domingo, 1 de enero de 2012

Del Respeto.




Trata a los demás como quieras ser tratado. No hagas a otro lo que no quieras para ti. Con la vara que midas serás medido. Ves la paja en el ojo ajeno y no ves la viga en el propio. Son algunas de las sentencias sabias, muy sabias que la cultura popular ha pasado de generación en generación a través de los años para hacernos saber que el respeto, es un elemento principal en las relaciones humanas.

Al respeto dedico hoy mi nota. A comentarle a usted, mi querido lector, que sólo tratando bien a la gente podrá usted obtener lo que desea o lo que necesita. Que puede más una gota de miel que un litro de hiel. Que con una sonrisa obtiene de grado lo que de mala cara ni por fuerza obtiene.

Sin embargo, es tan difícil entender qué es lo correcto, cuándo debemos ser serios, hostiles, agrios y cuándo abrir la sonrisa a los demás. Si nos están lastimando… ¿cómo me pides que reaccione bien? Es la natural y lógica respuesta humana. El problema es que si aplicamos la antigua ley de ojo por ojo y diente por diente, terminaríamos siendo un mundo de ciegos chimuelos, como ya se ha dicho a lo largo de los tiempos por tantos pensadores.

Luego entonces, ¿qué es lo que procede? No es venganza, es justicia lo que se busca. El principio de la justicia está en el respeto. Si por justicia se entiende dar a cada quien lo suyo, nos remitimos a la frase del inmortal Benito Juárez: El respeto al derecho ajeno, es la paz.

Y sí, en cuanto yo sea respetado, no buscaré camorra. En cuanto mi familia, mis derechos, mi persona, mis bienes, mis posesiones y mi honra sean respetados por los demás, con nadie habrá pleito. La dificultad empieza cuando alguien trasgrede la línea entre su derecho a gritar, a ser feliz, a disfrutar sus bienes, a ser sarcástico, a jugar bromas, a ser flojo, a tronar cuetes, a manejar borracho, a decir majaderías, con mi derecho a ser respetado.

¿Qué necesidad tengo de aguantar o soportar a quien, sabiendo que su conducta me es desagradable, insiste en sus necedades? Tal vez, para alguien sea gracioso, pero para mí o para usted, no. Pues supongo que alguna vez ha debido aguantar a alguien que, seguro de su superioridad en el trabajo, física, económica o cualquiera otra de las que no hacen diferencia en la calidad de las personas, lo ha hecho blanco de sus burlas, de su acoso, de lo que ahora se denomina bullying y que aplica lo mismo en la escuela de menores, como en la de educación media y superior, en el trabajo y aún en la familia.  

Grave será que usted, mi querido lector, que ha sido acosado, busque la forma de revertir su situación acosando a otro, faltándole el respeto a otro, lo que lo rebaja al nivel de aquél que lo molesta.

Es muy triste ver que la gente no entiende que es molesta, que lastima las relaciones y que los hace perder adeptos.

En la colonia donde vivo está una iglesia que, segura que así va a lograr más feligreses, cada hora genera un ruido, que no es música, espantoso, molesto a más no poder y que han anunciado que es mejor que escuchar balazos. Respuesta peor no podría haber producido.

Los perros del barrio, entre ellos el de casa, lloran al escuchar la molestia aquella y los humanos, nos quejamos amargamente del estruendo lastimoso, de la falta de respeto absoluta a los vecinos.

Cierto, a veces algún vecino hace ruido, canta o simplemente, grita. Pero es aislado, es ocasional y es una falta de respeto. Pero la que es cada hora, programada y que no escucha la opinión contraria, es la mayor falta de respeto. Es la que ocasiona el deseo de venganza, la forma de desquitar el coraje. La impotencia de no ser escuchado, de no ser respetado, genera el problema que luego, no puede ser controlado.

Ojalá existiera el respeto como forma de vida. Es un buen deseo para cada nuevo día.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini.

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