domingo, 6 de diciembre de 2009

México: País de trabajadores.

Era media mañana, la señora, en casa, apenas terminaba de arreglar las camas, ya había dado de desayunar pero le faltaba hacer la comida, traía recogidas las mangas de la blusa, estaba barriendo y trapeando, tenía al perro ladrando y afuera, el más chiquito de los niños gritaba mientras la madre corría a atender el teléfono. En eso, llega un encuestador a la puerta y le pregunta- Señora: ¿Usted trabaja? obteniendo como respuesta, como arrastrando la voz después de tomar aire y barrerlo con la mirada- no tengo un empleo remunerado.

Esa situación es lo más común en este México nuestro. El papá, la mamá, los hijos adolescentes, los niños y hasta los abuelitos, trabajan y mucho. Pero no tienen un empleo remunerado. Como consecuencia de no tener un empleo remunerado, es decir, un patrón fijo y cierto, que los inscriba en alguno de los muchos sistemas de seguridad social que coexisten en el país, el trabajo de los mexicanos no luce, no les garantiza el ingreso y mucho menos, los derechos que según consagra la Constitución pero sólo para unos cuantos.

La Constitución establece claramente que todos somos iguales ante la ley. Claro, establece también, que para tener derecho a algunos de los derechos que ella misma preconiza, deberán cubrirse los requisitos de ley. Por tanto, la que manda es la ley secundaria.

La ley en nuestro país exige que para tener derecho a crédito de gobierno para una vivienda, deberás haber cotizado tantos más cuantos años en INFONAVIT o FOVISSSTE, de lo contrario, quedas sujeto a los leoninos términos de los usureros o de los bancos, que es casi lo mismo.

La ley señala que todos tenemos derecho a la salud, pero para tener acceso a los servicios públicos de salud de los organismos oficiales, deberás acreditar tener una relación laboral formal. En caso de no hacerlo, podrás acudir al “seguro popular” que a la perfección describiera el Dr. Ángel Guillermo Ruíz Moreno, quien es uno de los máximos conocedores de la Seguridad Social en el país, cuando en la Asamblea Anual de la Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social celebrada en Chihuahua, capital del estado del mismo nombre, la describiera diciendo: ni es seguro, ni es popular ni es seguridad social.

Entonces, si el “seguro popular” no sirve, te diriges a los hospitales de la Secretaría de Salubridad, que por ser públicos, carecen de todo. No son de nadie y por ende, a nadie le interesan.

Luego entonces, el derecho al acceso a los servicios de salud está supeditado a leyes secundarias y por ende, lo que dice la Constitución… no vale.

Es decir, los que tienen una relación laboral formal como que son mexicanos de primera y los que se atreven a soñar que solos pueden hacer la vida, están condenados al fracaso, pues si no logran entrar a las listas de la revista esa que lleva la cuenta de los 500 más ricos, sin importar el giro a que se dediquen, no van a salir bien.

Pero los mexicanos somos un pueblo de personas que lucha, que hace el esfuerzo pero que se pierde en la bruma de la falta de definición. Si Usted compra una casa para su familia, a veces, sólo a veces, hace el cambio de propietario y la pone a su nombre. Lo más común es que la deje a nombre del señor que se la vendió, hace apenas… ¿Veinte? ¿Treinta años? No me va a dejar mentir, pues si no es Usted, sí uno de su familia así compró su casa y no ha hecho el cambio de propietario.

Cuando menos, si Usted ya lo hizo, no ha cambiado el nombre en el recibo de la luz o del cable o del teléfono o de cualquier cosa. No ponemos nuestras cosas en orden.

Igual. Usted trabaja y mucho pero el patrón no le da seguridad social o Usted le pide que no lo inscriba en el seguro, al cabo que nunca lo necesita… hasta que recibe una descarga eléctrica y va a parar incapacitado de por vida y sin servicio médico. Claro, su patrón arregló el problema con unos pesos pero… ¿Usted?

Ahora imagínese que todos tuviéramos los documentos en orden para poder pagar a nuestro nombre. Que todos tuviéramos derecho a seguridad social en base a nuestro gasto, no a nuestro ingreso. Que la diferencia entre trabajo y empleo ya no existiera, más que como recuerdo. Que todos pudiéramos acceder a servicios de salud por el sólo hecho de ser mexicanos. Imagínelo.

Ya existe, ya está planteado y está a sus órdenes. Es tan fácil como que en cada operación de compra que Usted haga, pase una tarjeta deslizable que le sirva para que el equivalente a dos o tres puntos del IVA se depositen en una cuenta de ahorros a su nombre, que le generaría los fondos necesarios para tener derecho a servicio médico y a pensión, cumpliendo los sesenta años. Piénselo.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.
Mexicano.

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
http://mexicodebesaliradelante.blogspot.com/

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