domingo, 15 de mayo de 2016

El título profesional y los problemas para conseguirlo.



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante


Cuando los jóvenes deciden que sí podrán seguir una carrera profesional y en ese camino enderezan sus pasos, saben que la ruta es difícil, pero también confían en que podrán lograrlo. La estadística es cruel: solo 14 de cada 100 que entran a primaria logran terminar una carrera profesional, según cita La Jornada[1], tomado del estudio Retos educativos de la Secretaría de Educación Pública. 

Sin embargo, según la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior, ANUIES, citada por Excélsior[2], solo cinco de cada diez que ingresaron logran obtener un título profesional. Los otros cinco, o desertaron en el camino o se quedan solo como pasantes, sin conseguir el tan ansiado documento que los acredita como profesionales.

Es decir, siguiendo la lógica de los dos estudios citados, de cada 100 alumnos que ingresan a primaria solo siete obtendrán el tan ansiado título profesional, lo que deja muy mal parado al sistema educativo nacional.

En el análisis que hace ANUIES, toca tanto las instituciones de educación superior, IES, de tipo privado como las públicas, pues es un estudio global del problema. Cierto, las privadas tienen una eficiencia del 60% mientras las públicas de solo el 52%. Es un margen significativo.

Ya con los datos duros expresados, podemos comentar usted y yo, querido lector, el problema que hoy nos ocupa. ¿Cuál es la razón de que los alumnos no logren obtener el título profesional? Y, ¿por qué es más fácil que lo obtengan en una universidad privada que en una pública?

Pensando como usuario de los servicios de la institución educativa, sea privada o pública, el alumno sabe que debe ir venciendo a lo largo del tiempo los escollos que la institución marca para obtener el grado, aclarando que esas trabas son cada una de las materias o créditos que el alumno debe conquistar para llegar a la meta. Es así de fácil: se le dice que cuando tenga un mínimo de veinte o treinta o más materias cursadas, habrá terminado sus estudios. Y uno como alumno así lo sueña y va descontando cada una de las materias que han quedado superadas. Por eso, cuando de pronto la institución indica: ahora deberás presentar un examen de egreso, de la suma de la totalidad de las materias, para ver si eres candidato a obtener el grado, el alumno se desanima, pierde el interés cuando está a escasos pasos de obtener el triunfo.

Luego, cuando ha podido con el reto de cubrir la currícula completa y además, ha presentado un diverso examen de egreso, de pronto la institución le indica que el costo para el trámite del título es de diez o quince o veinte mil pesos adicionales a lo que ha pagado y entonces ahí es cuando se acaba el sueño. El estudiante promedio en México carece de bienes de fortuna para cubrir ese gasto.

Además, de pronto la universidad le requiere la elaboración de una tesis, es decir, de un trabajo de investigación en el que el estudiante deberá analizar un problema y proponer una solución. A pesar de que está a punto de optar por un grado universitario, lo cierto es que nuestras universidades han venido entregando a la sociedad un producto final o estudiante, que carece de las habilidades necesarias para realizar una investigación científica, que desconoce la metodología por completo y también, que el uso de las tecnologías de la información, a pesar de que forman parte de lo que se conoce como “nativos digitales” desconocen el uso de algunas de las funciones de la computadora, entre ellas, las formas de citar. Es una realidad que vivo en el día a día en diversas universidades y con distintos tipos de alumnos.

¿Qué se puede hacer? Primero y de manera urgente, aumentar el vocabulario del estudiante mediante la lectura. Solo leyendo podrá tener acceso a sinónimos, a figuras literarias, a manejo del lenguaje. Segundo: Fomentar la investigación científica, la que cumple con los rigores metodológicos, para que el estudiante egrese realmente capacitado para justificar que es un profesional en un área del saber humano; y, Tercero: Eliminar los costos de los títulos. Que las IES consideren, entre sus costos de matrícula y colegiaturas, el monto del título, prorrateado, de manera que al cubrir la carga académica, el alumno obtenga, sin costo adicional, el preciado título. La institución tuvo tiempo para cobrarlo a lo largo de los estudios del alumno.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.




domingo, 8 de mayo de 2016

Una práctica fiscal indebida y otros pequeños problemas de México.



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante


El pasado 12 de enero de 2016, en el Diario Oficial de la Federación se publicó, entre otros, el Anexo 3 de la Resolución Miscelánea Fiscal para el 2016[1].

Ahí se establece el Criterio 1/CFF/NV que en la parte que nos interesa establece:

“se considera que realiza una práctica fiscal indebida el contribuyente que, a través de sus establecimientos, sucursales, puntos de venta o páginas electrónicas, en vez de cumplir con remitir el comprobante fiscal al SAT o al proveedor de certificación de comprobantes fiscales digitales por Internet para su debida certificación, previamente a su expedición hacia el cliente, solo ponga a disposición del cliente una página electrónica o un medio por el cual invita al mismo cliente para que este por su cuenta proporcione sus datos para poder obtener el comprobante fiscal y no permitir en el mismo acto y lugar que el receptor proporcione sus datos para la generación de dicho comprobante en el propio establecimiento.”

Lo anterior significa que cuando usted acude a un establecimiento, el que sea, del tipo o modalidad que sea, la empresa está obligada a expedir el comprobante fiscal y no solamente a proporcionar los medios para que uno vaya a su casa a hacer el trámite de obtener la factura. Es decir, no se le puede trasladar al comprador la obligación de realizar el trámite de timbrado fiscal e impresión del comprobante, cuando esa es una obligación a cargo de la empresa o establecimiento. No entenderlo así implica incurrir en una “práctica fiscal indebida” y tendrá las consecuencias que la ley impone al transgresor.

