domingo, 5 de agosto de 2012

Para vivir de apariencias.



Hoy, lo que me mueve a escribir para usted, mi querido lector, es el hecho de que cada vez existe menos dinero circulante real en México, que cada vez crece más la deuda que tiene como fuente las tarjetas de crédito expedidas por bancos, tiendas de descuento, almacenes de prestigio y hasta por Don Juan, el señor de la tiendita de la esquina, que al abrir una línea de crédito a sus clientes, están en realidad generando un dinero inexistente, una pantalla que cubre nuestras miserias, una apariencia de que estamos bien, cuando en realidad, es sólo cuestión de revisar los puntos de la economía que están a punto de tronar, para poder percatarnos que en realidad, las cosas no están como parecen. Que lo que se vive, es de pantalla, de apariencia, de falsedad, nada más.

Corre en redes sociales una frase que indica que compramos cosas que no necesitamos, para gente que no nos interesa, con dinero que no tenemos o algo así. En efecto, ¿a quién vamos a impresionar, si el que no nos conoce ni caso nos hace y el que nos conoce, ya sabe qué tenemos, cómo somos y cuánto ganamos?

Y sin embargo, los juzgados están llenos de demandas en contra de quien no pudo pagar; los usureros se relamen los bigotes viendo a la gente que lucha por cubrir los intereses de las joyas de la abuela; y, las grandes tiendas, seguros que la salita que venden es de aserrín prensado, la ofrecen en abonos fáciles, sabiendo que van a cobrar el costo en el enganche y que todos los demás pagos, son verdadera miel que escurre a sus arcas.

Y cuando usted pretende pelear contra el vendedor, resulta que lo protegen Profeco, policías, el aparato todo del estado que está para servir al dinero y no, a quien en verdad tiene un dolor que lastima. Cierto, existe el robo de famélico, pero sólo una vez y con muchos problemas, cuando lo cierto es que el proceso debería ser contra quien ha tornado en famélicos a los mexicanos.

Es tan grave el caso, que ni los bancos son capaces de responder en caso de que la gente, los ahorradores, les pidan su dinero. La pantalla llega al extremo de que aún los más poderosos, viven de prestado.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

Mtro. José Manuel Gómez Porchini.
Mexicano. Catedrático. Abogado.
Calmécac Asesores Profesionales S.C.
Director General


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