domingo, 6 de octubre de 2013

Los nuevos negocios.



Para alcanzar la grandeza, empieza donde estás, usa lo que tienes y haz lo que puedas.
Tomado del muro de Facebook de Juan Alonso Garibaldi Rodríguez, con autorización del autor.


José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante              


Existe la idea muy generalizada de que la mejor manera de terminar con los problemas económicos es buscando una nueva fuente de ingresos que permita obtener más de lo que se gasta. Y entonces, como buen mexicano, como gente que ama a su país, va usted y decide empezar un negocio de… vamos, de lo que usted quiera. Da lo mismo que quiera dedicarse a triturar piedra que a vender colchones en abonos o a servir comidas en las fábricas o cualquier otra idea maravillosa que pudiera tener.

Lo primero que surge es la despiadada fauna de inspectores, verificadores, encargados de revisión y autorización y demás entes de gobierno de todos niveles que van a buscar cómo hacerle para obtener su tajada del negocio que usted quiere empezar. Y créame que no lo van a perdonar.

En otros lares en que he tenido oportunidad de ver nacer y crecer empresas, el único permiso o autorización que se requiere es el de la Central de Bomberos, para garantizar que el local cuenta con salidas de emergencia y disponibilidad de agua en caso de una conflagración.

Aquí, en este México nuestro, ni las principales oficinas de gobierno cuentan con salidas de emergencia ni tampoco, con hidrantes suficientes para un caso de emergencia.

Hemos visto tantos y tantos casos de quemados, de atrapados y de gente que muere por falta de salidas de emergencia, que podría decirse que lo último que se revisa aquí es ese punto. Pero eso sí le aseguro a usted, mi querido lector: el día que trate de establecer un negocio, lo primero que tendrá será a los verificadores de que tenga todos sus papeles en regla, como si hubiera un manual que establezca cuáles son los que debe mostrar a la autoridad.

Cierto, está la ley como norma, pero hace falta además de conocerla, entender cómo es que la aplican los encargados y ahí, en lo subjetivo de la conducta humana, es donde se pierde la oportunidad de salir adelante.

Para lograr tener se debe gastar menos de lo que se gana o ganar más de lo que se gasta, que al final, resulta ser la misma fórmula, pero presentada de diversas formas.

Y ahí es donde está el círculo vicioso que nos impide a los mexicanos progresar, el candado que cierra las oportunidades de negocio a quienes tratamos de hacer que progrese el país, claro, progresando cada uno en lo particular. En el hecho de que no se cuenta con los medios para iniciar un negocio en la forma correcta.

Y cuando usted inicia su empresa partiendo de bases falsas, de puntos de apoyo que no están soportados en nada, entonces su choque con la realidad del país resulta de tal manera, que abandona todo esfuerzo y cambia su libertad por unos pesos mal habidos.

Lo cierto es que hace falta que se permita el libre juego de los creativos, de los inversionistas, de los que desean salir adelante. De ninguna manera es ilícito vender piedras trituradas ni colchones en abonos ni comidas en las fábricas. Tal vez, hacer más flexibles las normas para que la gente pueda estar dentro de lo legal y así, poder controlar lo que se vende. Tal vez, permitir que los comerciantes disfruten de la posibilidad de un periodo de gracia en lo que el negocio puede soportar cargas impositivas.

Lo que sí puedo garantizarle a usted, es que si la oferta de la Secretaría de Hacienda es que el repartidor de refrescos sea quien meta a la formalidad a los vendedores de comida, vamos a tener muchos problemas de toda índole. Y además, que no habrá crecimiento económico. Así, no.

Me gustaría conocer su opinión. Vale la pena.

domingo, 29 de septiembre de 2013

La progresividad de los Derechos Humanos.




