domingo, 19 de mayo de 2013

Día del Maestro 2013 o ¿habrá algo que festejar?




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante      

En México quienes buscan ser maestros siguen uno de dos caminos: o estudian una profesión y luego, arriban al magisterio a cumplir su vocación o en busca de un salario o bien, estudian para maestros en instituciones oficiales, con criterios oficiales y cubriendo todos y cada uno de los requisitos que el propio gobierno marca. En el caso de quienes primero tienen un oficio diverso, impartir clases puede ser un complemento, satisfacer su verdadera vocación o también, una fuente de ingresos adicional. Claro, como existen escuelas y colegios de nivel desde preescolar hasta posgrado, ahí puede llegar el profesionista que solamente busca un salario, sin vocación docente y generalmente, dañando a los alumnos.

Los que hoy nos interesan son los maestros que estudian en una escuela oficial, en una normal que depende del estado y de la que se obtiene un título avalado por el propio gobierno; son en teoría, el producto que se arroja al mercado, el egresado de la normal, el que cuenta con todos y cada uno de los requisitos que exige el mismo gobierno. Sin embargo, muchas veces el ser y el deber ser se apartan y así, a pesar de contar con un título de maestro, de nivel licenciatura o posgrado, en realidad la calidad de la institución ha mermado y el producto, el egresado, no reúne realmente los requisitos exigidos.

En realidad, el producto egresado de las instituciones oficiales, con el nombre que usted quiera asignarle, es el maestro que ocupa una plaza oficial y que es forzado a pertenecer al sindicato oficial de maestros en México. Me refiero al maestro de preescolar, de primaria, de secundaria, el maestro que percibe un cheque antes federal, ahora estatal o sin identificación y que ingresó a estudiar una carrera en una institución oficial, con requisitos oficiales y cubriendo lo que le imponían. Al terminar, de pronto sabe y está consciente que puede ser enviado, al asignársele una plaza federal, a una ranchería en cualquier parte del país, a menos que tenga amigos o formas que permitan que su plaza, esté en la escuela que le queda a dos cuadras de su casa. De todo hay en la viña del Señor.

Y así fue muchos años, con un líder sindical, con otro y cambiando presidentes y secretarios del ramo. De pronto, ahora todo cambia en verdad pues ya no es estar bien con un alto funcionario, tener un pariente en el sindicato o ser amigo del Director. No. De pronto, la maestra que tiene más de cincuenta años de edad se entera que a pesar de que ya tiene más de veinte o veinticinco años de servicios, ahora le faltan quince para jubilarse y no los tres o cinco que estimaba.

Ahora, la realidad es que los maestros ya no son empleados del gobierno federal, ya no cuentan con la seguridad social, precaria y todo, pero segura, que otorgaba el ISSSTE, pues de pronto se entera que labora para una outsourcing que no le permite generar antigüedad, ni salario decente, ni vacaciones, ni las demás prestaciones que día a día en radio y televisión el gobierno y sus testaferros insisten en que son derechos de los trabajadores. La realidad, es que pobre de aquél que cometa la insensatez de creer que tendría derechos… pobre iluso. El único derecho que tiene es agarrar sus bártulos y dirigirse a su domicilio a pensar, en silencio, cuál fue su error. Y no, el maestro no se equivocó. El error es del sistema que mutó unas condiciones formalmente pactadas con un sindicato vigoroso, independiente y fuerte, a otras pactadas con quien comía de la mano que le daba migajas, aceptando perder todas las conquistas que como trabajador habían costado tantas vidas.

Ahora, ya con gobiernos que alientan la libre empresa, entendiendo por tal la posibilidad de despedir a los trabajadores sin responsabilidad ninguna para el patrón, de pronto se dan cuenta que están en el paraíso de los patrones, que el obrero no disfruta de derecho alguno y así, no importa que hagan huelgas y sainetes de esos que acostumbran los revoltosos. La ley ya permite la renta de mano de obra sin recato alguno, por lo que ya no existe impedimento.

Piénselo. Ojalá usted sea funcionario público y pueda analizar lo que digo. Nuestros maestros merecen motivos para festejar. No se los estamos dando. Y, bien visto todo el asunto, es criminal lo que está sucediendo. No lo merece México, no lo merecen nuestros hijos. 

Vale la pena. Me gustaría conocer su opinión.



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