jueves, 8 de diciembre de 2016

Los abogados y el combate a la corrupción




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante


Todos pensamos que este país debe cambiar, pero nadie piensa en cambiar a sí mismo. Alfonso Pérez-Cuéllar

Hoy tuve oportunidad de asistir a la sesión ordinaria de diciembre de 2016 de la Asociación de Egresados de la Facultad de Derecho y Criminología de la UANL, “Don José Alejandro de Treviño y Gutiérrez”, A.C. celebrada en el Club Empresarial Atrium, en la que el orador principal fue el presidente del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México, Don Alfonso Pérez-Cuéllar Martínez.

Su discurso fue sobrio, breve, con mucha sustancia y compromiso. Se refirió a la responsabilidad social de la abogacía frente a los retos en el combate a la corrupción, describiendo lo que está mal en el sistema. Hizo una disección perfecta del problema y explicó las razones de índole técnico, ético y jurídico de por qué los abogados debemos integrarnos a los colegios y también lo que en otras tierras se estila. Excelente la disertación.

Claro, los compañeros del foro no podían dejar pasar tan culto invitado sin realizar una serie de precisiones, apuntes, cuestionamientos y, por supuesto, felicitaciones al momento de intervenir. Entre las que destacan está la de quien dijo que, desde el momento en que se utiliza la expresión “colegiación obligatoria”, el foro la rechaza, por el solo hecho de ser obligatoria. Y ahí, de inmediato, el ponente dijo que sería mejor llamarle “colegiación universal”. O alguna otra cosa así, pero eliminando la expresión “obligatoria”.

También hubo quien dijo que las asociaciones y colegios de abogados deberían ser portavoz del foro para hacer saber a los funcionarios judiciales lo que está bien y lo que está mal en la actuación de quienes imparten y administran justicia, lo que fue visto con buenos ojos por los asistentes.

Hubo muchos más comentarios.

Pero de todo el tema rescato dos cosas: la frase que adorna el proemio de este texto, que dice mucho de la realidad de México y las expresiones del invitado respecto a la ética.

Aquí es donde quiero abundar. ¿Qué es ético? Debemos definir a la ética como el estudio del bien y el mal, como la diferencia que, con conocimiento de causa, guía la actuación del hombre. y los abogados tenemos una enorme responsabilidad al respecto.

Comentó el caso de aquel abogado que solicitó al cliente dinero, “para entregarlo al juez” y aseguró que, de tenerlo, al día siguiente tendría sentencia favorable. Desconfiado, el cliente buscó otro abogado y fueron a revisar el boletín judicial. Ese día habían publicado la sentencia y era favorable. Es decir, el abogado ya sabía que había ganado y quería obtener para sí, algo más de lo que habría estipulado de honorarios. Eso no es ético por ningún lado.

Aquí en Monterrey cuenta la leyenda urbana y tal vez alguien pueda ponerle nombre, de un abogado que entregó recibo a su cliente: “dinero para soborno al secretario para que agilice el procedimiento”. Palabras más, palabras menos. Como el asunto no se resolvía, fue el cliente a hablar directamente con el secretario y le reclamó, indicando que le había dado dinero al abogado para que se lo diera a él como secretario y le enseñó el recibo. Cierto o no, el secretario negó todo y denunció penalmente al abogado. Eso no es ético.

Son casos extremos.

Tampoco es ético ocupar un cargo cuando se sabe que no se tiene la capacidad para ello, como se aparta de una conducta ética no desempeñar la función encomendada. Y lo digo: hoy mismo fui a pretender impulsar un asunto ante una autoridad jurisdiccional, como a las diez de la mañana y al preguntar por el titular, la secretaria contestó: -llega como a las diez y media o las once o un poquito más tarde, pero mejor venga usted como a la una, así casi seguro que la encuentra.

¿Cómo va a ser posible que un funcionario público, que cobra un salario pagado por la ciudadanía, se presente a laborar con dos, tres o más horas de retraso todos los días? La respuesta: es titular y no pasa nada. Esa conducta, que tampoco es ética, nos lleva a la impunidad, que es la que nos tiene como país en el deplorable estado en que nos encontramos.

