lunes, 21 de noviembre de 2016

El resultado de la mala calidad académica




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante


La instrucción escolar, la preparación que se entrega a los alumnos en las aulas, obedece a planes estructurados desde las más altas esferas de la política educativa. Y más aún, la instrucción escolar que se imparte en México, atiende a dictados de fuerzas ajenas a nuestra realidad nacional, como son la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE por sus siglas, así como muchos otros indicadores internacionales que han marcado el rumbo en políticas educativas.

Sin embargo, no por el hecho de ser extranjero algo ha de funcionar y menos aún, resulta ser la panacea para todos los males. Para nuestros próceres, los que ahora están en el poder y que han estado los últimos veinticinco o treinta años, todo lo que viene de fuera es mejor que lo nuestro.

Cierto, algunos hijos de México salieron a estudiar al extranjero en sus años mozos y aprendieron otras culturas, otras formas de vida y escenarios distintos. Pero el mal no es privativo de nuestro país y para muestra, baste y sobra decir que apenas ayer cinco de noviembre de 2016, Francia anuncia que volverá al sistema tradicional, al antiguo, de enseñanza, regresándole su vigor y fuerza a las materias que se habían eliminado de la currícula: etimologías, civismo, lectura y redacción, comprensión lectora, ética y cosas así. Claro, ahora vuelven por sus fueros los concursos de lectura en atril, de velocidad lectora y de comprensión. Algo que los que dirigen las políticas educativas en el país no conocen y nunca han conocido.

Y para no ir muy lejos quiero comentar con usted algunas experiencias de los últimos días, algo cercano, para que esté usted en posibilidad de comprender mi dicho.

Acudo a una notaría pública, negocio de años, a realizar un trámite y cuando veo lo que están haciendo, me dio pena ajena. Aquello era una porquería de escrito, lleno de errores de ortografía y al señalarlo, me dicen: ─En el juzgado lo corrigen…

Ese creer que siempre habrá alguien más que se encargue de corregir los yerros de uno, es parte del problema que nos aqueja. Aun cuando sea tarea del juzgado revisar la redacción de un escrito, quien lo hace es responsable de que esté bien hecho.

Mas, ¿cómo es posible pedirle a alguien que no sabe hacer una cosa que la haga bien? Hace poco, en clase, encargué a mis alumnos un ensayo, pero antes pregunté si sabían hacer ensayos. La respuesta sonó así, como obvia y con suficiencia: ¡claro, profe!!

Cuando comencé a recibir los trabajos, empezaron los problemas. Al hablar con ellos, me dijeron: ─es que usted está calificando algo que nadie nos ha explicado nunca. Y tuve que comenzar desde el principio, a explicar qué es un ensayo y cómo se hacen.

Y les comento que reviso ortografía, redacción, originalidad, concordancia y todo eso que viste un escrito. De inmediato surgen las preguntas: ¿qué significa cada una, profe?

Es increíble encontrar gente a nivel licenciatura o posgrado, que acentúan examen porque suena fuerte la a. Ignoran por completo la regla de ortografía, pero la culpa no es de ellos, es del sistema que omitió enseñar esa parte. Y la culpa más bien, es del sistema social, como la muerte del angelito.

Ahora hay que luchar por brindarle a los jóvenes la posibilidad de salir adelante, con las herramientas que necesitan para esta modernidad que ya es el presente. Son nuestro futuro. Hay que apoyarlos.

Vale la pena.

Me gustaría conocer su opinión.

José Manuel Gómez Porchini
Orgullosamente mexicano.

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