sábado, 11 de abril de 2009

De la 49 Asamblea de la Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y de la Previsión Social.

Hoy, aquí en casa, en la paz y tranquilidad de mi hogar, donde parece ser que puedo tomar decisiones, estoy tratando de poner en claro mis ideas para explicarle a Usted, mi querido lector que siempre va un paso más allá de lo que yo puedo andar, lo que sucedió en la 49 Asamblea de la Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y de la Previsión Social celebrada en la Ciudad y Puerto de Tampico los días del 05 al 08 de abril de 2009.

Primero, tratando de ir en orden, un día tomé conocimiento que allá habría de celebrarse la Asamblea, lo que me dio mucho gusto, como tamaulipeco que soy y me siento, que se hubiera escogido el puerto donde tantas aventuras he pasado y que se quedó grabado en mis recuerdos.

Preparé mi ponencia, hablé con mis alumnos de aquí y de allá para invitarlos, le hice saber del evento a varios amigos tomando las providencias del caso. Que hacer reservaciones de hotel, enviar e imprimir las ponencias, juntar algo de dinero y todo lo que se requiere para que de nuestra parte el evento fuera un éxito.

Hablé con mi esposa y mis hijos. Tina y Daniel me acompañaron. Como José ya es productivo, resulta ser que tenía que cumplir con sus deberes, así que se quedó en casa, en Monterrey, con el miedo de la mamá. Para qué les explico que las llamadas fueron para preguntarle que si había comido, que si estaba bien, que si atendió a Miel, la perrita de casa y cosas así. Que si cerró la reja, que si el carro tenía llave y todo lo que una mamá puede encargarle a un hijo que se queda solo, pero que demuestra con creces que es acreedor a la confianza que en él se deposita.

Llegamos el domingo cinco a medio día y nos registramos en el Hotel sede, que fue el Posada de Tampico. Por cierto, magnífico y cada día más grande. Sólo nos faltó el laurel de la India que lo adornaba en la entrada.

El registro como asambleístas, el saludo con los amigos de varias asambleas, el abrazo con los compañeros de oficina que tuve el enorme placer de saludar, las deferencias y atenciones de quien fuera mi superior jerárquico muchos años, total, fue una tarde-noche de gozar, de saludos a diestra y siniestra y de grandes alegrías.

También, una que otra noticia de esas que nunca se deberían recibir. Los que se nos adelantan en terminar la vida. Sin embargo, cuando la vida fue buena, cuando el hombre se ganó a pulso el respeto, cariño y admiración de los demás, cuando la vida fue productiva, vale la pena.

El lunes vino la primera ceremonia togada. La Inauguración formal, muy académica, el saludo a los nuevos miembros, algunos, como Raquel y Jesús viejos amigos y compañeros de aventuras, otros nuevos como Juan Carlos que ahora suma un logro más a los muchos que lo visten y muchos otros nuevos académicos que no alcanzo a recordar. Ya ven como soy. Y por supuesto que les ofrezco una disculpa.

Y empezaron las conferencias magistrales. El Docto, que significa erudito, sabio, conocedor, Mario Pasco Cosmópolis, que pareciera que exageró en la dedicación con que preparó su tema. Excelente y magnífico. Don Pedro Ojeda Paullada, cuya sola mención implica evocar a un gran conocedor de las entrañas del poder, que sabe de pesca, de justicia, de trabajo, en suma, que sabe todo lo que un jurista debe saber, además, académico desde hace mucho; el Doctor Ángel Guillermo Ruiz Moreno, que casi puede ser sinónimo de Seguridad Social, pues es de los que más saben del tema y actualmente es Presidente de la Junta Directiva Internacional de la Asociación Iberoamericana de Juristas del Derecho del Trabajo y la Seguridad Social ‘Dr. Guillermo Cabanellas’ (AIJDTSSGC), entre otros muchos méritos académicos.

Por supuesto, el Doctor Néstor de Buen Lozano, que me brindó la oportunidad de hacerle entrega de un ejemplar del texto donde narro la historia de la asamblea de Chihuahua, en la que participó, con todo lo que ello implica. Baste y sobre decir que demostró por qué está en el sitial más alto de los Ius laboralistas en México. Lo acreditó a la perfección, como siempre lo hace.

