Mostrando entradas con la etiqueta Players of Life. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Players of Life. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de enero de 2018

De “El Coronel no tiene quién le escriba” a “Robo en las alturas (Tower Heist)”. El Problema de pensiones.

José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante

“El Coronel no tiene quién le escriba” es la segunda novela del genial Gabriel García Márquez, publicada en 1961 y que redactara a lo largo de la década de los ´50, en la que a pesar de que mucha gente, incluidos críticos, establecen que el tema principal es la muerte de su hijo, o el gallo, o la pelea de gallos… la verdad es que el mismo título tiene la respuesta. La carta que espera el Coronel, de quien por cierto nunca se sabe el nombre, es la que habría de concederle su pensión, esa a la que tenía derecho y que el gobierno nunca le reconoció.

El párrafo anterior nos demuestra que ya en los años cincuenta del pasado siglo XX, existía problema de pensiones, sin que se hubiera atendido pues solo se postergó, trasladándolo a las nuevas generaciones, que ya somos nosotros y nuestros hijos.

Robo en las alturas o conforme a su título en inglés, Tower Heist, trata exactamente el mismo problema: pensiones. Visto desde otra óptica y con distintos ingredientes, pero el fondo es el mismo. La gente aporta para sus pensiones y de pronto, alguien llega y se roba los fondos. Por supuesto, una película protagonizada por Ben Stiller, Eddie Murphy, Alan Alda, Téa Leoni, Casey Affleck, Matthew Broderick, dirigida por Brett Ratner y con la producción de corte estadounidense de 2011, garantiza un rato divertido, que deja en el espectador la sensación de que el millonario que les roba los fondos de pensiones a los pobres, en su mayoría inmigrantes, a pesar de que entre los robados está el administrador del edificio y en consecuencia, casi con ingresos de hombre rico, es el culpable y que el robo de los robados es solo justicia.

Como esas, que de algún modo son ficción, existen infinidad de casos en los que alguien, una persona, una entidad, un gobierno, ha escamoteado los ahorros de los trabajadores y desaparecido los fondos de pensiones de los obreros. Es cuestión de que busque en las noticias y verá que hay muchas notas al respecto. Fraude y robo a los sistemas de pensiones.

Aquí procede hacer varias aclaraciones. A pesar de que es un tema que está abierto a la luz pública, si usted pregunta, incluso a los legisladores, le dirán que, en México, la pensión es una obligación del gobierno y que quien está obligado a proporcionarla es el Seguro Social, cuyo nombre correcto es Instituto Mexicano del Seguro Social. No cabe confundir la seguridad social con el seguro social. Aquella es el género, éste, la especie.

Sin embargo, en cuanto pregunto: ¿y a los maestros quién los pensiona?, se acuerdan del ISSSTE o Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado. De inmediato surgen fuerzas armadas, universidades públicas, paraestatales y demás.

En nuestro México coexisten muchos sistemas de pensiones, tal vez más de cien, en el que cada uno tiene sus propios requisitos y, por lo tanto, cada uno establece sus reglas. Además, no existe portabilidad en los derechos de uno a otro sistema, salvo contadas excepciones entre IMSS e ISSSTE. Los otros no lo permiten. Así, si usted cotizó 10 años para el gobierno de un estado, otros diez para una paraestatal, otros diez en una universidad pública y otros tantos en una empresa privada que lo afilia al IMSS, ninguno de los sistemas ha de pensionarlo pues para ninguno cumple con los requisitos que en su mayoría son: un número determinado de años de servicio o antigüedad (desde 15 y hasta 40 o más), una determinada edad (desde cuarenta y hasta sesenta y cinco o más años de edad) y además, ser trabajador activo, es decir, laborar para una empresa que tenga ese sistema de pensiones.

Ya con esos antecedentes es que vengo a comentarle que existe la propuesta que he llevado a múltiples foros: académicos, políticos, universitarios, empresariales y sindicales y cada vez que tengo oportunidad. Incluso, en televisión abierta por RTVNL Canal 28 a quien le agradezco la oportunidad de contar durante casi dos años con un espacio cada lunes. Esa propuesta sigue siendo válida y está a sus órdenes. Solo le pido la haga saber a un político que sí quiera a nuestro país, a un político que la haga valer y la defienda.

Genera, además de seguridad social para la totalidad de la población, lo que significa servicio médico y pensión, una posibilidad de que el gobierno incremente la recaudación por concepto de Impuesto al Valor Agregado, IVA por sus siglas, de casi el 40% que acepta, admite y reconoce que tiene como pérdida por evasión y elusión fiscal; disminuye la actividad informal; reduce el contrabando; incrementa el ahorro nacional; amén de muchos otros beneficios más.

