viernes, 22 de abril de 2011

Edson y Beto.



Cuando les pregunté, así, a bocajarro, el nombre de ellos dos como conjunto, como grupo, como músicos que tocan en compañía, voltearon, se vieron y se rieron, como cuando pillan a alguien en una travesura.

Y desde el primer momento en que los escuché y tuve oportunidad de verlos, me di cuenta que son un muy buen equipo, un dueto… algo que al parecer, ellos mismos no alcanzan a comprender.

Fuimos a Querétaro, la cuna del constituyente y ahí tuvimos oportunidad de pasear por sus calles, sus callejones, sus plazas y todo resultó impresionante y maravilloso. En cada esquina existe un monumento y atrás de cada uno de ellos, nos encontramos una persona atenta, dispuesta a trasladarnos a otros tiempos, pues narran con fluidez cada detalle de las historias, unas ciertas, otras leyendas pero todas atrayentes.

Así, al lado de la historia de la que pidió que le llevaran agua y le construyeron el acueducto que engalana la ciudad, nos encontramos en un rincón de Muralto, un pequeño restaurant equipado con lo mejor de la cocina, a unos músicos dignos del Auditorio Nacional, un par de muchachos que con emoción, con ganas, con ilusiones, tocan a Billy Joel, a John Lennon, a Cat Stevens y mucha música más de los setenta y ochenta sin olvidar, de ningún modo, la trova que ha hecho famosos a Mercedes Sosa, Óscar Chávez y otros más.

Si tuviera que clasificarlos, lo haría como eclécticos, como los que buscan sólo lo mejor de cada uno para darlo a su público. Y su público, el que al aplaudirles ellos calificaban de “público culto y conocedor”, ese, se les entregaba en cada canción. Conste, se supone que son el fondo para una velada de lujo y se convierten, por su virtuosismo, en el platillo principal.

Son jóvenes, tienen voluntad, vale la pena apoyarlos. Edson y Beto: ¡Suerte!

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.

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