miércoles, 22 de abril de 2009

Del transporte institucional

Hoy vengo ante Usted, mi querido lector, para comentarle un problema que creo sí tiene solución pero que requiere, como todo en la vida, de la voluntad de los actores involucrados para lograrla.

Me refiero a los vehículos que pertenecen a flotillas, los que se pueden identificar por colores o formas o por traer el logotipo o la marca que los identifica, que son los primeros que se notan a la hora de las quejas de tránsito pero que estimo son los que menos interés tienen, o cuando menos, algunos de sus choferes, en cambiar su forma de manejo.

Para empezar, los vehículos de la propia autoridad. Es lo más común ver que los trabajadores del municipio, de cualquiera de los municipios que aquí colindan o en su caso, en su ciudad, es lo mismo, en motocicletas, carros, camionetas y camiones con el logotipo del gobierno, se estacionen en lugares prohibidos, rebasen sin respetar los señalamientos de tránsito, abusen de saber que son “el señor autoridad”, así, con minúsculas, pues no han conquistado el respeto de la sociedad, ya que sabemos que el respeto se conquista, no se pide.

De manera frecuente y espero Usted me dé la razón, vemos que las patrullas de tránsito y las de policía, así como de los múltiples servicios particulares que por traer sirena y foquitos ya se sienten dueños de las calles, están aguardando junto a uno y de repente prenden la sirena, avanzan como que van a recibir herencia y los vemos dos o tres cuadras adelante, atacados a carcajadas, comiendo tacos o tomando refrescos.

Es un verdadero insulto a la población, que aún quiere confiar en ellos y que de verdad, quisiera respetarlos.

Caso aparte son los vehículos de esos que como deben mover dinero, se imaginan que todo mundo los va a asaltar. Son todo un caso. Se estacionan frente a los bancos, frente a las negociaciones de donde van a sacar o depositar dinero, con unas pistolas, rifles y carabinas que ya los quisieran nuestros guardianes del orden, con el dedo en el gatillo y apuntando a diestra y siniestra, con caras de malosos pero temblando de miedo, pues ya los han asaltado. Esa misma adrenalina los sitúa en una condición de extremo peligro para la gente, pues al no saber reaccionar, al no estar capacitados, son capaces de disparar “porque pensé que me habían atacado”, cuando lo cierto es que nadie se ocupa de ellos y cuando lo hacen, por supuesto que los malos ganan, pues ellos siempre están mucho mejor equipados.

Los repartidores de taquitos, de tortillas, de pan, de agua, de bebidas, de refacciones, de pizzas, en suma, los hombres y mujeres que van buscando ganarse la vida de manera honesta pero que nunca han recibido capacitación para el trabajo, de igual forma incurren en una serie de yerros que a la larga, son los que convierten en caótica la circulación de nuestra ciudad.

Fíjese Usted, mi amable lector, que normalmente fuera de los estanquillos, a media calle, están varios vehículos que transportan las mercaderías que han de ofertarse en las tiendas, vehículos cuyos conductores luchan por caminar menos, pues han de transportar sus productos que por lo general, pesan y mucho.

Buscan acomodo en la esquina aún cuando obstruyan el paso, se estacionan en doble fila a pesar de que impidan la libre circulación, se atraviesan en las banquetas, vamos, no dejan pasar a nadie.

Y todos, son vehículos de algún grupo industrial, comercial o de servicios que gasta de verdad en pretender capacitar a sus conductores. Algunos incluso insertan en las cajas de sus transportes leyendas como “El conductor ha sido capacitado” o algo así.

Esos mismos vehículos son los que a primera hora por las mañanas, salen de sus centros de encierro y parece que se reproducen y juegan carreras entre ellos. En una ocasión me encontré con muchos de ellos, todos de la misma marca, color y creo que hasta modelo, todos nuevecitos, pintaditos igual, que iban saliendo. Se me figuraron niños saliendo de una escuela pero sin dirección ni control ni manejo de un adulto.

Se esparcieron por las avenidas aledañas que era un gusto. Deben de haber sido más de cincuenta carritos y algunos, llegaron apenas a dos o tres cuadras a comer tacos, otros se fueron a sus labores, otros se veían melancólicos. Creo que hasta un carrito triste vi. Creo.

Pero no se vale que el nombre y la buena fama de la empresa, que gasta en posicionamiento como la mejor, ande en los pedales de unos cuantos carritos dando lástimas y levantando irritaciones. No se vale.

