienen precisamente de los tiempos de la Roma antigua y por ende, se encuentran redactados en latín.

También, la mayoría de las figuras jurídicas que utilizamos encontraron su forma de ser en la antigua Roma y lógico, se formularon en latín, habiendo sido ese el idioma en que las facultades de jurisprudencia las transmitieron a sus alumnos, hasta hace pocos años en que a alguien se le hizo muy difícil aprender términos en latín o en griego y trató de desaparecer su uso, habiéndolo logrado respecto a su enseñanza, mas su uso persiste y cada día está más en boga.

Tratar de hacer aquí un recuento de todos y cada uno de los principios generales de derecho además de inútil, resultaría pretencioso y vano, pues son tantos y de tan variadas materias, que por fuerza habría de omitir alguno.

Sin embargo, si debo advertir que la mayoría de los códigos autorizan o permiten que a falta de ley expresamente aplicable al caso, el juzgador se base en doctrina, jurisprudencia, analogía, mayoría de razón y por supuesto, en los principios generales de derecho para resolver el caso puesto en su conocimiento.

La ley puede resultar muy estrecha, el derecho positivo puede ser insuficiente para la realidad pero los principios generales del derecho siempre nos aportan una luz para encontrar el camino.

Es decir, podemos entender como Principio General de Derecho a los enunciados que, sin pertenecer a una norma expresa, describen en términos generales, abstractos, el sentido del legislador o más aún, la intención de la sociedad como generadora del derecho.

Por ejemplo, al decir “in dubio pro operario”, estamos diciendo que en caso de duda debe estarse a lo más favorable al obrero, lo que recoge nuestra Ley Federal del Trabajo en su artículo 17, al ordenar que los casos que se presenten ante las Juntas de Conciliación y Arbitraje, deberán ser resueltos conforme a la letra de la ley, a la doctrina, a la jurisprudencia y a falta de ellas, según los principios generales de derecho.

Locuciones latinas de manejo habitual:

Ad libitum
Al gusto

Ad litteram
A la letra

Alea jacta est
La suerte está echada

Alma mater
Madre nutricia

Ave Cesar
Salve, César

Bona fide
De buena fe

Casus belli
En caso de guerra

Cogito, ergo sum
Pienso, luego existo.

De facto
De hecho

De iure
De derecho

Motu proprio
De propia iniciativa

Divide et vinces
Divide y vencerás

Dixi
He dicho

Hic et nunc
Aquí y ahora

In articulo mortis
En caso de muerte

In memoriam
Para el recuerdo

Ipso facto
En el acto, al instante.

Nihil obstat
Sin obstáculo.

Per se
Por sí. (mismo)

Qui bene amat, bene castigat
Quien bien ama, bien castiga.

Urbi et orbe
A la ciudad y al mundo

Veni, vidi, vici
Vine, vi y vencí.

Verbigratia (v.gr.)
Por ejemplo.

Vox populi, vox Dei
La voz del pueblo es la voz de Dios.

A continuación transcribo algunos de los Principios Generales de Derecho, sin pretender abarcarlos todos y sin que la falta de alguno implique su inexistencia.

Accessorium sequitur principale
Lo accesorio sigue de lo principal

Ad tempus concessa, post illud tempus censetur denegata
Lo permitido hasta cierto tiempo, después se vuelve prohibido

Affirmanti incumbit probatio
El que afirma está obligado a probar.

Beneficia non obtruduntur
Los beneficios no obligan

Corruptissima república plurimae leges
Los estados más corruptos tienen más leyes.

Damnum non facit qui iure suo utitur
No hace daño quien usa su derecho.

Dictum unius, dictum nullius
Lo dicho por uno es dicho por nadie.

Dura lex, sed lex
La ley es dura pero es la ley.

Ignorantia legis neminen excusat
La ignorancia de la ley no excusa de su cumplimiento.

In certis non est coniecturae locus
En lo cierto no hay lugar a conjetura.

In pessima república, plurimae leges
En mal gobierno, muchas leyes.

Inveterara consuetudo pro lege custodiutur
La costumbre se hace ley.

Nulla poena sine lege
No hay pena sin ley.

Res iudicata pro veritate habetur
La Cosa Juzgada se considera cierta.

Salus populi suprema lex est
El bienestar del pueblo es la ley suprema.

Lex aut iubet aut vetat aut permittit
La ley ordena, prohíbe o permite.

Novissima voluntas servatur
La última voluntad es la que vale.

Nulla est venditio quoties in materia erratur
Es nula la venta cuando hay error en la materia

Omnes habent licentiam his renuntiare
Todos tienen facultad para renunciar a lo que en su favor se ha establecido

Qui prior tempore potior iure
Primero en tiempo, primero en derecho.

Con lo anteriormente expuesto, podemos considerar tener una visión general, un panorama global de la forma y términos en que deben expresarse los abogados, sin demérito de que más adelante podamos continuar hablando del tema.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
www.mexicodebesaliradelante.blogspot.com/


Monterrey, N.L., 03 de junio de 2009.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Control, desviación y conflicto sociales.

