domingo, 9 de febrero de 2014

Acapulco es México


Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Guerrero

 
José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante      

Conocí Acapulco, la bahía que representa vacaciones, placer, diversión y muchas cosas más, cuando contaba aproximadamente diez años y desde entonces, he sabido que es una de las mejores playas del mundo. Así, sin falsas modestias ni pretendiendo hacer menos a otros centros vacacionales.

Cada uno tiene su propio valer y también, cada uno cuenta sus miserias. Acapulco ha sido lugar donde la mayoría de los verdaderos magnates y artistas nacionales e internacionales han buscado refugio y lo han encontrado, donde los jóvenes saben que existe fiesta suficiente y también, donde los enamorados cumplen sus sueños a la perfección.

La Bahía de ensueño ha mostrado su encanto a todos cuantos la han buscado.

Pero Acapulco tiene problemas, al igual que México todo tiene problemas. Es el mismo. Una ausencia total de poder en el Gobierno, una debilidad absoluta, un “estado fallido” como con certeza lo define Noam Chomsky, que hace que exista publicidad negativa.

El problema no es del mensajero, el problema es el mensaje. Lo que sucede en Acapulco y en México no es que la gente hable mal de la situación. La realidad es que la situación está muy mal, pésimamente mal y al contrario, la gente se queda corta en sus opiniones, pensando que si minimizan las noticias el problema desaparece.

Ayer apenas tuve oportunidad, otra vez, de estar en Acapulco invitado por la Universidad Autónoma de Guerrero a impartir la materia de Seguridad Social en el posgrado de la Facultad de Derecho, del que es responsable mi muy querido amigo el Dr. Ángel Ascencio Romero. Al pedirle a los alumnos que permaneciéramos un rato más en la clase para abarcar más temas, surgió a una voz su respuesta: “no Maestro, vámonos porque el barrio es bravo y aquí hay mucho problema de inseguridad”. Ante esa afirmación y el espanto que pude observar reflejado en sus rostros, terminamos la clase a las ocho en punto, ya oscuro y salimos todos en estampida, con miedo de ser víctimas de la delincuencia.

Cierto, la delincuencia organizada se encarga de tráficos de drogas, de armas, de asaltos de gran monta y esos delitos, que en general son ajenos a la población civil. Los que ganan en la ausencia de gobierno son los raterillos de poca monta, el ladrón que más que ocasional, ha encontrado en el miedo de la población, la ocasión perfecta para obtener unos dividendos que se antojan maravillosos, ante el poco riesgo que representa robar, asaltar, chantajear e incluso, matar, cuando todos sabemos que no existe gobierno. Guerrero, Michoacán, mi tierra Tamaulipas y muchos estados más, pareciera que han doblado las manos y han cedido el control, por miedo, por la fuerza o por complicidad, a los grupos delictivos.

Sin embargo, el gobierno federal, ese que antes representaba el terror de los maleantes, ahora ni con el ejército, la marina ni sus grupos especializados, ha podido hacer mucho. Y no es inyectando 45 mil millones a un estado que se va a terminar la delincuencia. Lo único que hacen en dar más utilidades a los maleantes.

Lo que se debe hacer es educar al pueblo en sus derechos. Lo que se impone es que todos y cada uno de nosotros, los ciudadanos mexicanos de a pie, los que no estamos acostumbrados a quebrantar la ley, levantemos la voz ante las irregularidades, las injusticias y los delitos.

Entonces esas voces representarían lo que ahora es el grito de batalla de Acapulco: Habla bien de Aca.

Esa voz, Habla bien de Aca, representa con angustia lo que la gente de Acapulco y de México todo quieren decir: que los dejen vivir en paz para producir, para hacer la vida y que su esfuerzo sea suyo, no de los maleantes con tanto delito ni de un gobierno que ante su impotencia para controlar el crimen, pretende sangrar más a la población con unos impuestos que además de injustos, son ofensivos y desalientan a la producción.

Acapulco y México son más, mucho más que el gobierno y los maleantes. Unidos podemos.

Vale la pena. Me gustaría conocer su opinión.

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