domingo, 6 de enero de 2013

Las pequeñas empresas




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante      

Cuando alguien habla de un empresario, de inmediato viene a la mente la idea de una persona exitosa, con grandes bienes de fortuna, sin problemas económicos y que, de algún modo, ha de estar buscando cómo obtener provecho de sus empleados. 
La realidad en México, que pocos o nadie quiere ver, es que ocho o tal vez nueve de cada diez empleos formales que existen en el país, son generados por empresas pequeñas o medianas, de esas que nacen en la cochera de una casa, con una visión de alguien que tiene la osadía de creer en sí mismo y que decide convertir su idea en algo tangible, su emoción en una realidad que trasciende su propia vida.
Y sí, muchas veces esa idea puesta en marcha, la empresa, no llega a buenos términos pues en el camino aparecen baches económicos, problemas legales, abismos fiscales, trabas burocráticas o como usted quiera llamarle a la desventura que produce que la empresa, ese pequeño ente nacido de una idea, no logre llegar más allá de dos o tres años. Y entonces vemos al empresario buscando la forma de cerrar, de dar por terminada la etapa de su vida en la que confió en poder hacer algo.
Bien o mal, siguen, seguimos, habiendo muchos mexicanos que pensamos que iniciar un nuevo negocio, es decir, emprender una aventura en la que el fin es generar riqueza y que, como efectos colaterales existen el pago de impuestos, que enriquecen al país y también, de manera fundamental, el pago de salarios, que hacen que nuestra patria tenga cada vez, mejores ciudadanos.
Usted piensa un día que vender tal o cual producto es bueno y usted confía en que tiene los conocimientos necesarios para ofrecerlo al público, o usted siente que lo que sabe de tal o cual arte es bastante para que otras empresas o particulares lo busquen a fin de obtener sus servicios y en consecuencia, generar ingresos. Y empieza su empresa. Y empiezan los problemas. Que Hacienda le exige tantos requisitos. Que en Salubridad le piden todos los papeles. En Relaciones Exteriores son un poco más amables. En el Ayuntamiento no se tocan el corazón. Y sigue la lista, interminable, de autoridades ante las que tiene que acudir a efecto de que su empresa pueda empezar a generar dinero.
Vamos a suponer que ya logró pasar las primeras pruebas y está funcionando. Necesita contadores, capturistas y cuanto personal se le ocurra a las autoridades a fin de que pueda cumplir con sus obligaciones. Como si su único afán fuera estar pensando qué más se le va a ocurrir al señor autoridad…
Pero seguimos. Ya tiene todo. Y sin embargo, en realidad le falta saber qué va a hacer con lo que tiene.
Si usted ya fue alguna ocasión un empresario o si conoce a un empresario que esté batallando, va a darme la razón en cuanto a que en México, las cosas legales y todo lo relacionado con el funcionamiento de las empresas, pareciera hecho a propósito para que la gente busque la informalidad y no hacer las cosas bien.
Es triste, muy triste, que quien pretende cubrir los requisitos legales fracasa y por el contrario, el que se protege con un líder de colonos o un regidor de pueblo, siempre va viento en popa.
Lo que se requiere en nuestro México es que los funcionarios de gobierno tengan la vergüenza necesaria para saber que si no son capaces de producir absolutamente nada, al menos, permitan que quienes tienen la voluntad de hacerlo, lo puedan hacer sin el temor al fracaso por cualquiera de las razones sinrazón que existen para destruir una empresa.
Se necesita coraje para seguir en la lucha y más, el deseo de saber que México debe salir adelante y para ello, nos necesita a todos.
Vale la pena. Me gustaría conocer su opinión.

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