Don José Dávalos Morales, autor del libro, para que lo ubiquen, nos regaló su saber en su intervención; el Doctor Román M. Velasco González, de Puerto Rico, quien también me permitió explicarle la propuesta que por Usted, por mi familia, por mis amigos y por México, he seguido tratando de hacer valer y he seguido impulsando.

Claro, entre conferencia y conferencia hubo las Mesas de Trabajo, las que son el filtro para las ponencias que han de discutirse en las plenarias y en las que, sobre todo los muchachos, los estudiantes, demostraron de qué están hechos.

Hubo uno que cuando escuchó la intervención del Dr. Rubio de Chihuahua, con su voz tronante, con su elocuencia y además, con todo la sabiduría con que se expresa, me comento a sotto vocce: si ese señor habla en contra mía, ahí me desmayo. Claro, ni se desmayó ni nada. Pero bueno, así es el encuentro con la academia, con enfrentarte a quien disiente de tu opinión pero lo hace con respeto, con ganas de que de tesis y antítesis, surja siempre una síntesis que permita perfeccionar el conocimiento. Eso es la academia.

Además, hubo comidas. Fueron en uno de los salones del propio hotel sede y fueron aderezadas con mariachis, en donde algunos de los muchachos y hasta algunos de los que ya acumulan mucha juventud, se animaron y saltaron a la palestra a entonar sus canciones. A algunos más les vale que se sigan perfeccionando en el derecho y dejen eso de la cantada a los que nacieron con ese don. Lo que natura no da, Salamanca no presta. Otro día, amenizó un conjunto regional y todos, universitarios.

Almuerzos. Tuve el honor de compartir mesa con los Doctores Fernández Arras, Ruiz Moreno, Pasco Cosmópolis, Ascencio Romero; saludé a muchos amigos, nuevos y ya de tiempo.

Tuve oportunidad de comentar con el Dr. Luis Moral, compañero de editorial sin que lo supiéramos, con el Maestro y ahora Académico de Número Juan Carlos Ley Fong, quien incluso me hizo el honor de invitarme en próxima fecha a regresar a Tampico a platicar con los alumnos, distinción que en mucho me honra y que por supuesto, acepté.

Saludé al autor de la nota por la que se propone un seguro en caso de robo o daños a cargo de los Ayuntamientos, con el sólo pago del impuesto predial, Dr. Luis Enrique Mendoza Barrientos, con quien comenté muchas cosas de actualidad.

También, platiqué con alumnos de muchas escuelas y vaya que saben preguntar. Además, como que ya no se conforman con las respuestas de siempre y quieren respuestas a preguntas que yo nunca había escuchado.

De repente, apareció frente a mí un muchacho, alumno de sexto semestre de derecho y me dijo: -Soy Sebastián Castillo Jiménez y yo a Usted lo conozco-. De inmediato supe que era hijo de mis compadres Sergio y Gladys, a pesar de que su voz, su cara y su aplomo ya no eran de niño, como lo dejé de ver, sino de todo un caballero. Me dio mucho gusto verlo y tuve oportunidad de platicar con su padre, quien fue a saludarnos y platicamos de los escasos diez años que teníamos de no vernos. Así es la vida. A veces se va sin que nos demos cuenta.

Lo demás, fueron la disco, que no se para que van los muchachos si al otro día no pueden ni hablar. Vamos, casi no podían respirar. Quisimos ir, pero la cambiaron de sede, a otra en la que ofrecieron espuma y con todo lo que cargo en los bolsillos y lo cerca que estoy de enmohecerme, si me mojo no sé que pueda suceder. Nos quedamos con ganas de bailar música de los viejitos, que por supuesto, no me cuento entre ellos. Yo, por cortesía.

Los paseos de los acompañantes, de los que lo único que puedo comentar es que cuando menos tres de las esposas de académicos que fueron el lunes, no se pudieron levantar hasta que les quitaron el suero de la intoxicación que sufrieron y que además, ¡les cobraron! Tal vez hubo más, no lo dudo, pero no me enteré. Conste, no digo más por ser la Universidad Autónoma de Tamaulipas la anfitriona. Sé que no fue la responsable de los paseos.