Y es tan fácil como otorgarle a cada mexicano una tarjeta de cliente frecuente de Hacienda, para que en cada operación que realice cada uno de los casi ciento veinte millones de mexicanos, el equivalente a dos puntos de IVA se depositarían en una cuenta de ahorros de cada uno de los mexicanos, ligada al CURP, Clave Única de Registro de Población, para que todos tuvieran ahorro desde recién nacidos y hasta completar, digamos, 60 o tal vez, sesenta y cinco años. Es una propuesta todavía, está en sus manos ayudarme a perfeccionarla.

Por mi parte, yo estoy dispuesto a atenderle.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.


José Manuel Gómez Porchini



miércoles, 27 de diciembre de 2017

El cambio como constante



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante


Cada año tiene sus propios afanes y cada uno nos va marcando en la forma de hacer la vida. En uno, recibimos un hijo o logramos terminar una carrera; en otro, perdimos a alguien muy querido o cambiamos de residencia. En cada año, nos hacemos las mismas promesas de ser mejores y de buscar a los que nos han querido, así como nos comprometemos a cambiar nuestras conductas negativas. No siempre se logra y ahí estriba el sabor de la vida.

Hoy, que 2017 está a punto de terminar y se acerca 2018 a velocidad insospechada, cuando vemos que las promesas de ayer siguen pendientes y nuestros defectos siguen iguales, de nueva cuenta nos empeñamos en cambiar… sabiendo que no todo será cierto.

Sin embargo, el cambio, el anhelo de ser mejores es la constante que nos permite soportar la vida, pues a pesar de que ésta trata de derrotarnos, cada uno va buscando la manera de salir adelante, de demostrar que puede con los sinsabores del día a día y más aún, que el progreso en sus múltiples formas es posible.

Soñar que con nuestras acciones vamos a lograr cambiar el mundo, como lo han hecho los grandes pensadores, es lo que nos mantiene en la lucha a todos. Cada uno, desde su trinchera, aporta al colectivo social su esfuerzo y así, de la suma de todos, se arriba a lo que nos lleva a nuevos estadíos.

En lo personal, 2017 me deja excelente sabor de boca. En casa, mis hijos avanzan en su desarrollo profesional y Tina mi esposa cada día domina mejor las tecnologías de la información y con ello logra su meta: ser maestra de excelencia. Yo, que sigo dando clases, no tengo cómo agradecer que se hayan fijado en mí para desempeñar un cargo tan honroso como el de presidente de la Junta de Conciliación y Arbitraje y más, en la tierra de mis mayores, en mi Matamoros querido.

Pero cada nueva encomienda, cada nueva responsabilidad, el saber que ahora las decisiones que asuma tendrán repercusiones en la vida de algunas personas, me obliga a repensar lo que sigue.

¿En realidad, vale la pena el esfuerzo de viajar y estar lejos de mi familia? ¿Hay algo que recompense mis afanes?

El dinero es, tal vez, el último de los satisfactores del empleado en un puesto de trabajo, a pesar de ser el más necesario.

Usted puede contratar trabajadores por buenos sueldos, pero los malos tratos, la desconfianza, el ambiente laboral hostil y muchos otros vicios de la relación laboral, dan al traste con la mejor de las empresas. Se requiere que el obrero, cualquiera que sea su nivel, se sienta motivado, que vea que su trabajo es productivo, que el superior lo aprecia y que a quien va dirigido, se sienta satisfecho.

En la burocracia, los salarios son casi ajenos a la voluntad de los funcionarios. Los determina “alguien”, ajeno a lo que se hace y “así debe ser”. No hay poder humano que logre cambiarlos.

Pero he tenido experiencias maravillosas con seres humanos que me han llenado de satisfacción de tal manera, que todo esfuerzo queda convertido en nada al contemplar el resultado de un trabajo hecho a tiempo.

Estaba un día en la Junta, recién llegado, cuando vi a una señora ya entrada en años, luchando en la maraña burocrática por su asunto. Y le pedí que pasara al privado del presidente. Ahí, la escuché cuando me contó que tenía más de dos años que había comenzado los trámites para cobrar la pensión derivada de la muerte de su hijo y que aún no tenía resultado. Me levanté, pedí el expediente, lo revisé y me di cuenta de que solo faltaba un pequeño impulso procesal que ella no daría nunca por su desconocimiento de los trámites jurídicos. Le ayudé y ese mismo día obtuvo la resolución que necesitaba y pudo ir a cobrar a la fábrica que ya tenía listo el cheque. Regresó a darme las gracias y a bendecirme en todos los tonos. La cara de satisfacción de la señora cubre con creces todos mis esfuerzos.

