martes, 12 de julio de 2016

El reto de ser Abogado en el Siglo XXI




El reto de ser Abogado en el Siglo XXI


Palabras ante alumnos de la
Universidad Miguel Alemán, Campus Matamoros.


11 y 12 de julio de 2016



Sr. Lic. y Profr. Roberto Ramírez Ramírez,
Rector de la Universidad Miguel Alemán

Sr. Lic. Adán Pérez García,
Vicerrector División Matamoros;

Sr. Lic. Raúl Gudelio García,
Sr. Lic. Arnaldo Mercado Mansur

Distinguidos miembros de la Mesa de Honor

Amigos todos:

Es para mí un honor muy señalado estar en mi tierra, en mi Matamoros Querido, ante tan dilecto auditorio con el único propósito de transmitirles lo que la vida me ha permitido aprender y entender lo que significa el Reto de ser Abogado en el Siglo XXI.

De la lectura que hicieron de mi carrera de vida no aparece que aquí en mi tierra sembré y coseché algodón, que aré con tractor la tierra para arrancarle sus frutos y que aquí abrevé la inmensa mayoría de mis conocimientos. Que aquí vendí revistas y tuve oportunidad de hacerme a la mar.

Aquí estudié primaria, secundaria y preparatoria. En aquellos años no había escuelas de derecho y debí partir a otras tierras a estudiar. Quería ser abogado como mi padre y lo he logrado, participando activamente como funcionario público, pues he sido Visitador de Juzgados del Supremo Tribunal de Justicia de Tamaulipas; en la vida del foro, como abogado de Petróleos Mexicanos; en la academia, como miembro de número de la Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y de la Previsión Social; en el espacio social como Presidente del XIX Consejo Directivo del Colegio de Abogados de Monterrey, en el periodo 2013-2014; en la doctrina, como autor de varios libros y muchos pero muchos ensayos de variados temas que he tenido la fortuna que me publiquen diversos medios. Pero no ha sido gratuito. El costo ha sido la capacitación constante y la búsqueda siempre de otros escenarios, el trabajo intenso y sobre todo, la pasión por hacerlo. Es lo que me mueve a estar frente a ustedes.

Aquí comienza la historia de lo que vengo a platicarles: El reto de ser abogado en el siglo XXI. ¿Qué se necesita? ¿Qué debe saber? ¿Cuáles han de ser sus fortalezas? ¿Qué habilidades específicas requiere?

Y nos regresamos en el tiempo y hasta las Institutas de Gayo, que fue quien estableció, entre los romanos, lo que se debería enseñar en las escuelas de derecho:

Libro I: nociones generales sobre justicia, derecho y sobre gentes.
Libro II: sobre las cosas, maneras de adquirirlas, testamentos, legados y fideicomisos.
Libro III: herencias, abintestato y sucesiones universales, y de las obligaciones que surgen contratos o cuasi contrato.
Libro IV: obligaciones generadas en el delito, cuasidelito y las acciones en general.

Allá en el siglo II de nuestra era, Gayo como jurista estableció el orden en que se debería impartir el derecho en las universidades y así se quedó, más por costumbre que por necesidad. Y las escuelas y facultades así lo siguieron considerando hasta nuestros tiempos, si acaso, agregando materias nuevas o temas ignotos.

Ahora, dieciocho siglos después, pareciera que las universidades buscan cómo cambiar sin encontrar la forma de hacerlo, pues se pierden entre lo que requieren los clientes, las empresas que “compran” al producto que egresa de las escuelas de toda índole, entre ellos, ustedes; con las necesidades de sus propios “clientes”, que son los alumnos de las escuelas de derecho y de las demás materias o especialidades.

Y de pronto surge alguna escuela que agrega a la currícula la enseñanza de otro idioma o también, la que imparte clases de Tecnologías de la Información o aquella que busca la especialización en temas muy exactos: derecho notarial; derecho electoral; empresarial y muchos más.

