viernes, 4 de julio de 2014

Discurso pronunciado con motivo de la Asamblea Solemne Día del Abogado 2014




Asamblea Solemne Día del Abogado 2014


Distinguidos miembros de la Mesa de Honor
Personalidades que nos acompañan
Compañeros Abogados
Amigos todos

Cada día que he tenido el honor de encabezar los esfuerzos y afanes del Colegio de Abogados de Monterrey, A.C., ya sea asistiendo a reuniones de trabajo con diferentes autoridades o participando en programas de radio y televisión abiertos al público o mediante los diferentes convenios realizados con instituciones que nos han permitido crecer en nuestros horizontes, ha sido una nueva oportunidad de agradecer el enorme privilegio de estar aquí, frente a ustedes.

El orgullo del Colegio de Abogados de Monterrey, A.C., es su independencia y de ahí nace su libertad de criterio, su no sometimiento a designios ajenos a la propia voluntad de sus integrantes.

Su principal baluarte ha sido siempre la amistad, como así nos legara en su ejemplo el Mtro. Carlos Francisco Cisneros Ramos, que en unión de un grupo de amigos fundara esta institución, que ha seguido siendo un templo donde se cultiva el espíritu pero más, la amistad entre sus integrantes.

Así he sentido al Colegio, como una casa de amigos en la que además, existe la oportunidad, maravillosa por cierto, de aprender cosas nuevas, de escuchar temas ignotos y también, de sentar los cimientos para ese andamiaje que soporta la vida: el círculo de amistades.

He tenido oportunidad de advertir que los miembros del Colegio apoyan muy diversas causas sin que pretendan hacer que el Colegio los secunde, lo que habla de la libertad de criterio y de la independencia en el actuar que es pilar fundamental de nuestro actuar.

El Colegio de Abogados de Monterrey, A.C., nuestro Colegio, se sigue manteniendo apartidista, pero no apolítico, pues intervenir en la cosa pública no solo es un derecho del ciudadano, es una obligación que se magnifica cuando se tiene la certeza de lo que se afirma.

No siempre la vara de la justicia se dobla por la dádiva del rico ni tampoco por las lágrimas del pobre. Ahora, con las nuevas políticas y nuevas leyes, cuando ya existen los métodos alternos de solución de conflictos en lo que ni aún quienes están ya certificados para enseñarlos, han logrado comprender en su integridad, tenemos un México que se muere entre el proceso penal de antaño en el que el acusado está obligado a probar su inocencia hasta lo más moderno, que nos exige como abogados, escudriñar a conciencia en la forma más que en el fondo de la administración de justicia.

Ya todos sabemos que el yerro del agente de seguridad que detenga al criminal va a permitir que éste salga libre, en defensa del principio pro persona, sin que los derechos de la víctima tengan valor alguno ante la ley.

Cierto, tal vez el Estado ahorre unos pesos en el costo de la administración de justicia, pero los sentimientos de dolor del ofendido no se calman en modo alguno sabiendo que el culpable está libre por un resquicio legal dejado a propósito por el legislador.

Lo que nuestra sociedad exige aún sin saberlo o tal vez, por la paradoja misma de necesitarlo, es educación. Que nuestros gobernantes inviertan más, mucho más en cultivar el espíritu de las personas y menos, mucho menos en formar cuerpos de represión de ciudadanos.

La colegiación obligatoria, un futuro que ya es presente, está a la vuelta de los días y pareciera que a los profesionistas se nos olvidara que el tiempo a nadie espera. Que el tiempo siempre hace lo que le place, con o sin intervención de los hombres.

Y a nivel global, con nuestros socios de comercio y lo que buscan y enseñan las universidades, el que los propios profesionistas certifiquen y avalen a sus miembros, es decir, que la certificación provenga de un par, no de un ajeno, es una realidad. México no puede escapar a la realidad y por eso va buscando la forma de lograr la colegiación obligatoria, en especial, para quienes manejan la vida, la salud, el patrimonio y la integridad de los seres humanos. Ahí, con varios rubros, entramos los abogados. Ahí está la justificación, el leitmotiv de la existencia del Colegio y también, de la obligación de colegiarnos.

Abrámonos pues a los nuevos tiempos, seguros de que el cambio, a pesar de la resistencia natural, habrá de ser positivo. Pensemos siempre que el estudio y la preparación intelectual han sido el motor de los cambios y del desarrollo del hombre.

El Colegio eso pretende: ayudar a crear cada día mejores seres humanos. Por eso lucha y por eso estamos aquí, reconociendo a quienes desde las aulas, en el caso de los jóvenes o desde el sitial en que la vida los ha colocado, en el caso de los abogados con experiencia.

Cada presea representa el reconocimiento de una organización, en este caso, del Colegio de Abogados de Monterrey, A.C., en favor de los esfuerzos de cada uno de los premiados. Ese solo hecho es suficiente para sentirse orgulloso.

Si además le podemos sumar los años de existencia del Colegio, el prestigio que ha mantenido en la sociedad regiomontana y que siempre ha conservado una línea de verticalidad y congruencia entre lo que dice y hace, quienes hemos recibido las medallas que otorga el Colegio bien podemos sentir la satisfacción del deber cumplido.

Muchas gracias a todos por acompañarnos y les deseo que siempre sigan los dictados de su conciencia. Cuando la hemos preparado para hacer el bien, es nuestra mejor consejera.  

José Manuel Gómez Porchini
Presidente del XIX Consejo Directivo 2013-2014
Colegio de Abogados de Monterrey, A.C.
Monterrey, N.L. 04 de julio de 2014.

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