Al final, pasaron las ponencias que fueron aprobadas en las mesas de trabajo, la mía entre ellas y empezó la Plenaria. Al frente, como desde casi siempre, el Doctor Raúl Enrique Arriaga Reséndiz, quien tiene todas las tablas del mundo y un conocimiento perfecto de la naturaleza humana. Presiona cuando es necesario, aclara cuando debe hacerlo y logra que las sesiones sean tersas, como planchaditas.

Por supuesto, la primera vez que nos enfrentamos a él, los nuevos sentimos la desesperación de ver que nuestro esfuerzo no fructifica pero el tiempo es el mejor maestro. El Dr. Arriaga apenas tiene como cincuenta años de manejar derecho laboral. Además, con soltura pues se sabe de todas, todas.

En mi turno, pasé, resumí al máximo El Homicidio Laboral y me dirigí a la audiencia: los estoy viendo y han de ser mis alumnos, así que más vale que voten en mi favor. Y lo logré. En la mesa obtuve 96 votos a favor y 33 en contra, con el apoyo de mi amiga Felícitas, de Coahuila.

En la plenaria, no hubo votos en contra. Claro, estaban apercibidos. Pasó sin oposición y por abrumadora mayoría.

Casi para terminar, en ceremonia togada, se dio la imposición de la Venera Guillermo Hori Robaina a quienes cuentan con méritos académicos suficientes para conseguirla, entre otros, trabajo de muchos años. Se impuso a Don Héctor S. Maldonado Pérez, neoleonés de la mejor cepa quien ha sido todo en materia de derecho laboral, catedrático y directivo de mi Facultad, amén de Secretario General de Gobierno y cosas por el estilo. A él le agradezco que me invitara a ser miembro de la Academia.

Se impuso también al Dr. Roberto Rubio Uribe, que dijo que los últimos treinta y tres años sólo ha faltado a dos asambleas y que le ha tocado organizar tres en Chihuahua, su tierra. La Universidad de Chihuahua es su campo de trabajo y ha visto florecer su trabajo en académicos y abogados de éxito. Yo ya tuve oportunidad de acudir a una organizada por él y conste, resultó perfecta.

Terminó el evento con la clausura a cargo del Sr. Lic. y Académico, titular de la mesa de derecho burocrático, ex Presidente de la República, Don Miguel de la Madrid Hurtado. Cabe aclarar que las ovaciones que se le prodigaron, siempre fueron muy respetuosas. El Señor tiene su lugar.

En la foto oficial, salimos los que estábamos y parafraseando a Don Fidel, los que se movieron no salieron en la foto.

El regreso fue el jueves, según de madrugada y salimos casi a las cinco de la tarde.

Nos encontramos a los muchachos de Chihuahua, el Dr. Roberto Rubio Uribe al frente, con Luis, Karla, el Lic. Portillo y otros, que sufrieron un desperfecto menor en su unidad. Salieron del apuro en Victoria y no cenamos juntos porque el restaurante lo cerraron. Nos monitoreamos por “mensajitos” hasta saber que llegaron con bien.

Mis amigos Omar y Lidia, de la Editorial Elsa G. de Lazcano, ofrecieron y vendieron libros, los míos entre ellos y tuve oportunidad de ver la forma en que se me fueron de las manos. Es un orgullo saber que alguien se interesa en tu esfuerzo.

Existe la voluntad de vernos en Morelia el próximo año.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.
Licenciado en Ciencias Jurídicas por la U.A.N.L
Maestro en Derecho Constitucional y Amparo por la U.A.T.
Miembro de número de la Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y de la Previsión Social.

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com

1 comentario:

  1. ESTIMADO MAESTRO, RECIBA UN FUERTE ABRAZO, Y UNA FELICITACION, A TITULO DE AGRADECIMIENTO POR BRINDAR CON SU MODESTA SABUDIRIA, Y EL INTERES POR UN MEXICO JUSTO Y SOLIDARIO

    ATTE

    SU ADMIRADOR
    LUIS FELIPE ARIAS TORRES

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