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante      

El tercer párrafo del artículo 1º. de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos dice textualmente lo siguiente: “Todas las autoridades, en el ámbito de sus competencias, tienen la obligación de promover, respetar, proteger y garantizar los derechos humanos de conformidad con los principios de universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. En consecuencia, el Estado deberá prevenir, investigar, sancionar y reparar las violaciones a los derechos humanos, en los términos que establezca la ley”.
Lo anterior significa, palabras más, palabras menos, que todas y cada una de las autoridades en México, federales, estatales y municipales, están obligadas a promover, respetar, proteger y garantizar los Derechos Humanos. Claro, el artículo es muy enfático cuando afirma que los principios que deben seguirse para esa promoción, respeto, protección y garantía de los DD.HH. son la universalidad, interdependencia, indivisibilidad y progresividad. Hoy y ante usted, querido lector, solamente quiero referirme a lo que significa este último principio: la progresividad.
Progresivo significa que los derechos humanos vayan como las ranitas, para adelante siempre y nunca para atrás.
Sin embargo, a pesar de la claridad meridiana con que el ya citado artículo primero constitucional habla de que siempre serán para adelante los derechos humanos de las personas en México y que ahora se les llena la boca a nuestros sapientísimos Ministros, Magistrados y Jueces para defender el principio pro homine o principio pro persona, que significa que siempre se ha de buscar lo mejor para los seres humanos, resulta que nuestros trabajadores en general y los maestros, si, el gremio del magisterio, cada día se despiertan con un nuevo retroceso.
Pareciera que existe una carrera por encontrar a la autoridad que más viola en perjuicio de la clase social menos favorecida del país, todos y cada uno de los derechos humanos… si es que alguna vez lograron tenerlos a su favor.
En efecto, antes el trabajador tenía una jornada máxima de ocho horas… que ya con horas extras, a veces llegaba a doce pero bueno, al menos le pagaban las diferencias. Ahora, como ya tiene contrato por horas, si quiere que le pague una el patrón, tiene que laborar cuando menos dos gratis…
Antes, el obrero tenía derecho a participación de utilidades, lo que ahora con la forma esa ofensiva, criminal y deshonrosa de contratar llamada outsourcing, por más que ya esté dentro de la ley, el trabajador no tiene ni patrón cierto, ni derecho a participación de utilidades, ni sabrá nunca quién es su verdadero patrón ni podrá gozar de la estabilidad en el empleo que era la fuerza de las empresas.
En la empresa está la gente, pero así, amorfa, sin voluntad y sin destino, sin ganas de participar y sin deseos de progresar.
Antes, nuestros obreros buscaban la forma de crecer como personas y lograban llegar a escalar los mejores puestos en la empresa. Se podía y era válido. Ahora, la empresa te exige nosécuántos títulos, diplomados y maestrías para que al final, vuelvan a recurrir a la experiencia del viejo aquel que rescindieron por viejo, pero que es el que conoce cómo funciona toda la maquinaria de la empresa. Esa experiencia, ese saber hacer, no se consigue en los libros ni en la escuela formal. Ese es aprendizaje de vida.
Y así están nuestros maestros. Que tienen que cumplir con la carrera magisterial que solo pasan los recomendados… que tienen que ir a hacer guardia a la oficina del sindicato, aun cuando saben que el del sindicato ya se vendió, ya se entregó y ya no es más alguien de fiar, a pesar de que formalmente sigan teniendo el apoyo de las bases. Ya lograron burocratizar la educación, pues les piden llenar tantos papeles, que el maestro ha de olvidar lo que significa impartir clase.
Nuestros maestros que salen a la calle a protestar contra la realidad de la vida, contra la actitud de la autoridad que va en contra del principio de progresividad del artículo primero de la constitución y a los que cada día les restan algo más de los que alguna vez fueron sus derechos.
Esos maestros que siempre fueron tan orgullosos de su gremio, de su sindicato y de su experiencia, que hoy caminan pegados a la pared, como pretendiendo esconder su sino magisterial cuando antes, el máximo orgullo del barrio era poder decir, con orgullo: ¡Soy Maestro!
Cada día les quitan uno más de sus derechos. Los maestros, hasta ahora, han aguantado. Los demás obreros, también. El gobierno de México está buscando saber hasta dónde soporta la tensión nuestra gente. ¿Faltará mucho?
Me gustaría conocer su opinión. Vale la pena.

¿Cómo se los digo? Ficción opus 2000




Hoy me cambié de casa.

La inundación estuvo de la patada. Eran las tres de la mañana y el agua alcanzaba un metro en la planta baja.

Fue horrible.

Temprano, conseguí que me ayudaran a cambiarme.

Los camiones estaban llenos y yo no tenía la más remota idea de a dónde habría de cambiarme.

Me encontré esta casa. La administra un amigo de la infancia. Me dio facilidades. Era lógico, para qué si no son los amigos?

Cansado, muy cansado, entré a bañarme. Y fue entonces cuando los vi.

Pequeños, de no más de medio centímetro. Colgando del techo del baño. Delgaditos. Con movimientos como de gusanos.

Pero yo supe  I N M E D I A T A M E N T E  lo que eran. Y los empecé a atacar, aún sabiendo que la humanidad perdería, para siempre, la oportunidad de analizar esos seres diminutos.
                                                                      
Pero carajo,  Y O  estaba muy cansado.

Percibí su angustia, pues siempre se da cuenta uno cuando hace mal, pero mi miedo fue mayor que mi inquietud científica. Y, además, yo no soy un científico. Nunca lo he sido. Pero supe quiénes eran. Y ése fue mi problema.

¿Cómo le explico al mundo que esos pequeños seres eran verdaderos extraterrestres?

¿Cómo se los digo?

José Manuel Gómez Porchini

Ciudad Victoria, Tamaulipas, a treinta y uno de agosto de mil novecientos noventa y cinco.