Sin embargo, no es saber un poco más que los demás de un tema en especial lo que hace a un abogado el líder social que siempre ha debido ser, ni tampoco lo que marca la diferencia.

Viene ahora la parte en que platico cómo comienzo mis clases: llego, saludo, me presento, explico las políticas del curso y cuando ya ha quedado todo claro, pregunto en términos generales: ¿saben leer y escribir? Aclaro, además de clase en licenciatura tengo el privilegio de impartir cátedra en posgrado y la pregunta es la misma. Y como ustedes, se revuelven en los asientos, se ríen como nerviosos y contestan, seguros de ustedes mismos: ¡claro profe! Estamos en licenciatura o posgrado, según sea el caso.

Y voy de uno por uno: usted ¿qué ha leído, aparte de sus libros de la escuela? La respuesta, por lo general, es un: no me gusta leer; o, estoy leyendo un libro de superación personal; y raro, muy raro el que me dice que ha leído más de tres libros. Y luego sigue lo de escribir: entiendo que no ha leído mucho. Lo entiendo. Ahora, ¿qué ha escrito? Es decir, ¿qué tiene publicado? Lo de Facebook y Twitter no cuenta. La respuesta en el 99% de los casos es: nada.

Y voy con el siguiente y el siguiente hasta que termino.

Ahora sí, ya aclarado que no saben leer ni escribir, comenzamos.

Esa había sido mi metodología y a partir de esta plática la voy a modificar. Voy a hacer una pregunta más. ¿Sabe usted hablar? Espero las carcajadas como respuesta y luego, los voy a pasar al frente a que defiendan un tema cinco minutos.

Esa es una de las habilidades principales de los abogados del siglo XXI. El manejo de la expresión oral. Y para poder decir un discurso válido, lógico, es necesario tener un bagaje cultural amplio que soporte a quien habla.

Y ahora les comento otra de las cosas que hago en el salón de clase: por lo general todos han llevado el libro de Don Eduardo García Máynez, el de Introducción al Estudio del Derecho, que como materia es “el coco” para muchos estudiantes y la razón es que no pueden comprender lo que el libro dice precisamente por su falta de cultura general.

En el Capítulo I, punto 1, en los primeros tres renglones, dice:

1. JUICIOS ENUNCIATIVOS Y JUICIOS NORMATIVOS.- ¿Qué es el derecho? He aquí lo primero que el estudioso se pregunta, al hollar el umbral de la ciencia jurídica.

Con eso es suficiente. Ahora, de manera sucinta y en este prolegómeno, les pregunto a ustedes: ¿Qué quiere decir hollar? ¿Umbral? ¿Sucinto? ¿Prolegómeno?

Ahora existen los aparatos esos que ustedes usan desde el día que nacieron y por eso los llaman “nativo-digitales”. Ustedes pueden preguntarle a Google por el significado de cada una de las palabras que no entendieron y van a haber avanzado. Hace muchos años, cuando comencé a dar clases, allá por 1994, ni existía Google ni disco duro ni Windows ni nada de eso, así que mis alumnos llegaban a clase con diccionario en mano a partir de la segunda sesión.

Sigue sucediendo, pero ahora traen teléfonos, tabletas, computadoras y están conectados al RAE y demás fuentes de información.

Lo primero que necesitan es leer y mucho. Cuando hayan terminado un libro, comenzar el segundo de inmediato, antes de que su cerebro se dé cuenta que pudieran ir a jugar Nintendo.

Ya que leyeron mucho, es decir, unos cien libros por año, que son como ocho al mes o dos por semana, algo fácil, comienzan a redactar. Escriban su ida al cine, qué encontraron en el libro, cómo les parece su estancia en la universidad y vayan buscando su propia identidad: procuren ser positivos, propositivos, no ofender, respetar el derecho, la moral y las buenas costumbres y así, haciendo todo eso, todavía tienen oportunidad de decir muchas cosas.

