jueves, 17 de diciembre de 2009

2009, otro año que termina.

Cada año va dejando su marca en nosotros, en nuestro entorno, en nuestra vida. 2009 no habría de ser la excepción. Es un año en el que hubo avances, mucha gente consiguió cosas maravillosas, pero la inmensa mayoría vimos derrumbarse parte de nuestros sueños, parte de nuestra fortaleza y parte de nuestras vidas al ver partir a los que amamos, al saber que nuestros bienes de fortuna se redujeron o simplemente, al ver que no crecimos como esperábamos.

Pero una cosa si le digo, mi caro lector: si Usted y yo tenemos la fortuna de saber de esta nota, es porque tenemos vida y eso, debemos agradecerlo al Creador.

México, nuestra casa común, empezó el año con ilusiones, con ganas y entereza, tanto, que creímos estar protegidos de cualquier amenaza externa, pero ya hemos visto que no, que no somos inmunes y por el contrario, una vez más se comprobó que mientras no seamos autosuficientes en materia de alimentos, en lo económico, en cuestiones de tecnología, vamos a seguir siendo vulnerables a los ataques del exterior.

También hemos visto caer a los más grandes que, por confiar de más en sus propias fortalezas, olvidaron que Goliat siempre tiene a un David acechándolo y éste, ha de buscar la primera oportunidad para hacerse presente.

México, que carece de fortalezas visibles en las áreas que ahora se consideran más valoradas, léase nanotecnologías, robótica, cosas de esas, tiene en cambio, unas reservas insospechadas de valor incalculable y que no han ponderado nuestros líderes: su gente, su cultura, su idiosincrasia. La población mexicana, el obrero y el profesionista, el artista y el aprendiz, el maestro y el alumno, vamos, los extremos que amalgaman el México que queremos pero que por ceguera política no hemos podido manejar.

Este 2009 nos maltrató, nos atacó con plagas como la influenza esa que mereció muchos nombres más nunca los que verdaderamente se merecía: pobreza e ignorancia.

Las plagas que flagelaron nuestra tierra, la caída del valor de nuestra moneda, la reducción de los beneficios a nuestros hermanos pues quienes tienen de todo se niegan a compartir con los que de todo carecen, la falta de solidaridad entre hermanos de raza, de cultura y de geografía, a pesar de que unos tengan un tono de piel y otros, sólo la necesidad de hacer la vida, sin tomar en cuenta mas cosa que alimentar a sus hijos, esas plagas, también han de pasar.

México ha soportado y gozado de todo y en ese todo, van los gobernantes que ha tenido. Lo mismo quien vendió la mitad del territorio que quien logró vencer al francés, el mejor ejército del mundo. Los hombres que lograron por primera vez incluir en una Constitución los derechos sociales, que aquellos que consiguieron una corona para un príncipe extranjero o al único que ha invadido a Samuel. De todo hay en la viña del Señor.

Y ese todo, señores, es México. Nuestra patria que ahora ve cómo termina un año que muchos quisiéramos que ya se hubiera ido, para dar cabida a ese 2010 que aparece en lontananza como la suma de todas nuestras esperanzas, como la luz del faro que ha de guiarnos por aguas turbulentas, seguros de que el timón está en buenas manos.

2009 se está acabando. No nos cumplió en nuestras expectativas ni permitió que hiciéramos nuestros mejores esfuerzos. Nos arrebató la esperanza, nos secuestró el futuro, truncó nuestros sueños.

El año que viene, seguro nos va a traer lo que éste nos negó. Y eso, mi querido lector, es lo que para Usted vaticino, lo que le deseo y lo que espero se cumpla: paz, conciencia social, respeto, alegría por la vida, ganas de ser y hacer más, interés en nuestros hermanos, desapego a lo terrenal y que busque siempre lo que alimente su alma.

Si 2010 nos permite lograr nuestros sueños, habremos avanzado y si al final logramos salir avante, podremos decir que hemos vivido un poco más. De Usted depende qué tan contento viva.

Le envío un abrazo.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena

José Manuel Gómez Porchini.
Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com

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