domingo, 3 de junio de 2012

La central de autobuses de Monterrey.




Hoy vengo a tratar un tema meramente doméstico, de aquí de casa en el que ha faltado de manera absoluta voluntad, intención de hacer algo y por supuesto, acciones. Me refiero a la otrora bonita, cómoda y moderna central de autobuses de Monterrey que hoy es un verdadero asco.

En efecto, hará cosa de tres o cuatro años que los señores del dinero, esos que deciden la forma en que la gente ha de vivir, de actuar y por supuesto, de viajar, al parecer tuvieron un problema por la forma en que estaban repartidas las utilidades de la Central de Autobuses.

Pero voy por el principio. Hace años, muchos años, tantos que tal vez usted, mi querido lector no lo sepa, cada línea de autobuses tenía su propia terminal en la ciudad y ahí llegaban sus unidades. Había terminales de lujo, pobres, limpias y muy sucias. Es decir, cada línea le imprimía su propio sello a su terminal.

Un día, el gobierno determinó que las líneas de autobuses realizaran esfuerzos conjuntos para establecer un edificio común, una central de autobuses moderna, cómoda, limpia, accesible, funcional y todo lo que implique progreso. Se dividieron los cajones de estacionamiento, los lugares para arribar los autobuses y los espacios para venta de boletos.

Claro, cada línea creció, llegaron otras nuevas, hubo fusiones y muchos cambios. Un día de pronto, resultó que unos dijeron que eran dueños de más que los demás y por tanto, deberían quedarse con la mayoría del local de la central de autobuses de Monterrey. Y para no parecer muy oficiosos, empezaron a remodelar las instalaciones. No sé cuántos años llevan así, pero ojalá usted no tuvieran que llegar nunca a la central de autobuses de Monterrey. Es un muladar. Su estacionamiento es para solamente entre veinte y treinta carros del público, cuando tiene mayor afluencia que las centrales de cualquier ciudad vecina.

En el pleito por los espacios, unos se instalaron a vender boletos afuera, otros decían que esos eran boletos robados e ilegales y así, empezó una serie de descalificaciones y todos nos hemos enterado que no son capaces de pintar, de remodelar, de brindar un servicio público de transporte de pasajeros con los mínimos establecidos por la ley.

Vaya usted a Saltillo, a San Luis Potosí, a Querétaro y podrá ver centrales de autobuses limpias, cómodas, relucientes, con muy amplios estacionamientos, hechas para brindar servicio. Luego compare a la de Monterrey… ¡qué vergüenza!

No es un asunto importante, no es la elección de presidente de la república, ni siquiera someto a su consideración cuál de los candidatos a presidente municipal de Monterrey ha logrado acreditar más fallas en el otro, no, no va mi nota en ese sentido.

Es solamente un llamado a un reclamo que he escuchado muchas veces, que he vivido, pues también viajo en autobús, que conozco y sé que lastima a los usuarios.

¿Que qué falta? Tal vez, que el encargado de la secretaría del ramo, tome cartas en el asunto. Tal vez, que los de protección civil clausuren la central porque no reúne los mínimos para operar, tal vez, que los usuarios se adhieran al movimiento 132 para exigir sus derechos… o tal vez los dueños están esperando que les quiten el negocio para así, poder exigir justicia y gritar que los han robado.

En cuanto a lo del siniestro, de la conflagración ahí, en la central, solo es cuestión de esperar unos días. No la deseo, pero se ve venir entre el hacinamiento de mugre, entre la basura y la falta de atención a todo.

Cierto, algunas líneas han establecido pequeñas terminales fuera de la central, ya en camino al viaje, para poder acceder al autobús. Ahí mismo le venden el boleto y puede abordar. La gente las prefiere por ser más prácticas, más seguras y más limpias. Sin embargo, persiste el problema de fondo: La central de autobuses de Monterrey.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.
Director General
Calmécac Asesores Profesionales S.C.
Comentarios: jmgomezporchini@gmail.com 


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