Cuando el hombre cede en favor de la comunidad algunos de sus derechos y libertades, es decir, cuando decide, voluntariamente, abstenerse de realizar algún tipo de conducta por haber determinado que la misma ha de considerarse como prohibida o restringida, el propio hombre establece los límites en los que ha de moverse, claro, dentro del marco de la ley.

Sin embargo, no siempre la conducta del ser humano ha de ser ilegal o ilegítima, como podría opinar uno que sepa del tema, pues basta y sobra con que la forma de actuar se aleje de los postulados del Manual de Carreño, obra ya muy antigua y anquilosada pero que en el fondo, sigue conservando los valores que permiten una convivencia válida entre los seres humanos, para estimar como sujeta a los controles sociales la conducta impropia.

Luego entonces, nos encontramos con que existen dos tipos de control social, el formal, que es el que deriva de la ley, y; el informal, ejercido por la sociedad por medio de los convencionalismos sociales, religión y moral, conceptos y supuestos que el aspirante a jurista conoce desde las primeras clases.

En nuestro caso, podremos hablar que el Control Social, tal como se maneja, tiene dos vertientes básicas: el que deriva de la legislación y no establece o no debe establecer forma de negociación alguna, pues en ese momento deja de ser imperativo y coercitivo para tornarse voluntario y por ende, sin posibilidad de ser impuesto por el poder público y el que nos señala la propia sociedad a través de los controladores sociales.

Para tratar de manejar con rigor metodológico el tema, primero habremos de referirnos al que menos problemas debería de tener pero que es el más difícil de lograr: el Control Social Formal, es decir, el que deriva del Derecho Positivo, entendiendo éste como el que es vigente en un lugar y un momento determinados,

Toda vez que el Control Social Formal se maneja únicamente por el Estado, pues a éste se le ha delegado la función de normar la conducta del hombre en sociedad, en la ley y sus distintas formas encontramos los elementos a analizar. Ahora bien, aún cuando dentro del aparato gubernamental, tendremos leyes que prohíben conductas y lo que se aparte de ellas es delito y se castiga con prisión, otras sólo establecen límites mas sin marcar sanción corporal personal alguna, precisamente por ser potestad del individuo acatarlas o no.

Por ejemplo, el matrimonio es una obligación para que nazcan determinados derechos y obligaciones entre los contratantes pero, en el caso de aquellos que se niegan a ceñirse a lo dispuesto en la ley y se abstienen de casarse, no existe sanción alguna, de tipo legal, por haber optado por dicha conducta y más aún, el propio Estado reconoce derechos a quienes se someten a ese tipo de relación, pues tanto la concubina como el concubinario disfrutan de determinados beneficios, por el hecho de la convivencia aún sin el requisito formal de estar unidos en matrimonio.

Muchas de las conductas previstas en la legislación, en cuanto se aparten de lo estrictamente penal, pueden ser sujetas a negociación entre las partes y de hecho, la tendencia en el derecho es buscar medios alternos de solución de conflictos para no incurrir en el trámite burocrático de seguir un litigio cuando lo que está en juego puede ser negociado.

Sin embargo, la cuestión penal, por más que las nuevas prácticas hayan establecido las figuras del Juez Conciliador y más aún, del Ministerio Público Conciliador, lo cierto es que la potestad del Estado de ser el titular del monopolio del ejercicio de la acción penal, facultad que aún no ha podido, en nuestro sistema jurídico, transferirse a los particulares, limita al Estado a ejercer el Control Social Formal desde el sitial en que se ha depositado en su favor lo relativo a dicho tema, pugnando cada vez más por encontrar los instrumentos jurídicos y las organismos que permitan evitar se incurra en prácticas antisociales.

Para lograr su cometido, el Estado ha creado las instituciones necesarias para tener el Control Social Formal, ya con las propias Procuradurías de Justicia, ya con la Policía Preventiva, que es la parte del Estado más expuesta al sentir social, ya con los organismos que se ocupan de encauzar a quien se aparta de un recto proceder, incluyendo entre ellos a los penales, ahora pomposamente denominados centros de readaptación social, vamos, a todos y cada uno de los auxiliares en el Control Social Formal, que son los que permiten al Estado lograr su objetivo.

Aparte y de manera muy puntual, es decir, como verdadero puntal de la vida en sociedad, se desarrolla el Control Social Informal, que consiste precisamente en los límites que la sociedad a través de sus formas instituidas, va logrando en el individuo.

En este punto han de tomarse como de fundamental importancia la familia, la escuela, la iglesia y las demás formas de convivencia social que el hombre ha creado, por ejemplo, los centros deportivos y en consecuencia, las reglas del deporte, cines, teatros, museos y demás que establecen, para su ingreso y permanencia, determinadas formas de conducta que de quebrarse, traen como resultado lógico e inmediato el ser segregados del grupo social, lo que el hombre trata de evitar pues se ubicaría en la posición de incurrir en una conducta desviada.