Yo comencé por obligación a escribir. Necesitaba redactar mi tesis de grado y si bien para entonces ya había escrito muchos ensayos, nunca había hecho nada dirigido al público. Pero me armé de valor, encontré un tema que me interesaba, del que ya sabía y casi sin sentirlo se dio mi primer texto. El día que lo presenté en mi Alma Mater, la Universidad Autónoma de Nuevo León, una reportera del periódico El Porvenir de allá de Monterrey, me pidió que escribiera para ellos. Y lo hice durante más de ocho años. Y solos se fueron dando más medios en los que se reproducen mis notas y los libros se fueron sumando hasta llegar al más reciente que apenas será presentado en unos días más: Ensayos de Derecho Laboral.

Por cierto, debo decirles que otro de los elementos de que debe estar constituido el jurista de la nueva centuria, es la modestia. Claramente recuerdo que llegué a la Asamblea de la Academia Mexicana de Derecho del Trabajo y de la Previsión Social, donde tengo el honor de ser miembro de número, con mis libros bajo el brazo, a exponerlos a la vista crítica de mis colegas. Y junto a mí estaba un hombre entrado en años, sentado, muy quieto y se dio la plática: ¿Cómo está, jovencito? Mire, le dije, ¡ya tengo publicados seis libros! Y él me contestó, despacito: lo felicito. Yo tengo 99 libros publicados. En ese momento lo único que yo pedía era que me tragara la tierra. Estaba frente al decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México, Don Rubén Delgado Moya.

Pero no soy yo el tema. Lo que quiero dejar claro es que ustedes, para ser competitivos en el nuevo siglo que ya lleva 16 años, es que deben saber hablar, leer y escribir con suficiencia, que deben conocer la forma de expresarse de manera clara, concisa y aguda, para poder actuar ante el nuevo sistema de justicia que ahora permea en el país.

Los juicios orales es lo actual, es lo que ya es el presente y ustedes son los actores que los van a utilizar. ¿Y cómo van a hacerlo si carecen de habilidades de expresión oral? ¿Cómo van a sobresalir en un mundo tan competido como es el derecho y cualquier otra carrera, si no tienen lo que sus maestros les ofrecen?

Aquí está la Sala de Juicios Orales recién inaugurada. Está a sus órdenes. Es para ustedes. Pero necesitan saber qué van a hacer en ella.

Necesitan demandar de sus maestros les transmitan la forma de obtener el conocimiento. Hace mucho entendí que son cosas distintas el conocimiento y el pensamiento.

Ustedes pueden tener las mejores enciclopedias del mundo, dos o tres computadoras con todo el saber humano, la colección de libros más impresionante pero si no saben cómo utilizarlas, de nada les van a servir.

Ustedes necesitan aprender a pensar, a actuar por su cuenta, a descubrir el conocimiento mediante el pensamiento lógico, armando los silogismos que se utilizan para tener una estructura mental que sea capaz de explicar lo que quieren decir. Y por supuesto, tener como respaldo el conocimiento que en la escuela y en los libros han adquirido.

Muchas de las peores situaciones que en mi vida jurídica he tenido, las he resuelto más con sentido común, con conocimientos generales que con manejo legal. El derecho se siente, es de sentimiento y la gente, aun cuando no tenga instrucción escolar, sabe si algo le favorece y cuándo no.

Y viene a mi mente el problema de Antígona, que va por el derecho natural de sepultar a sus muertos, en contra del derecho positivo que le prohibía hacerlo. Espero que la duda de saber quién fue Antígona los lleve a descubrir uno de los mejores textos de la literatura universal. Es una de las tragedias de Sófocles y narra cómo se enfrentan el derecho natural contra el derecho positivo.

Hasta la fecha, sigue vivo el conflicto y a ustedes les corresponde tomar partido. El que ustedes quieran, pero háganlo con entusiasmo, con determinación y con la ilusión de demostrar que pueden cambiar las cosas.

