lunes, 3 de febrero de 2014

Las nuevas políticas en México con los mismos mexicanos.



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante               


Mucho se ha comentado que tal vez, solo tal vez, el problema de México no sean sus gobernantes sino, sus habitantes y tal vez, solo tal vez, tengan razón. En efecto, el mexicano promedio no lee, no le gusta saber ni conocer de los problemas de su entorno, acepta lo que le dicen, sobre todo, lo que los medios de comunicación le entregan ya digerido, incluidos análisis y comentarios de fondo y por lo tanto, se muestra incapaz de tener su propia opinión de ningún problema.

Se dice y con mucha razón, que educar un mexicano cuesta tan solo el valor de la cuota de ingreso a Estados Unidos, pues al cruzar el puente le bajan al radio, se abrochan los cinturones de seguridad, no rebasan los límites de velocidad, no tiran basura en las calles y se guardan de cometer delitos u ofensas, como se llaman allá, pues saben que existe la ley y que no tiene contemplaciones.

Ese mismo mexicano guarda la basura para tirarla por la ventanilla tan pronto cruza el puente de regreso a México, como quita a sus hijos del volante del vehículo al cruzar al lado americano, pues bien sabe que allá, los policías no son tan fácil presa de sus dádivas.

Ahora, en nuestra patria se han dado una serie de “cambios estructurales” como han dado en llamarle los que por eso reciben un sueldo o “chayote” y también, los que están obligados a ello por carecer de libertad de palabra al estar sujetos a una relación laboral formal que los obliga.

Sin embargo y vistos desde la barrera, en efecto los cambios se han dado en lo más profundo de los cimientos de lo jurídico, de lo constitucional y también, en las leyes que afectan a la vida en común de los mexicanos.

Falta difusión, cierto, pero también, falta interés de los ciudadanos por enterarse de las cosas de la polis. Y no solo eso, falta también, que exista la voluntad de querer cambiar uno para que cambie México.

Hoy tuve el privilegio de asistir a realizar unas compras a un mercado tradicional en Monterrey, de esos mercados que han invadido no solo las banquetas, sino también las calles y que se han adueñado de todo en varias manzanas a la redonda. Hablo del Mesón Estrella, muy cercano al Mercado Juárez y en donde coexisten cientos de locatarios, de más o menos fortuna.

Estuve con uno de ellos que me dio una nueva respuesta de por qué no le interesa mi propuesta de seguridad social. Se lo voy a explicar.

Entré al negocio, una casa solariega, de las que algún día tuvieron saraos de aquellos que en los que se echaba la casa por la ventana, de esas fiestas de lujo que aún se dan, pero entre quienes sabrán de todo, menos de penurias económicas. La casa, ya medio en ruinas, con los pisos muy maltratados, toda llena de elotes y calabazas y tomates y cebollas y todo lo que se vende en un mercado. Ahí, entre verduras, estaba el dueño, un hombre de mediana edad y que él busca borrar toda huella de su paso por la vida, para no dejar huella.

El dueño del negocio se ve cansado, de esos que se encorvan como para detener muerte y enfermedades, pero con ganas de que lleguen. Le pregunté que cómo pensaba afrontar las nuevas disposiciones fiscales y me contestó, seguro de sí mismo, que tenía contador encargado de eso. ¿Y las facturas, a quién las va a hacer? Pregunté y me dijo: con que haga una factura mensual en la que englobe todos los tickets de venta diarios es suficiente, nos dijeron en el SAT y los contadores. Tenemos todo en orden, me dijo con voz de suficiencia.

Pero, ¿y la nómina? ¿La va a timbrar? Si, ya tengo el sistema. Tengo todo listo, no sé cómo le van a hacer los demás, porque yo sí estoy preparado, fue su respuesta.

Entonces le pregunté si tiene seguridad social y dijo no. Ahí fue donde dije: ¿Si el gobierno federal le diera una tarjeta tipo cliente frecuente para que la usara cada vez que paga algo que tenga IVA y el equivalente  a 3 puntos de IVA se fuera a una cuenta de ahorros a su nombre, para tener derecho a pensión y a servicio médico, le interesaría? Su respuesta, tajante, fue: no.

Pregunté la razón de su respuesta y me dijo: Porque nos van a controlar más. El gobierno se va a enterar de lo que gasto y entonces sí, nos van a poner más controles y nos van a meter al bote. Reviré: Pero… usted está en orden, me acaba de decir… y volteó a verme y con una mirada de complicidad me dijo: al gobierno nada más le decimos de poquitos ingresos… si no, ¡imagínese cómo nos iría!

Es un mexicano que piensa que pagando poquitos impuestos, engañando al Estado, defraudando al gobierno, las cosas van a mejorar. Tiene dinero y se nota. Pero por eso lo tiene: por corrupto. Así, cuando llegan los inspectores, tiene para darles a todos. No importa de qué dependencia sean, para todos hay.

Y no, ni le va a decir al Gobierno cuánto vende, ni va a permitir que sepa nadie cuánto gasta ni le interesa tener una pensión. Prefiere seguir igual, al cabo ya ve usted cómo son rateros los del gobierno.

Me gustaría conocer su opinión. Vale la pena.
 

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