¿Qué necesitamos como país para corregir el rumbo?

Me gustaría conocer su opinión.

Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini

sábado, 26 de noviembre de 2016

La importancia de la Ética para los abogados.




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante

Como en toda disquisición y por cuestión metodológica, en primer lugar, vamos a tratar de definir a la Ética y lo hacemos, primero, en los términos que utiliza el Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua y dice así:

4. f. Conjunto de normas morales que rigen la conducta de la persona en cualquier ámbito de la vida. Ética profesional, cívica, deportiva.
5. f. Parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores[1].

Las primeras tres definiciones que ahí aparecen no tienen relevancia para nuestra charla.

Ahora, ¿Qué o cuáles son las normas morales que rigen la conducta del hombre en cualquier ámbito de la vida? ¿Quién es responsable de inculcar esas normas? ¿Qué sanción existe para quién no las cumple?

Ahí comienzan nuestros problemas y es lo que vamos a tratar de desvelar aquí.

Desde que ustedes comienzan a estudiar derecho, creo que es en la materia de Introducción al estudio del derecho, les explican que básicamente hay cuatro tipos de reglas de conducta que el hombre debe acatar para poder vivir en sociedad: normas morales, normas religiosas, convencionalismos sociales y normas jurídicas.

1.- Las normas morales, que son las que nos inculcan en base a lo bueno y lo malo, lo ético, lo correcto según la sociedad.

2.- Las normas religiosas, que provienen de la comunidad religiosa a la que seamos afectos. En nuestra patria, de una inmensa mayoría de corte católico, igualmente constituyen códigos de conducta que nos impelen a manejarnos de manera correcta.

3.- Los convencionalismos sociales. Aquí aparecen aquellas conductas que, sin ser de corte moral o religioso, sí se imponen por la sociedad como válidas o correctas.

4.- Por último y sin que por ello sean menos importantes, las normas jurídicas. Éstas son las que el legislador, que representa al pueblo, ha creado como forma de vida obligatoria y a las que, al desobedecer, traerán como consecuencia se impongan las sanciones que en los propios códigos se establecen.

Efectivamente, si desobedecemos una norma moral o religiosa, la sanción o castigo nace en nuestro fuero interno, en nuestro interior. Nadie nos podrá decir que hicimos mal. Pero nosotros sabemos que nuestra conducta se apartó de lo correcto, de lo ético, de lo moralmente válido y más aún, que puede ser molesto a los ojos de Dios. Solos, nos imponemos las sanciones.

Cuando lo que se trasgrede es un convencionalismo social, no existe pena formal impuesta por el estado, pero sí, vamos a lograr ser desaprobados por la sociedad en general. Que yo no vivo de lo que diga la gente, dirán algunos y tienen razón. Actuar con base en el “qué dirán”, se aparta de una conducta correcta, nos lleva a grandes frustraciones y a nada práctico conduce. Pero debemos ceñirnos en términos generales a lo que la sociedad estima como correcto, aun cuando sepamos bien que existen otras formas de vida.

En cambio, violar, violentar, transgredir, infringir, faltar a lo que está estipulado en las normas jurídicas debe tener una sanción y esa sanción es ajena a la voluntad del infractor.

Ahora lo que estamos tratando de definir y analizar, es ¿Qué importancia tiene la ética para los abogados? Digo, si es que tiene alguna…

Y sí, admito, acepto y reconozco que una conducta contraria a derecho, va a tener una sanción jurídica. Cárcel incluida. No vamos a tocar ese tema. Lo que nos mueve es cuando no hay quién vigile o supervise al abogado, cuando no tiene más control que sus propios valores: decencia, verdad, honradez, dignidad, amor propio, autoestima, en suma, cuando se valora la posibilidad de pararte frente al espejo y que no te de asco la persona que estás viendo.