Así ha cambiado ahora el sistema jurídico en México por la intención de nuestros gobernantes de cambiar nuestro sistema de derecho, de inmutable tradición romanística, por uno de corte inglés, uno que sigue al Common Law, que si bien es válido en otras latitudes, en nuestra patria aún no tiene carta de naturalización y es desconocido para la inmensa mayoría.

Están ustedes donde se enseña lo que sigue. Están en el umbral de hollar el conocimiento jurídico en todas sus fases pero para ello, necesitan estar dotados también de una amplia, muy amplia cultura general que los soporte en su actuar y en su decir.

Y claro, para poder manejar las técnicas de litigación oral que ahora se necesitan, ustedes deben pedir, solicitar, exigir a su escuela clases de oratoria. Y vamos a suponer que la escuela se niega. Ustedes solos pueden comenzar con un club de oratoria, en el que vean a grandes oradores en sus discursos más famosos, que vean la defensa que hace del acusado el abogado Atticus Finch en la película “Matar a un ruiseñor” basada en el tan premiado libro de la escritora estadounidense Harper Lee. No les puedo contar la historia pero vale la pena.

Así como ese, hay muchos casos famosos de oratoria jurídica en películas. Véanlas y sean oradores. Aprendan las técnicas del arte excelso de la oratoria. Sean el abogado que el siglo XXI requiere: uno con cultura, con expresión oral, con conocimientos jurídicos y sobre todo, que tengan siempre presente que de nada sirve todo eso, si no existe congruencia entre lo que dicen y lo que viven: honestidad e integridad.

Necesitan tener valores y esos vienen con ustedes desde casa. Es muy difícil mas no imposible cambiarlos. Si ustedes sienten que de lo que aquí van aprendiendo existe riña con lo que han vivido en su casa, ahora tienen la oportunidad de razonar lo que esperan de la vida, lo que quieren para ustedes y para su patria y cuando lo tengan claro, cuando hayan marcado fijo su rumbo, síganlo. Tengan siempre en mente que los mejores valores que pueden asumir son honestidad en su actuar, calidad en su trabajo, compromiso en lo que hacen y asumen, pensamiento crítico para entender lo que está ante ustedes, lealtad con su familia, amigos, ciudad, país y por supuesto, con sus clientes y respeto por ustedes mismos y su entorno.  

Nada es más grato a los ojos de los demás que estar frente a una persona de la que sabemos de antemano cómo va a responder, pues conocemos los valores de que está forjada.

Ya con lo que expuesto, solo resta responder de manera puntual cada una de las interrogantes planteadas al inicio de esta charla:

Ante el reto de ser Abogado en el Siglo XXI, ¿Qué se necesita? ¿Qué debe saber? ¿Cuáles han de ser sus fortalezas? ¿Qué habilidades específicas requiere?

1.- Necesita entender que ser Abogado es un compromiso moral inmenso, que ser representante de los derechos, del patrimonio, de la honra, de la libertad de una persona, es un privilegio del que siempre debemos sentirnos orgullosos y así hemos de demostrarlo, precisamente con nuestra forma de vida, con nuestras acciones.

2.- Debe saber que todo el conocimiento jurídico que existe para nada sirve si no está en él el pensamiento creativo, la capacidad de transformar ese saber en acciones que permitan cambiar el rumbo de los acontecimientos para donde el Abogado quiere, que debe pensar siempre en el peor escenario y transformarlo para que sea el óptimo, buscando siempre crear la verdad que el juzgador ha de reconocer como válida, con respeto a la verdad histórica y con la intención de favorecer sus pretensiones.

3.- Sus fortalezas serán el estudio constante, el pensamiento creativo, la pasión por su carrera y la emoción y entusiasmo que depositan en lo que hacen.

