martes, 21 de abril de 2009

De la Filantropía.

Que tu mano derecha no sepa
nunca lo que hace tu mano izquierda. Evangelios

Uno de los sentimientos íntimos más agradables es el de ayudar. Cuando te presentas ante otro a resolver algún problema y lo logras, la sensación que te queda es impresionante.

Dígalo si no el hecho de que ayudes a tu hermano, a tu amigo, siendo niño, a arreglar la bicicleta, a obtener un lugar en la fila, a lograr terminar una tarea pendiente.

Tú te sientes bien y todos a tu alrededor, cuando se dan cuenta de tu acción, te felicitan.

Creces y entonces, logras la misma sensación cuando ayudas al desvalido, al enfermo, al que necesita de ayuda.

Es parte de la naturaleza del hombre y es motor que lo ha impulsado a lograr grandes hazañas.

También, algunas que no significan hacer mucho por la humanidad, pero que son suficientes para lograr que el fuero interno alcance una plenitud excelsa.

Tenemos unos ejemplos maravillosos en las narraciones mensuales del libro “Corazón, Diario de un Niño”, de Edmundo de Amicis, italiano.

Ese fue libro de texto en gran parte de América y debería ser referente obligado aún.

El problema lo encontramos cuando esa ayuda, es sólo para demostrar a los demás que nosotros somos capaces de ayudar.

Es decir, hoy quiero tratar de explicar a Usted, mi querido lector, la gran farsa que significan muchos, no todos, los grandes esfuerzos de ayuda que se realizan en nuestro país por las grandes corporaciones.

Cuando surgieron las ONG’s, es decir, los Organismos No Gubernamentales, del tipo de la Cruz Roja, lo hicieron de manera paralela al poder establecido, sin contar con presupuesto oficial y ajenos a los dictados de la política.

Quienes participaron en los inicios de los Organismos de ayuda, lo hicieron de manera desinteresada, donando su tiempo, las más de las veces y en algunos casos, brindando también su dinero.

Al pasar los años, los dueños de los grandes capitales se dieron cuenta que “viste” ser un filántropo, es decir, un “amante de los hombres” por su etimología.

Ese amor lo demuestran socorriendo al necesitado, estableciendo casas de reposo para ancianos, hogares para niños menesterosos, becas para estudiantes sin fortuna, socorro a los indigentes, clínicas para discapacitados, en suma, una muy amplia gama de formas de ayudar a los demás.

Excelente, podría decirse.

El problema lo encontramos en que el gobierno, según para lograr que hubiera más apoyos, permitió que los donativos a los Organismos No Gubernamentales, es decir, al aparato ajeno al Gobierno que realiza funciones que deberían corresponderle al poder público, fueran deducibles de impuestos.

Si Usted, mi querido lector, regala cien pesos a una institución de beneficencia, podrá obtener a cambio un recibo que es deducible de impuestos.

Ello significa que cuando a Usted le corresponda presentar su declaración de Impuesto sobre la Renta, podrá decir: “Debo mil pesos, pero acompaño un recibo deducible de impuestos por cien pesos y por tanto, ya sólo debo pagar novecientos”.

Excelente, podría decirse. Es un ciudadano que colaboró a solventar necesidades de nuestros hermanos.

El truco, en algunos casos, está que quienes manejan formalmente esos centros de “ayuda”, son los amigos, hijos, esposas y demás parentela de los pudientes que, así, a pesar de no tener capacidad alguna, obtienen un puesto directivo en una empresa muy poderosa, con sueldos estratosféricos, que obviamente, al ser parte de los gastos de la empresa de “ayuda”, son deducibles de impuestos.

Así, el dueño de la empresa, que debería pagar, digamos, un millón de pesos de impuestos, le dice al Gobierno que sus donativos alcanzaron un millón cien mil pesos y que por tanto, el poder público, el Gobierno, le debe cien mil pesos, mismos que le son devueltos, pues realizó grandes “donativos”.

Entonces, empresas que deberían ser las garantes de la recaudación fiscal, resultan ser las más beneficiadas con los donativos realizados y además, obtienen del erario devolución de grandes cantidades.

Además, algunas empresas solicitan ayuda del público en general, vía diversos mecanismos de “donación”, que les permiten recaudar grandes cantidades y luego, las enteran a las propias empresas de ellos como donativos.

Acuérdese que ahí tienen a sus hijos, esposas y amigos en puestos directivos, con grandes sueldos que se deducen de impuestos.

Cuando enteran al erario de los “donativos” realizados, lo hacen a nombre propio la mayoría de las veces, salvo honrosas excepciones.

Algunos de los “donativos”, inclusive, son duplicados por las empresas, que así, deducen lo que recaudaron del público en general y lo que ellos aportaron, que de cualquier manera les son deducidos de sus impuestos.

Los donativos en cajeros bancarios, los redondeos en tiendas departamentales, el “boteo”, en suma, la totalidad del dinero que es recaudado del público en general, se deduce de impuestos.

Había olvidado decirle que cuando Usted comete el “crimen” de decir que no desea apoyar tal o cual causa, los que están a su alrededor lo miran como si fuera bicho raro, como si fuera un ser de otro planeta, como alguien ajeno a la sensibilidad humana.

Lo cierto es que si Usted realmente quiere apoyar una causa noble, pague sus impuestos.

Verá que a pesar de los pesares, si el gobierno tiene dinero para sus fines, habrá de realizarlos.

O cuando Usted quiera dar una limosna, una dádiva graciosa, un regalo, páguelo con su dinero, no con el de los contribuyentes.

Eso no es moral, no es ético y además, es indigno. Debería ser delito.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

Comentarios: josegomezporchini@yahoo.com

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