Recién me he enterado, ahora que he empezado a comentar este asunto, que incluso, una empresa muy grande, con muchas unidades de reparto, no cubre seguros pues aducen sus directivos que prefieren gastar en capacitar a sus empleados y sí, al parecer, ahora que me lo mencionan, es raro ver a los vehículos de esa empresa, involucrados en choques o problemas viales. ¿Verdad que portarse bien sí reditúa?

Ahora bien, circule por cualquiera de las avenidas de esta ciudad y verá que otros vehículos institucionales, los camiones de pasajeros, compiten por ver quién hace las mayores tropelías. Cierto, se ha modernizado el equipo mecánico, cierto, algunos camiones ya hasta parecen, por fuera, sacados de aquella película “México 2000” que protagonizaran don Chucho Salinas y Héctor Lechuga, pero el servicio… el servicio… ¿qué le puedo decir al respecto si Usted lo sufre a diario? Ya dije todo.

Casi a diario un camión de pasajeros se lleva los titulares de la prensa, pues participan en accidentes que lesionan a la sociedad. La pérdida en horas-hombre es inmensa, los daños materiales son cuantiosos y cuando desgraciadamente se pierden vidas humanas, es cuando se grita a los cuatro vientos que ahora sí se va a corregir todo. De hecho, comentando esta nota con directivos de una ruta de camiones, me indican que sus unidades ya están equipadas con localizador satelital y que incluso, ya cuentan con sensores para conocer la forma de manejo de sus conductores. Vamos avanzando.

Por eso dije al principio que creo que sí tiene solución el problema de los vehículos institucionales.

Si Usted, como dueño o gerente de una de las empresas le pregunta a sus trabajadores, a sus choferes, todos le van a decir que jamás infringen el reglamento de tránsito, que nunca se estacionan en doble fila, que son los mejores y más atentos y más amables conductores del mundo.

Pero si Usted le pregunta a la sociedad, si Usted efectivamente hace caso cuando alguien le avise que su unidad placas tal o cual o le informan del número económico, está mal estacionado o ha infringido alguna norma de tránsito, podrá hacer algo.

Vamos, los que sufren a diario es la gente común. El que sabe cuáles son los más bravos, es la población en general. Quien conoce a los que ignoran todo, es el ciudadano que debe sufrir a los conductores, que reitero, están perfectamente identificados, pues manejan la unidad “número económico tal” y el patrón sí puede saber a quién llamarle la atención.

Yo, Usted ya me conoce, he hablado a los números que traen las unidades. Claro, no he obtenido respuesta, salvo una o dos ocasiones.

Pero, ¿Y si se creara una comisión de ciudadanos, ajenos al gobierno, patrocinada por los mismos empresarios, para recibir las quejas, anónimas?

¿Si el empresario les dijera a los conductores que va a llevar registro de las quejas y cumpliendo tal o cual número de reportes se le manda investigar?

¿Si el departamento de tránsito pudiera saber de las unidades con mayor número de quejas? ¿Y si la información sirviera como parámetro para expedir o negar licencias de conducir?

Lo empecé a comentar con varios de los amigos que tengo cerca y todos, han sido de la opinión que como idea, vale la pena analizarla, comentarla y por qué no, llevarla a la práctica.

Es decir, crear un ente ajeno al gobierno, pagado por los mismos empresarios que realmente quieren saber qué sucede con sus unidades y permitirle al público en general, avisar cuando sean lastimados u ofendidos por un vehículo de los descritos.

Imagínese Usted, querido lector, que pudiera tener la tranquilidad y seguridad que si habla al número tal o envía un mensaje a tal o cual dirección electrónica, alguien, va a tomar nota, va a llevar un registro y cuando esa unidad, la que Usted reportó, incurra en algún accidente vial, alguien le va a avisar a las autoridades de Tránsito o incluso judiciales, la conducta de los operadores.

Vamos, que el patrón pueda tener la certeza de que alguien, ajeno a él mismo, le va a avisar sin componendas de ninguna especie, que su unidad número tal o cual lleva tantos reportes en la semana o mes, o bien, que de todas sus unidades, ninguna ha sido reportada.

Imagine Usted que es dueño de una empresa y puede Usted anunciar a los cuatro vientos que sus unidades jamás participan en problemas viales, al menos, no como culpables.

Hasta el costo de los seguros les sería más favorable.

Podrían cambiarse muchas cosas, empezando por la cultura de la gente.

Piénselo.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.
Licenciado en Ciencias Jurídicas por la U.A.N.L
Maestro en Derecho Constitucional y Amparo por la U.A.T.
Miembro de número de la Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y de la Previsión Social.
Catedrático de licenciatura y posgrado en la Universidad del Valle de México, Campus Monterrey.


Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com

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