Sin embargo, no termina ahí la práctica fiscal indebida. Desde el momento en que la empresa evade su obligación de expedir el comprobante fiscal, es decir, de emitir la factura, está pensando en que así evita el costo de la impresión de dicho comprobante y si son muchas las facturas de un día, imagine usted lo que puede ahorrar en papel, tinta y personal encargado de hacer las facturas. Claro, se ahorra sueldos, se ahorra una plaza de trabajo y se ahorra las obligaciones de un trabajador. Gana a cambio el desprecio del cliente, que como yo, no pienso regresar a la empresa donde se niegan a expedir factura, se gana también que uno piense mal, pues al no hacerlo, uno piensa que esa empresa no reporta ingresos y en consecuencia, no paga impuestos, como también puede uno pensar que no paga trabajadores para no pagar seguridad social y así, se va armando la cadenita de yerros, de pequeños problemas que son los que tienen a México en el lamentable estado en que se encuentra.

Antes, el patrón era el dueño de las herramientas de trabajo y el obrero aportaba su fuerza y a cambio, recibía un salario. Ahora, el patrón elude su obligación y al trabajador se le carga el aportar la herramienta de trabajo, que va desde acudir con su equipo de cómputo a la empresa para desde ahí trabajar, hasta utilizar su vehículo en las labores de la empresa. A veces, el patrón paga la gasolina, pero no el mantenimiento y muchas veces, la inmensa mayoría, el patrón no reconoce gasto alguno en favor del obrero.

También, el obrero debe aportar su propio teléfono celular para estar disponible a las órdenes del patrón. ¡Y pobre del obrero que no proporcione los datos de su celular a la empresa! Incluso puede llegar a ser despedido, claro, sin causa ni razón alguna, pero así están las políticas actuales.

Antes, el patrón le proporcionaba a usted su recibo de salario. Ahora le dicen que usted entre a la página de la empresa a descargarlo. El principio es exactamente el mismo: se ahorran papel, tinta y empleado a cargo de la impresión. Usted diga qué se gana la empresa.

Lo que nos corresponde como ciudadanos es denunciar lo que está mal y no apoyar prácticas corruptas. Vamos a unirnos para decir, para hacer saber, para denunciar lo que está mal, hasta que al corrupto le de vergüenza o hasta que alguien cumpla su obligación y se haga justicia.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

domingo, 1 de mayo de 2016

El ocaso del outsourcing o una mala práctica que termina



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante


Hace ya muchos años y por necesidades del servicio, algunas empresas, en especial las grandes, iniciaron una práctica que por sí sola es buena, no es dañina y que se supone no debería causar ningún problema… bueno, hasta que intervino el SAT y todo lo echó a perder.

Cualquiera de las grandes corporaciones, que por su especialidad, tenían un objeto social definido, vamos, que produjeran cervezas o vidrio o lámina, no tenían ni el personal ni el equipo para construir hornos o bodegas dentro de sus propias instalaciones; así nace la contratación de empresas ajenas, la “tercerización”, para que fueran a realizar una actividad que a la empresa le era ajena y para la que no estaba capacitada. Obvio, se pagaban las facturas por los costos de material y mano de obra, incluyendo impuestos. Nadie dijo nada y era una fuente de ingresos.

Pasaron muchos años y así siguió.

Por otro lado, desde siempre los sueldos de los trabajadores y todas las prestaciones sociales han sido uno de los costos, más bien, gastos de las empresas y no están afectos al impuesto al valor agregado, IVA por sus siglas. La empresa vende con IVA y los sueldos los paga sin IVA. Ahí el diferencial lo cubre la empresa.

De pronto a alguien se le ocurrió que si le entregaba una factura a la empresa por los costos de los empleados, así como las que entregaban las empresas, podrían deducir el IVA y el patrón obtendría un gran ahorro. Luego, surgió uno más inteligente y dijo que si los inscribía con salario menor ante el Instituto Mexicano del Seguro Social, las cuotas serían menores… y otro opinó que mejor no pagaran seguridad social y otro dijo… bueno, hasta que llegamos al momento actual, en el que las empresas, grandes, medianas, pequeñas y hasta el aparato gubernamental, en lugar de contratar a sus propios trabajadores, mejor contratan los de una outsourcing y así no generan antigüedad, no tienen compromisos con el IMSS, no pagan impuestos, no cuestan casi nada… claro, el costo social es altísimo pero eso no hay quién se lo explique a la gente de gobierno.

De pronto el día viernes 29 de abril de 2016 aparece un Tribunal Colegiado, el Quinto en materia administrativa del Tercer Circuito, y lanza una Tesis Aislada que, por lo pronto, es obligatoria para los que residen en Jalisco y espero pronto sea a nivel nacional. La tesis dice: VALOR AGREGADO. LA SUBCONTRATACIÓN LABORAL DERIVADA DE UN CONTRATO DE PRESTACIÓN DE SERVICIOS NO ESTÁ GRAVADA POR EL IMPUESTO RELATIVO[1].

Es decir, de pronto se dan cuenta del daño que se ha venido causando al tejido social, a los obreros, a la planta productiva y a toda la sociedad al permitir que los obreros ya no tengan un patrón cierto, al eludir las obligaciones de seguridad social, al escamotearle al trabajador la antigüedad general de empresa, al robarles la participación de utilidades, vamos, al dejar solo y a la deriva al obrero que ya no reconoce ni respeta la figura del patrón, pues no lo alcanza a identificar.

Regresar a la seguridad de que cada empresa es responsable de sus trabajadores regresará al país parte, una gran parte, de la identidad perdida. Va mi más sincera felicitación a quienes intervinieron en tan atinada decisión.  

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.