Otro día, caminando en los pasillos de la Junta, pude ver a un abuelo, sin ánimo ni emoción por la vida, con los hombros colgados y la mirada perdida, preguntar también por los trámites de pensión de su fallecida esposa. Le pedí me relatara su problema y me enteré de que tenía una hija que lo hizo abuelo antes de los veintiún años; un hijo de diecinueve años que aún estudia y otro de catorce con problemas de motricidad, es decir, con lo que ahora se denomina capacidades especiales. Su esposa sufrió un cáncer de diez meses y ya tenía dos meses de haber fallecido. Preguntó por el cheque que en la empresa le deberían de entregar. Al revisar el expediente, únicamente existía la promoción de la empresa, pues él no había comparecido en autos, es decir, no había entregado documentación alguna… así, ¿cómo saldría algún día un cheque en su favor? Le pregunté su edad, pues no parecía ser muy grande y mi asombro fue inmenso cuando ese hombre derrotado por la vida, ya abuelo y viudo, me dijo que ya había cumplido los treinta y nueve años… ¡Apenas treinta y nueve años! De ese tamaño es la ignorancia y obvio, en quien menos sabe más se cargan las penas. Le ayudamos y por un momento me pareció ver que su rostro se iluminaba con una sonrisa. Y le dije: -para eso estamos en la Junta, para atenderlo. Me dio las gracias con voz apenas audible, pero lo sentí muy sincero.

En cuanto pueda seguir atendiendo a la gente y buscando la manera de ayudarles a hacer la vida, todos los desvelos y los esfuerzos son pocos.

Creo que esa es la sensibilidad social que nos hace falta a muchos mexicanos para entender que México tiene todo para salir adelante. El problema es que no cumplimos nuestros compromisos… a veces. Otras, sí.

Lo invito a ser de los que sí cumplen sus promesas de año nuevo. Desde bajar de peso hasta ser más humano. Piénselo.

Vale la pena.

Me gustaría conocer su opinión.

José Manuel Gómez Porchini


martes, 24 de octubre de 2017

Made in México. Crónica de una tarde de teatro



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante


Serían aproximadamente las cuatro de la tarde cuando mi hermana Isabel me habló para invitarme a ver la obra de teatro Made in México. Me dijo que saldría Juan Ferrara y otros. Por supuesto, acepté. No es cosa de dejar pasar una oportunidad de ir al teatro y sentirme como riquillo, cuando menos así dijo Alejandro Suárez.

Y sí, la obra se presentó en el Teatro de la Reforma en mi muy querido Matamoros, Tamaulipas, en el marco del Festival Cultural de Otoño. Ahí estaba todo el mundo, cuando menos, todo el mundo que representa algo en la ciudad y también, que tiene para pagar el importe del teatro, que siempre ha sido una diversión elitista, por lo caro de los precios.

Tercera llamada, comenzamos. Y empezó la obra.

Una María Rojo espléndida en su papel de ama de casa de familia pobre, venida a lo mínimo después de las devaluaciones y los descalabros económicos que ha sufrido el pueblo mexicano, fíjese bien, digo el pueblo mexicano, porque los funcionarios, los políticos, los grandes empresarios, de cada descalabro del país han salido mejor librados. Siempre el amolado es Juan Pueblo y así lo repitieron hasta el cansancio.

Apareció El Negro. Alejandro Suárez que en el nombre lleva la fama. El Negro, con el departamento en la vecindad y el taller hipotecados, con una hija que sueña con estudiar una carrera y que tiene un novio que “no me gusta”, según El Negro, pero que a quien le ha de gustar es a la niña, según La Yolis, que es el papel de María Rojo.

Y de pronto irrumpe en escena Juan Ferrara acompañado de Laura Flores. Él, con la presencia en escena que hacía desvanecer a las mujeres… y ella, con los tonos norteños, de la vecina Reynosa, que le dan carácter al personaje.

Resulta que el Negro y Marisela, el papel de Laura Flores, son hermanos. Fueron compañeros de escuela todos… Marisela y La Yolis, estaban en primero, El Cuñado, que es el papel de Ferrara, en tercero y El Negro, en sexto de primaria. Terminaron juntos y según aclaró El Negro, no porque hubiera reprobado, sino porque los esperó. Claro, estuvo nada más siete años en sexto, no más, porque ya no cabía en el pupitre.