Eso es actuar con dignidad. Cuando sabes que alguna vez fuiste maestro en alguna universidad y que muchos años después, un excelente exalumno te invite a dar una plática frente a un grupo de nuevos jóvenes y sabes que puedes regresar con la frente en alto, pues no incurriste en ninguna conducta impropia. Cuando tu vida en el foro ha sido de tal manera que todo podrá decirse de ti, menos que alguna vez hayas actuado de manera contraria a la moral, al derecho, a las buenas costumbres o a lo que prevalece en el actuar jurídico.

Por eso estoy aquí. Por eso su maestro me ha invitado y ustedes han de saber que quien honra, se honra.

Me gustaría conocer su opinión. Vale la pena.

José Manuel Gómez Porchini
Orgullosamente mexicano.





[1] Tomado del Diccionario de la Real Academia Española http://dle.rae.es/?id=H3y8Ijj|H3yay0R

lunes, 21 de noviembre de 2016

La forma correcta de hacer las cosas



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante


Un día estaba en clase. Tenía 50 minutos diarios para explicar derecho fiscal. Y setenta alumnos. Y comencé a pasar lista, pero no de la manera “normal”. Preguntaba algo y volteaba a ver la lista. Decía un nombre, si estaba presente tenía que contestar la pregunta y tenía asistencia. Si no estaba presente, pues la falta de inmediato y al siguiente, hasta que alguien contestara. De pronto una de las muchachas de cien, me reclamó: ─Esa no es la manera de pasar lista.

Y pregunté yo: ─ ¿Por qué no? La respuesta: ─ Así no lo hace nadie. No es la manera normal de hacerlo.

Y como ese, he tenido varios incidentes en mi vida en los que me reclaman por no hacer las cosas de la manera ortodoxa, es decir, “de la manera normal”, cuando no hay quién defina lo que es la normalidad.

Comenzamos por poner como ejemplo las leyes. Durante muchos años, las mujeres en México no podían votar y eso era lo normal, lo correcto, lo que se conoce como derecho positivo. Sin embargo, a fuerza de insistencia y de buscar el cambio, un día se logró y ahora todos los ciudadanos del país, hombres o mujeres mayores de 18 años, pueden votar y ser votados. Claro, hay sus excepciones, pero son las menos.

Lo que muchos años fue “normal”, que las mujeres no pudieran votar, cambió. Ahora lo normal es que sí lo puedan hacer.

Más atrás, en el tiempo, encontramos que la gente acudía a los mercados y compraban, en una compraventa de carácter civil, uno, dos o más esclavos para que sirvieran en una casa, hacienda, o fábrica. De pronto eso cambió, cuando se vino la ola de aboliciones de esclavitud en muchos países, el nuestro entre ellos. Pero fue válido y “normal” muchos siglos. Ya no, pero lo fue.

Así, lo que hoy vemos como normal, puede ser que mañana cambie totalmente y sea no solo ajeno a lo normal, sino, inclusive contrario a derecho. Venustiano Carranza, seis meses antes de la constitución de 1917, esa preciosa que contiene las garantías sociales tan avanzadas en el mundo, firmó un decreto por el que se condenaba a pena de muerte a los obreros que participaran en una huelga. Es decir, las huelgas estaban prohibidas y de pronto, se permitieron y aún más, se impulsaron. Son cuestiones de los tiempos.

Yo tuve la fortuna de estudiar cuando había competencias de lectura y las calificaciones se obtenían como resultado del esfuerzo. Hoy, para no traumar al estudiante, hay que permitirle todo tipo de licencias… los resultados están a la vista.

Ya no es tiempo de hacer que los alumnos luchen por una calificación. Ahora se debe buscar que piensen, que encuentren el conocimiento a través del pensamiento, como forma creativa. Memorizar está bien para los elefantes y los que así quieran hacerlo. Lograr que el alumno descubra la realidad al ponerla frente a sus ojos es el reto del docente y también, la mayor satisfacción para el maestro.

Vale la pena.

Me gustaría conocer su opinión.

José Manuel Gómez Porchini
Orgullosamente mexicano.