domingo, 9 de marzo de 2014

De los diferentes estilos de mando




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante      

A lo largo de muchos años de vida, he tenido una inmensa diversidad de jefes o superiores jerárquicos a quien he debido obediencia en algún momento y, por supuesto, cada uno de ellos con un estilo diferente de ejercer el mando.

Los primeros, papá y mamá. Y vaya que en mi caso fueron diferentes y, en la inmensa mayoría, también lo son. Papá es capaz de enfrentarse a los monstros y ganar, mientras mamá puede corregir un corazón destrozado con tan solo un beso. Papá es firme en sus decisiones (aunque se esté derritiendo por dentro, como en mi caso) y mamá, mamá… es la cómplice que les consigue permisos, bienes y todo a los críos. Eso sí, cuando logran hacer que mamá se enoje, ¡mejor correr!

Al tiempo, maestros, directivos de la escuela, del club deportivo, de las canchas y en suma, a todos y cada uno de los que en algún momento de la vida se les permite que vayan guiando la de cada uno de nosotros. Y aprendemos de todos y al tiempo, nos damos cuenta que éste era muy duro, aquél, muy dejado, este otro, un pan de Dios y así, los clasificamos y a cada uno le damos su valor.

Lo que nos debe interesar para el presente texto, es que debemos obtener lo mejor de cada uno y analizar los errores, también de cada uno, para que el día que estemos en posibilidad de dirigir una empresa, desde la mejor empresa del mundo por excelencia, la familia propia, hasta una en la que arriesguemos nuestro capital, buen nombre y afanes.

Cuando llegue el día en que debamos ser jefes, hayamos aprendido que a la gente no la motivan los golpes ni las amenazas, como tampoco sirven los mimos y alabanzas. Que no es motor de buenas cuentas la promesa de un pago generoso ni el temor a un castigo desmedido.

Lo que en realidad hace que la gente pueda desenvolverse, así lo pienso y así lo sostengo, es permitirle crear, dejarlo ser, de manera que cada uno de nosotros vaya teniendo espacios donde pueda asumir sus compromisos.

También eso lo viví, tanto en casa, con papá y mamá como en la vida, con algunos de mis superiores y con la gente que ha estado conmigo.

Desde el que me permitió experimentar qué cosa era un juzgado, hasta el que me trataba de ordenar cosas contrarias a la ley. Al primero lo sigo queriendo, respetando y estoy atento a sus necesidades. Nobleza obliga. Del otro, no me acuerdo cómo se llamaba o se llama, si es que sigue vivo. A ciencia cierta no lo sé. Salió de mi vida para siempre y no tengo la menor intención de buscarlo. Nada tengo que reprocharle ahora y sí, agradecerle el haberme permitido saber hasta dónde puede llegar la miseria humana.

Ahora que he tenido, a lo largo de más de treinta años, a un gran grupo de colaboradores conmigo, he buscado siempre darles la oportunidad de que sean ellos, que cada uno tenga los espacios que requiere para crecer como persona.

A veces, solo a veces, la gente piensa que por el solo hecho de ser ya se merecen el sol, la luna y las estrellas. Craso error. Uno debe ganarse todos los días el respeto del superior y de los subalternos.

La inmensa mayoría de las personas que me han acompañado en el camino, en su momento han buscado seguir creciendo hasta alcanzar alturas insospechadas. Y para cada uno de ellos, tengo siempre una bendición, mis mejores deseos y al tiempo, cuando los he vuelto a ver, lo que más ha abundado han sido los abrazos y los buenos deseos.

Y así pienso que debe seguir siendo. Darle a cada uno la oportunidad de poder hacer las cosas a su modo, a sus tiempos y a su estilo.

Tal vez, algunas veces no sea exactamente el mío, pero siempre llevarán, como dice la canción, sabor a mí. Igual que tengo yo los modos, las costumbres y los dichos de mis superiores.

No puede ser de otra manera, pues cada uno de nosotros no es más que lo que ha sido siempre. Puede ser más, pero se requiere una gran fuerza de voluntad, una decisión férrea y el apoyo decidido de quienes lo rodean.

Eso es lo que pretendo ser para quienes están conmigo. El apoyo decidido para que crezcan. Por eso, a mí no me gusta decir: hoy haces esto, mañana esto otro. Cada uno va sabiendo hasta dónde son los compromisos. El día que yo tenga que pensar por ellos, ese día no me son necesarios. Piense usted si en su función, usted representa un alivio para su superior jerárquico o por el contrario, necesita que él esté pensando por usted. Y revise bien lo que va a contestar.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

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