domingo, 19 de julio de 2009

De la geometría política.

Cuando, como es mi caso, se tiene el privilegio y la responsabilidad de poder pararse frente a un grupo de gente ávida de conocimiento, con ganas de ser el cambio en sus vidas y en su entorno, cuando tienes de interlocutores a unos muchachos que buscan transformar su realidad de vida por una distinta, una con horizontes sin límites, estás obligado a entregarte completo, a buscar la forma de hacerles saber aquellos conocimientos que has podido recoger en la vida. Tanto a nivel licenciatura como posgrado, cada vez son más inquisitivos, cada vez tienen más ganas de aprender, de saber, de informarse.

Hoy quiero reafirmar un conocimiento ya discutido, que para mí, en lo personal, está claro luengos lustros ha pero que me he dado cuenta que no es del dominio popular.

Me refiero a la geometría política.

La gente sabe que los de izquierda son malos y los de derecha son buenos… cuando menos, así se vende el producto político y así lo compra la población.

Los de centro, pues claro, no son ni malos ni buenos, son… ¿sin chiste sería válido?

Lo cierto es que uno debe definir su ideología y para poder hacerlo, primero que nada, debe uno conocer y saber de lo que está hablando.

Hace muchos años, allá cuando el parlamento francés apenas se instauraba, los conservadores, los que buscaban el status quo, es decir, que las cosas se mantuvieran como estaban, pues a ellos ya les había ido bien y no querían perder lo que habían logrado, se sentaron a la derecha del Presidente de Debates; los liberales, por el contrario, se sentaron a la izquierda de dicha presidencia. Obvio, los liberales, los que querían liberar las cadenas de opresión en que los habían tenido sometidos, buscaban un cambio completo de programas pues los que conocían y bajo los cuales habían vivido, no les servían ya que les negaban todo tipo de libertades y derechos.

De ahí que a los que buscan conservar el poder que ya detentan, los que buscan que las cosas permanezcan como están pues ya lograron sus propósitos de vida, se les llame de derecha o reaccionarios.

Los que buscan algo, tener algo, lograr algo, tener un mínimo de derechos y prerrogativas, de bienes e ilusiones, son los que no han disfrutado de nada y apenas lo van buscando. Son los liberales o reformadores.

En este México nuestro, conservadores fueron los que pidieron un Príncipe Europeo para que nos gobernara y trajeron a Maximiliano de Habsburgo con Carlota, la Emperatriz que creyó haber llegado a un pueblo que la iba a querer y cuya realidad la llevó a enloquecer.

Liberales, fueron los que buscaron la independencia de México, los que separaron la Iglesia del Estado, los que crearon las Leyes de Reforma y promulgaron la Constitución de 1917.

Conservadores han sido los que se oponen a conceder al campesino, al obrero, al menesteroso, al necesitado, de lo necesario para que pueda subsistir, aduciendo que es el tipo de vida que les gusta y que no hacen nada por cambiarlo.

Liberal es el que se da cuenta que los hombres de su entorno no hacen valer sus derechos pues no los conocen y buscan entonces, la forma de darle al pueblo el valor más grande: la educación.

Liberal también, es aquél que pugna por lograr una mayor igualdad en el estado de las cosas, que lo que existe, se distribuya entre todos y no sólo entre los que tengan la forma de pagarlo.

Conservador es el que niega el pan al famélico y luego, lo encarcela por el abominable delito de robar para alimentar a su familia.

Sin embargo, la vida no es sólo blanco y negro, alto y bajo, liberal y conservador. Existen los matices, es decir, la forma en que se conjugan en una sola persona características de ambos extremos y entonces, nos confundimos con lo que estamos viendo.

Y voy a tratar de ser claro.

Por su formación e ideología, por el monto de sus fortunas, por la forma de vida a que están acostumbrados a vivir, podría decirse que los grandes industriales de casi cualquier ciudad de México deberían, por fuerza, ser de derecha. Y tal vez lo sean, cuando menos, en cuestiones políticas.

Pero en los hechos, algunos de los principales capitanes de industria de este nuestro México surrealista, han aportado grandes, increíbles ideas a nuestra forma de vida, superando lo que el más avanzado izquierdista pudiera haber soñado.

Capitán de industria y no liberal fue al que se le ocurrió otorgar casas a sus trabajadores, para que pudieran vivir en paz, tranquilos y pudieran laborar sin distracciones. Tal vez buscaban su propio beneficio, pero lo cierto es que lograron un avance de muchos pero muchos años, a lo que el mundo estatuiría después.

También Capitán de Industria, representante de los industriales del norte del país, fue el Gobernador que en 1906, antes de la Constitución de 1917 y de que en otros países se manejaran, estableció el reconocimiento de los Riegos de Trabajo como un derecho de los obreros, lo que décadas después, recogiera la Ley del Seguro Social.

Izquierdistas y por ende, en teoría progresistas, han sido los líderes de opinión que una vez que logran ascender en la escala social, cuando menos un peldaño, abominan de su origen y se entregan a los excesos del que todo tiene, sin saber que no los aceptan entre los conservadores y que los liberales ya no los reciben.

Es decir, a veces se confunde la línea que separa las ideologías, tanto por la formación de las personas como por la confusión de valores.

