domingo, 11 de octubre de 2009

De las malas decisiones en los empleos. MÉXICO DEBE SALIR ADELANTE.

Un día, hace ya mucho, según yo y muy poco, según el tiempo, escribí una nota en la que trataba de describir o explicar el significado de la expresión “seguridad social” y para mi sorpresa, me llegó el comentario de un lector que ahora transcribo para Ustedes:

“quisiera saber que se hace referente al siguiente comentario: soy miembro de las fuerzas militares pero en estos momentos estoy lejos de mi esposa la cual viene padeciendo una enfermedad de trastorno bipolar afectivo y mi lejanía ayuda a dilatar dicha enfermedad; ya lo he puesto en conocimiento a los altos mandos pero hacen caso omiso. No le dan importancia a la situación, ¿qué más puedo hacer?”

El valor y la importancia del comentario lo ubico en el valor y la importancia que el empleo y su desempeño tienen para la parte débil de la relación laboral y por el contrario, el absoluto desinterés en los problemas del empleado que existe para el patrón.

El autor del comentario aduce que su esposa, es decir, su pareja de vida, viene cursando con un problema de salud y él se sabe y se siente responsable de su familia, quisiera estar con ella para apoyarla, para ayudarla, para asistirla cuando se siente mal. No puede, pues las características de su empleo lo obligan a estar fuera de su domicilio.

Va la pregunta obligada: ¿Todos los militares tendrán ese problema? Mi respuesta es: no creo.

Igual que todo en el mundo, debe haber niveles, debe haber diferencias, debe haber excepciones.

Ahí es donde se ubica la importancia del Derecho Social.

Si esto fuera una letra de cambio o un pagaré, le diría que reuniendo los requisitos procedemos en consecuencia.

Si fuera una ecuación matemática le podría decir que dos por dos es igual a cuatro, siempre.

Pero estamos hablando de hombres y mujeres que luchan por la vida, estamos hablando de seres humanos con necesidades y emociones, con penas y alegrías, con triunfos y derrotas, con emociones que permiten saber que se está ante alguien vivo y palpitante y no, ante la frialdad de un número más.

Por eso, cuando el recio militar, a quien por cierto no conozco, clama pidiendo ayuda para estar con su esposa y cuidarla… ¿no haría Usted lo mismo? ¿No buscaría Usted la forma de cuidar a su familia, esposa e hijos, cuando sabe que lo necesitan?

El desapego, que siempre ha existido, la falta de atención y cariño a la familia, que también siempre han existido, no deberían ser la constante, la regla, más bien, deberían ser la excepción que confirmaran la regla.

Si fuera Derecho Público, es decir, el Estado en su calidad de Estado, amo y señor, dueño de vidas y haciendas, lo correcto sería que la decisión tomada no pudiera cambiarse ni habría razón para hacer excepciones a la ley. No debe haber, pues la ley debe ser igual para todos.

Si fuera Derecho Privado, la voluntad de las partes es la ley suprema y si una de ellas no está de acuerdo, pues tranquilamente da por concluido el contrato y se acaba el problema. Sería un asunto entre iguales, entre pares.

Pero no es ninguno de los casos asentados. Es Derecho Social, una nueva forma de Derecho, un derecho que se ocupa de velar, de proteger y de tutelar a las personas a fin de que alcancen su plenitud, su máximo potencial, sus mejores expectativas.

Ahí es donde decimos que es el más excelso de los derechos. Que puede catalogarse al Derecho Social y más propiamente dicho, al Derecho de la Seguridad Social como el derecho que busca la protección de la persona de forma integral. No hace falta hacer más precisiones. Integral implica todo.

Luego entonces, si un empleado, cualquiera que sea su oficio, obvio, incluyendo el de militar, necesita proteger a su familia y para hacerlo, necesita estar cerca de su casa y el patrón puede brindarle esa oportunidad, el Derecho Social eso ha de hacer: lograr que ambas partes tengan lo mejor, siempre.

Lograrlo, es la tarea que debemos hacer entre todos.

No se vale que una empresa, la que sea, no escuche a sus empleados y vaya tomando decisiones sin consultarlos. No precisa hacerles caso, no es para que el empleado ordene la forma de conducir la empresa, pero sí, para que sepan ambas partes, siempre, que las decisiones son las mejores para todos. Muchas veces el escuchar a los demás nos permite corregir los rumbos antes de enfrentar las batallas mal posicionados.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
http://mexicodebesaliradelante.blogspot.com/

Monterrey, N.L., octubre de 2009.

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