4.- Sus habilidades específicas han de ser la habilidad para afrontar los retos, la capacidad de cambiar la historia acorde a sus necesidades, la posibilidad de expresar de manera lógica y coherente su pensamiento de tal manera que su palabra sea reconocida como verdad y su intención como justa, a pesar de las vicisitudes de la vida. Hay que recordar que el acero se forja en la fragua a golpes y que solo así adquiere la firmeza necesaria para quedar bien templado.

Concluyo agradeciendo su paciencia y con el reto de demostrar que lo que dije no ha caído en el vacío: espero preguntas, muchas preguntas de ustedes. Son jóvenes y tienen la emoción por descubrir el mundo.

Estoy a sus órdenes.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

jueves, 23 de junio de 2016

Las razones para ser Maestro




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante


Existe un poema del mexicano Abraham Rivera Sánchez o Sandoval, de ambas maneras aparece el dato, que se llama “Maestrito de pueblo” y que puede usted encontrar en el enlace que aparece al final de esta nota (Rivera S. , 2013). Ahí, el hijo pide el permiso de su padre para ser maestro de escuela y éste se lo niega, por la baja ubicación en el estrato social de los maestros de pueblo. Sin embargo, cuando escucha las razones del hijo, con lágrimas en los ojos concede su autorización y más adelante, incluso muestra su orgullo por la profesión elegida por su hijo.

Yo no soy maestro normalista, pero confieso que si hubiera tenido más valor, lo hubiera sido. Estudié leyes y me ha gustado mi profesión. Tuve la fortuna de poder ejercerla en un ambiente donde me permitieron estudiar, prepararme y me exigieron mucho, por lo que debí aprender, lo que ahora trato de transmitir a mis alumnos en los diversos centros educativos donde tengo el privilegio de impartir cátedra.

Pero soy nieto e hijo de maestros normalistas, conozco de cerca los problemas de la profesión y entiendo perfectamente sus ilusiones y temores. Además, como abogado, conozco de leyes y sé perfectamente los alcances de una relación laboral.

La Reforma Educativa que tanto han publicitado, no maneja contenidos, no utiliza ni propone métodos ni tampoco busca mejorar la enseñanza. Va solo en pos de la forma de trabajar de los maestros y lo más triste de todo, es que lo hace atendiendo directrices de allende nuestras fronteras. Eso es lo que menos se dice pero lo que más duele.

A raíz de que nuestro México se incorporó de lleno a la modernidad y trató de ser punta de lanza en todo, ha buscado imitar, copiar, seguir lo que otros mercados dictan pero no, nunca, atendiendo lo que sus propios hijos le dicen.

Al llegar al siglo XXI con tratados internacionales, con esquemas de colaboración amplios y con dictados de organismos internacionales, de pronto nuestra cultura toda, nuestra idiosincrasia, nuestra forma de ser comienza a ser trastocada de tajo al pretender imponernos modas y estilos que nos son ajenos. De pronto, por instrucciones del tratado de libre comercio, nafta por sus siglas en inglés, México debe abandonar su tradición jurídica romanística para importar un mal traducido sistema common law que nada tiene que hacer frente a la sapiencia de los verdaderos hombres de letras de Latinoamérica.

Cuando nuestro Gabino Barreda, el que fue a abrevar de Saint-Simon y Comte directamente el positivismo y lo trajo a México, para que lo conociera Vasconcelos y lo aplicara, había en México políticas educativas ciertas, planes por lograr y apoyos (Garza Salas, 2011). Cierto, luego siguieron el constructivismo, el conductismo y hasta llegar a la ahora fuente increíble de riquezas, la llamada “Educación basada en competencias”, cuyo principal apoyo está en las políticas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que es un foro en el que los gobiernos de 30 países tratan de aprovechar los retos sociales y económicos de la globalización y que ha logrado hacer multimillonarios a quienes han creado los libros que les imponen a todos los maestros en México.