Los valores universales, los que son metapolíticos, es decir, que van más allá de lo estrictamente político-electoral, son inherentes al ser humano y en consecuencia, se dan tanto en los de izquierda como en los de derecha. De ahí la confusión.

Los vicios, tanto ocultos como visibles, también son cosa común en ambos extremos de la geometría política. Nada garantiza que una persona de derecha o una de izquierda sea moral, sea ético, sea honrado, como tampoco nada garantiza que no sea ladrón, que no medre con los bienes de la nación o que se abstenga de corruptelas.

Eso es lo que ha dañado a nuestra América Latina.

Que aún no somos capaces de entender que son distintas las ideologías, la izquierda y derecha, de los hombres, que pueden lo mismo ser decentes que ser bandidos, sin importar la corriente política a la que pertenezcan.

Además, es necesario indicar que extrema izquierda se le llama a los que pugnan por cambios radicales de manera inmediata, es decir, que están dispuestos a llevar a la lucha armada a sus hermanos con tal de lograr sus objetivos. Ejemplos: Ernesto, el Che Guevara; el Comandante Fidel Castro, los hermanos Ortega, en Nicaragua y muchos otros más. En México, los “alzados” de Villa, Zapata, Lucio Blanco y otros, son gente sin esperanza que se fue a la lucha por lograr el cambio violento de las cosas, que eso es la definición de revolución. Ellos fueron los revolucionarios, los liberales, los de izquierda.

Los conservadores, obvio, eran los que estaban en el poder, desde Porfirio Díaz y para abajo, pues ellos ya estaban satisfechos con lo que tenían y así querían que siguieran las cosas. Son los que querían empresas extranjeras manejando el petróleo, los que ofertaron la energía eléctrica a los gobiernos extranjeros y vendieron los caballos de acero, la columna vertebral del transporte de mercaderías del país, los ferrocarriles, al mejor postor. Conste, los ferrocarrileros fue uno de los gremios que más vidas aportó a la Revolución Mexicana, que más hombres entregó en la lucha armada y que se portaron, siempre, a la altura de las circunstancias.

Los de la extrema derecha, a su vez, son los que desean que no haya un solo avance más de los necesitados, son los que desean, a ultranza, un regreso a la mejor forma de vida para aquellos que alguna vez lo tuvieron todo y buscan mercenarios, es decir, hombres que venden o alquilan su fuerza física y sus propias vidas por defender una causa ajena, a fin de lograr impedir cualquier avance social.

Claro, siempre habrá un izquierdista “tibio” o un derechista “moderado” que prefieran que los identifiquen con el centro de la geometría política, así no comenten pecados políticos.

Además, quiero que sepa Usted, que tengo excelentes amigos y múltiples conocidos en todo el espectro de la geometría política, pues lo mismo he tenido coincidencias con un perredista que con uno del PRI, he sabido ser amigo de panistas como de socialdemócratas, pues lo que busco, lo que trato de encontrar en la gente, es su estatura moral, su valor como personas y no, la pantalla en que se escudan.

Por eso estimo que la gente está tan decepcionada de los partidos políticos: porque ni los de izquierda representan al que quiere progresar ni los de derecha son símbolo de los que ya ganaron. Creo que todos están confundidos en sus valores, en sus expectativas, en sus ideales. O tal vez, ni siquiera saben a qué están jugando y eso, señores, sería mucho más triste.

Sin embargo, sin definir mi propia ideología, sin indicar a Usted, mi querido lector, con todas sus letras, cuál es mi preferencia política y social, sí quiero advertirle que antes que todo, soy mexicano, que vivo y sueño en América Latina, en la América poderosa que soñó Bolívar y que hubieran podido lograr algunos de nuestros próceres, si no les hubieran ganado sus vicios ocultos, sus defectos internos, su falta de valores éticos.

Muchos de nuestros gobernantes, en toda nuestra Latinoamérica, pudieron haber sido el catalizador para lograr una región poderosa, una zona económica que pudiera enfrentarse y con ventaja, a cualquier otra economía del mundo pero no, nuestra mezquindad no ha tenido límites y nos hemos vistos subyugados por nuestros propios defectos.

Es hora de reconocer que lo que nos falta, a todos los pueblos de esta zona del mundo, que hace menos de cien años estábamos por encima de la mayoría de los países asiáticos y africanos y ahora los vemos para arriba, es gente de valor intrínseco, gente que respete los valores y derechos humanos fundamentales y que estén comprometidos con alturas de miras, no con la mezquindad del que sólo busca el pan de hoy, perdiendo el banquete de mañana.

Yo, amigos, veo a la gente y me doy cuenta de lo que le falta. Hago lo que está a mi alcance y busco ser y hacer más, no tener más. Yo me comprometo con todos y para muestra, está lo que escribo, lo que digo en mis clases y lo que pongo en la mesa.

Pienso que lo primero que nos falta, es educación. Y a eso me he tratado de dedicar: a explicar la razón y el por qué de las cosas a los alumnos, lo que siempre hago con todo el corazón.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.

Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com
www.mexicodebesaliradelante.blogspot.com/


Monterrey, N.L., 19 de julio de 2009.

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