Marisela y El Negro, hermanos. Cuando la devaluación, alguna importante, que lo han sido todas a lo largo de los años, El Cuñado y Marisela debieron emigrar con los gringos a hacer la vida y no por gusto, sino porque aquí, en su tierra, se le cerraron todas las puertas.

El Negro y la Yolis han permanecido en México, con todo hipotecado, sin esperanza alguna de levantar cabeza y con el sufrimiento a flor de piel, el dolor de la pobreza y la humillación de permitir que otro pague sus cuentas, porque no tiene con qué hacerlo él. Eso sí, dijo que le gustaba que lo estuvieran humillando.

El punto crucial es la disyuntiva: irse con El Cuñado y Marisela a vivir con los gringos a Estados Unidos, donde Marisela ya le consiguió trabajo y visa a su hermano El Negro o permanecer aferrados a un país que cada día tiene menos que ofrecer a sus connacionales, a pesar de que algún día se le dibujó como “El Cuerno de la Abundancia” (ojalá usted lo recuerde) y en el que se nos dijo que teníamos que aprender a “administrar la riqueza”. Ellos sí aprendieron. La inmensa mayoría de los mexicanos, solo hemos lidiado con la pobreza.

Y María Rojo, La Yolis, se negó a dejar su tierra, escuchando canciones como México en la Piel. Ofreció sus razones: la tierra de mis padres, la herencia de sangre, mis muertos y sus querencias y otras cosas que los apátridas ignoran.

Todo ello en medio de una serie de chistes ya muy conocidos, muy trillados que por momentos me hicieron estar en brazos de Morfeo, pero mi hermana impidió que disfrutara el sueño. Valió, porque pude disfrutar la obra.

Es original de una argentina, Nelly Fernández Tiscornia y dirigida por Manuel González Gil. 

En momentos es más que cruda. Es brutal y no dijeron una sola mentira. Reflejaron lo que muchos sabemos pero que pocos plasman en tinta. Es la realidad mexicana que, por lacerante, es realidad latinoamericana. Es lo mismo a lo que le cantó La Negra, Mercedes Sosa, cuando habla de los desahuciados que tienen que partir a otra tierra. Es nuestro México y se lo están acabando. Esa es la obra que representa la vida real.

Y sí, los artistas, desde la Grecia antigua, han sido los que, desde el papel de bufones, se atrevían a decirle al rey los errores que veían. Así ahora, en que con todas sus letras describen una realidad social y la gente los aplaude… este es nuestro México.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini


jueves, 4 de mayo de 2017

Paciencia



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante

Acabo de estar en la ciudad de Colima, en la XVII Asamblea de la Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y de la Previsión Social y tuve el orgullo de que la ponencia que presenté, fuera aprobada, tanto en la Mesa de Seguridad Social como en la Asamblea Plenaria. ¿Qué va a pasar después? Aún no lo sé. Imagino que la Academia habrá de apoyarla y en su momento, hacerla llegar a la Cámara de Diputados como propuesta de ley de la Academia. La idea es mía, pero el bien es para todos.

Y ahora, voy a tratar de recapitular en lo que he venido haciendo.

De los años 2000 a 2003 cursé la maestría en derecho constitucional y amparo en la Universidad Autónoma de Tamaulipas y debí presentar múltiples ensayos como medio para obtener calificaciones en cada una de las materias. Me gustó el método y ahora, como maestro, procuro pedir a mis alumnos que escriban ensayos. Siento que es una forma muy agradable de obtener conocimiento.

Cuando llegué a vivir a Monterrey, pues la vida y la empresa me trajeron para acá, tuve el honor de ser invitado a impartir cátedra en la Universidad Autónoma de Nuevo León, mi Alma Mater, precisamente en la materia de derecho fiscal. Para ese entonces, yo ya había aprendido algo de derecho laboral y otro poco de fiscal. Ya eran más de quince años de litigio en ambas materias.

Tenía la obligación de elaborar la tesis para obtener el grado y en mis viajes, precisamente en la bellísima ciudad de Chihuahua capital, me dediqué en las madrugadas muchos días a redactarla.

Fueron meses de desvelo, de cinco a siete de la mañana de escribir frente a la computadora hasta que quedó algo más o menos presentable. La envié para revisión a varios de mis más cercanos amigos, todos unos genios, quienes hicieron algunas críticas. Acepté algo y defendí otros puntos y quedó el trabajo final, el que envié a mi asesor de tesis, el Dr. Edgar Danés a Ciudad Victoria.