Pero México es el más pobre de todos, el único que no está en posibilidades reales de competir y en lugar de hacerlo crecer de manera integral, la brecha entre los que todo lo pueden y lo saben, con estudios en universidades privadas y en el extranjero, con lo que han aprendido nuestros hermanos, en instituciones públicas en las que el principal objetivo no es estudiar, cada día es más grande. De hecho, yo mismo soy egresado de instituciones públicas, en las que no he encontrado acomodo para impartir cátedra, pero sí en las mejores instituciones privadas. He ahí una más de las incongruencias del sistema.

De pronto, las empresas comenzaron a imponer su criterio a las universidades y éstas a producir lo que el patrón requiere: ahora necesito expertos en apretar el tornillo izquierdo… ahora que sepan prender el motor desde afuera y cosas así de puntuales, por lo que las universidades comenzaron a especializar, costándole al propio alumno, el enfoque de las carreras y así se creó biotecnología, mecatrónica, editor de medios y muchas más, que responden a necesidades específicas de las empresas.

El problema con esos “expertos” es que no pueden salirse del campo al que han sido confinados. Usted no les puede otorgar otra área de trabajo porque no la conocen ni tienen la capacitación necesaria para afrontar nuevos retos. Las universidades están generando “expertos” o “producto terminal” que tiene conocimiento, pero no pensamiento.

Claro, si usted elimina las materias “difíciles”: ética, lógica, etimologías y otras así, el muchacho no va a batallar, pero no tendrá las bases para pensar. Así lo he comentado ya antes (Gómez Porchini, 2011).

Ahora, a las maestras que ingresaron a la Secretaría con la mira puesta en lograr una jubilación, que es la llamada “Reyna de las prestaciones laborales”, después de 28 años de servicios, de pronto les dicen que no, que ahora han cambiado las cosas y que deberán laborar dos, tres, cinco años más… y comienza el desazón.

Esa misma maestra o profesor, que ahora frisa los cuarenta-cincuenta años de edad, que tiene una vida comprometida con el magisterio y que conoce la forma de operar del sindicato y de la Secretaría, que son las únicas que México les ha enseñado, de pronto comienzan a recibir cambios que a ellos les resultan ajenos, lejanos, imposibles… -ahora vas a aprender computación… -debes recabar evidencias y exhibir las rúbricas… y otras cosas así de extrañas, de ajenas, con las que no logran compenetrarse y que tal vez, solo tal vez, ya nunca van a entender.

Por lo general el maestro de más de cincuenta años está cansado, cada día tiene más carga de trabajo de la Secretaría y lo último que quiere es tener que llenar éste o aquél nuevo plan o participar en eventos para los que no está preparado.

Y llega el gobierno con su cara de perdonavidas, con sus aires de grandeza y suficiencia y lo ataca con malas razones, con armas, con despidos y con ofensas.

Si usted estuviera a punto de perder su trabajo, su forma de vida, su posible jubilación… si usted viera una amenaza real, a pesar de que todos los días le dicen que no pasa nada… ¿usted qué haría?
¿No estima usted que esos maestros merecen una explicación clara? ¿No cree usted que los maestros merecen un mejor trato, así sea para modificar sus condiciones laborales? En la forma está el fondo.

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.


Garza Salas, M. (31 de 07 de 2011). ¿Vocación docente o empleo ante la crisis? (J. Gómez Porchini, Editor) Recuperado el 22 de 06 de 2016, de México debe salir adelante: http://goo.gl/nMgtqx
Gómez Porchini, J. (16 de 07 de 2011). Importancia del Docente dentro de la Institución Educativa como factor de cambio. (J. Gómez Porchini, Editor) Recuperado el 22 de 06 de 2016, de México debe salir adelante: http://goo.gl/r5t2tI
Rivera S. , A. (24 de 01 de 2013). Vale la pena. (J. Gómez Porchini, Editor) Recuperado el 22 de 06 de 2016, de http://goo.gl/IgrprJ