Vamos, los Controles Sociales Informales llegan a ser hasta los programas de televisión, los conciertos de música, sea cual sea su género, pues lo que hacen, es dictar reglas y formas de convivencia social que todos tratan de imitar a fin de lograr ser aceptados en el conglomerado social.

Cuando la conducta del individuo se aparta de lo que marcan los cánones aceptados por la sociedad, con independencia de lo que podría ser considerado como delito, tendremos una Desviación Social que amerita Control Social Informal, es decir, si la desviación no implica necesariamente un delito, no es corregida por las instancias formales del Estado mas sí, por los controles que la propia sociedad impone.

De hecho, la conducta desviada debe entenderse como el comportamiento de uno de los miembros de la sociedad que se aleja de los estándares habituales de conducta.

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, en México, ha definido el actuar errado como aquél que se aparta de un recto proceder.

Es necesario recalcar que si bien tan desviada o fuera de lo normal es la conducta de aquél que busca experiencias distintas a lo habitual, como aquél que comete un robo o asalto, con la enorme diferencia de que a éste último le corresponde una sanción del Estado, por medio de sus órganos jurisdiccionales mientras que al primero, la sanción se la impone la sociedad, la religión o la moral, sin que en ninguno de estos casos, llegue a ser coercitiva la pena.

Como consecuencia de que algunas conductas se apeguen a las normas jurídicas, morales, religiosas y los convencionalismos sociales y otras se aparten de ese recto proceder, provocando con esas desviaciones de conducta la intervención de los Organismos de Control Social, ya Formales, ya Informales, es que aparece lo que sociológicamente se conoce como “El Conflicto Social”.

Se llama Conflicto Social a la conducta del individuo particular que se aparta de un recto proceder y ocasiona con ello, un daño o perjuicio a algún componente de la sociedad.

En términos del Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua, el término Conflicto viene de la voz latina Conflictus que significa lo más recio de un combate. Punto en que aparece incierto el resultado de una pelea. Antagonismo, pugna, oposición, combate. Angustia de ánimo, apuro, situación desgraciada y de difícil salida. Implica posiciones antagónicas y oposición de intereses.

Ahora bien, para esclarecer el término “conflicto” es necesario que las partes sientan que sus intereses están siendo afectados en ese momento o bien, que existe el peligro de que sean afectados.

Stephen Robbins define el conflicto, con estas palabras:

“Un proceso que se inicia cuando una parte percibe que otra la ha afectado de manera negativa o que está a punto de afectar de manera negativa, alguno de sus intereses” * (ver nota al pie)

Cuando estamos en presencia del Conflicto Social, de inmediato nos remitimos a las formas de control que la propia sociedad ha instituido para su mejor y más eficiente manejo, bien sean éstas de índole formal o informal.

En ambos casos, el propósito de la sociedad, ya por sus canales informales, ya con fundamento en lo establecido para Control Social Formal, es lograr que la conducta desviada del individuo no ocasione un daño mayor a la sociedad que el que hubiere podido causar en un momento determinado.

Existen muchas formas de conflictos, lo que escapa del alcance del presente esfuerzo.

Sin embargo, es menester apuntar que los conflictos pueden o no traer como consecuencia la afectación de intereses ajenos o sólo plantear la posibilidad, no real aún, de afectar dichos intereses.

Vamos, el hecho de que el vecino prenda un asador en su casa, no necesariamente ha de provocarnos un daño o perjuicio, pues tal vez el humo no nos moleste e incluso, tal vez hasta nos invite a comer, con lo que no existiría conflicto alguno.

Sin embargo, tal vez el mismo vecino ha prendido el asador con el único afán de lograr molestarnos, pues está cierto que el humo habrá de introducirse a nuestro domicilio, lo que ocasionará el conflicto obvio, pues se está invadiendo o vulnerando nuestra esfera de derechos.

En estos casos, cuando existe un conflicto, lo más correcto es que intervengan los órganos de solución de conflictos de índole ajeno a lo formal, pues fuera de lo cerrado de los tribunales es más fácil lograr llegar a una solución alterna del conflicto.

Cuando no se logra atemperar el conflicto con los medios al alcance de los particulares, habrá que recurrir a los órganos del Estado, con todo lo que ello implica.

En suma, la función es lograr una convivencia sana entre los miembros de una comunidad, siempre tratando de que las desviaciones no lleguen a conflictos y que los conflictos se solucionen por vías alternas, suministradas por los Controles Sociales Informales y tratando de evitar, a toda costa, el uso de las facultades de Control Social Formal que corresponden al Estado.

Siempre será mejor un mal arreglo que un buen pleito.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.

* ROBBINS, Stephen P., Comportamiento Organizacional, Conceptos, Controversias y Aplicaciones, Cap. XIII, P. 461. Edit. Prentice Hall, Sexta Edición, 1994.
Citado en
http://www.gestiopolis.com/recursos4/docs/ger/tenegouno.htm

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
www.mexicodebesaliradelante.blogspot.com/

Monterrey, N.L., 27 de mayo de 2009.