Presenté mi examen de grado y resulté aprobado con la tesis que defendí y que es la que he venido impulsando. Para protegerla, tramité y obtuve derechos de autor y lo publiqué como libro, gracias a Omar Lazcano Garza, de Editorial Elsa G. de Lazcano aquí en Monterrey. Ya hecho libro, comencé a escribir. Primero en El Porvenir, aquí en Monterrey, gracias a Nelly Cepeda, a Lupyz Carranza y a la gente de tanta valía del periódico. Ya después, en muchos medios, algunos de lujo, como Players of Life.

Se trata de crear un impuesto indirecto que habrá de cobrarse en cada operación gravada con el impuesto al valor agregado, IVA por sus siglas. El que propongo, ha de llamarse Impuesto de Aportación de Seguridad Social Indirecto, IASSI por sus siglas.

Así, cada uno de los mexicanos, obtendría una tarjeta de cliente frecuente de Hacienda que podría utilizar en cada operación gravada con IVA y el equivalente a dos o tres puntos de IVA se iría a una cuenta propiedad particular de cada uno. Habría cuentas para las personas físicas, ligadas al CURP; para las personas morales, con el RFC y para el gobierno, serían las de las compras del propio gobierno y también, las de aquellos extranjeros y personas que no tuvieran o no quisieran usar su tarjeta.

Participé en el concurso de la Conferencia Interamericana de la Seguridad Social, que en aquél entonces era presidida por un mexicano. Mi propuesta no obtuvo ni mención ni registro. Al tiempo, el entonces titular, publicó un libro en el que plantea algo parecido a lo que yo propuse.

Me dediqué entonces a hacer llegar mi propuesta a los legisladores, diputados y senadores, por lo que estuve enviando correos electrónicos con la propuesta, habiendo logrado entablar conversación con grandes próceres de la política mexicana, algunos de ellos hoy en prisión o huyendo. Ninguno la presentó ante el gran público ni la hizo valer en la tribuna.

En 2006, acudí a la Asamblea de la Academia de derecho del Trabajo en Monterrey y tuve conversaciones con varios de nuestros más destacados laboralistas: Don Pedro Ojeda Paullada, Don Porfirio Muñoz Ledo y varios más. En la Mesa de Seguridad Social, tuve de orador a favor de mi propuesta, a Don Porfirio Muñoz Ledo, lo que mucho le agradezco. En la Mesa pasó. En la Sesión Plenaria, hubo un empate y se envió como trabajo de investigación que creo que nunca nadie lo vio.

Pasaron los años y buscando hacer valer mi propuesta, encontré el medio para aparecer en televisión y desde ahí, promocionarla. He impartido cátedra y busco hacerla valer, sembrando en los jóvenes la idea de que México puede ser pionero en otorgar seguridad social a la totalidad de la población. Incluso en alguna ocasión un presidente de la república me invitó a presentarla ante funcionarios de primer nivel en el Castillo de Chapultepec y lo hice, en lo que, para mí, fue una experiencia de lujo. Sin embargo, no hubo resultados.

Ahora, en 2017, volví a enviar mi propuesta. Creo que no es necesario contarle a usted la ilusión que me hacía poder estar ante el auditorio para externar lo que considero es la solución a muchos de los problemas que nos aquejan y que tan puntualmente se presentaron ante la Academia por varios de los expositores.

Y llegué y pasó en la Mesa, 16 votos en contra, 22 a favor. Y luego, en la Sesión Plenaria, dos votos en contra y una abrumadora mayoría a favor. Por eso inicié diciendo que no sé lo que sigue.

Varias veces, cuando me han escuchado, me han pedido que suba a la tribuna más alta de la nación a hacerla valer y por supuesto, si para que la propuesta sea válida, para que se convierta en realidad, necesito ser legislador, con mucho gusto lo seré.

Llevo más de trece años insistiendo en un tema que me parece jurídicamente posible, tecnológicamente sin trabas y que solo requiere de voluntad política para ser una realidad constitucional, un derecho y no, una canonjía o una limosna, como resultan ser los programas que regalan dinero ajeno a cambio de votos. Lo planteo como derecho y con posibilidades de hacerlo valer.

Ya de algún país extranjero me pidieron autorización para analizarla. Para mí, sería un gran orgullo que en alguna parte del mundo se tomara en cuenta y se implementara. Como mexicano, sería una gran pena que en mi propia patria no encontrara eco.

Por eso, de nueva cuenta le pido a usted que me ayude a difundir la propuesta. Es por México.

Vale la pena.

Me gustaría conocer su opinión.

José Manuel Gómez Porchini
Orgullosamente mexicano.