viernes, 20 de diciembre de 2013

Del significado de la palabra libelo



José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante   


Al escribir, uno proyecta imagen, pensamientos y carencias. Así, cuando el lector está frente a lo escrito, reconoce lo que el autor del texto quiso decir, lo intuye, lo imagina y en ocasiones, no alcanza a comprenderlo. Claro, para esto último, puede haber dos razones: o el autor está demasiado elevado y el lector carece de vocabulario para entenderlo o, lo más triste, el autor escribe y utiliza palabras que no conoce, que ignora su significado y que las usa solo por querer quedar bien con los demás, sin saber que se expone al escarnio y a la vergüenza públicas.

Libelo es una expresión que utilizamos los abogados para darle mayor elegancia a nuestros escritos. De hecho, en lo particular, los años en que me dediqué a contestar demandas, pues representaba al patrón, yo utilizaba la frase: “Vengo a dar contestación al libelo inicial de demanda” y alguna vez, uno de mis contrarios me dijo que le gustaba mi estilo y que utilizaría la palabra libelo en sus próximos escritos. Y claro, la usó para decir: “Vengo por el presente libelo a demandar…”

Ahora, antes de continuar mis divagaciones, le voy a contar un poco de historia del Derecho Romano, según Eugene Petit. Cuenta en su libro “Derecho Romano” que en la Roma antigua, una vez que se permitió el divorcio, se establecieron las causales y se exigía, para su procedencia, que se presentara un escrito en el que forzosamente tenía que denigrarse a la esposa, aun cuando no hubiera causa para ello.

Por ende, con el tiempo y a pesar de que tiene el mismo origen que la palabra libro, libelo es reconocida y aceptada como un texto infamante, denigrante, que ofende, que lastima. Por lo tanto, uno en el litigio puede decir que el escrito del contrario es un libelo… uno nunca, pero nunca debe decir que su propio escrito es un libelo… ¡imagínese usted calificando a mi propio escrito de infamante!

Sin embargo, en quien no puede excusarse su uso y precisamente por el alto cargo que ostentan, es en los jueces, a pesar de que digan: “Lo escribió el secretario. Yo nada más firmé”. No cabe excusarse ni en ignorancia, ni en desconocimiento ni en ninguna otra causa para utilizar un término ofensivo.

Alguna vez, hace muchos años, un Magistrado de Tribunal Colegiado, al emitir su ejecutoria, se refirió a mi escrito como: “José Manuel Gómez Porchini acude mediante libelo de fecha…”, lo que en su momento me pareció ofensivo, por todas las razones que usted ya conoce y, a pesar de que yo sabía perfectamente que era inapelable la resolución, presenté Recurso de Revisión alegando algo, no recuerdo qué y además, haciendo una perfecta descripción del término libelo y señalando que nunca debió el Magistrado Federal referirse así a mi escrito. Obvio, me mandó llamar el Magistrado y me dijo que lo estaba exhibiendo. Le contesté: Señor, usted me está ofendiendo. Quedamos a mano y a partir de ahí, nos hemos tenido afecto y muy buena relación.

Hoy, de nueva cuenta un señor autoridad, Juez del Poder Judicial de Nuevo León, utiliza el término para referirse a mi escrito. Hoy, de nueva cuenta me hierve la sangre al recibir la ofensa de quien, se supone tiene la cultura general y jurídica suficiente para saber y conocer el significado de las palabras que utiliza y no se vale decir: “fue el secretario”.

Dejo enseguida lo que el Real Diccionario de la Academia define como libelo:

libelo.
(Del lat. libellus, librillo, escrito breve).
1. m. Escrito en que se denigra o infama a alguien o algo.
2. m. ant. Libro pequeño.
~ de repudio.
1. m. Instrumento o escritura con que el marido antiguamente repudiaba a la mujer y dirimía el matrimonio.
~ infamatorio.
1. m. libelo (‖ escrito en que se denigra).
dar ~ de repudio a algo.
1. loc. verb. Renunciar a ello, desecharlo.

Ahora bien, el hecho de que algún diccionario trasnochado lo defina como sinónimo de escrito, únicamente nos da una idea del nivel cultural de sus editores.

Me gustaría conocer su opinión. Vale la pena.



viernes, 13 de diciembre de 2013

Por qué no soy de izquierda




José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante   


Hace tiempo conocí el origen de la geometría política y a ese respecto escribí una nota, en la que detallo cómo, allá cuando el parlamento francés apenas se instauraba, los conservadores, los que buscaban el statu quo, es decir, que las cosas se mantuvieran como estaban, pues a ellos ya les había ido bien y no querían perder lo que habían logrado, se sentaron a la derecha del Presidente de Debates; los liberales, por el contrario, se sentaron a la izquierda de dicha presidencia. Obvio, los liberales, los que querían liberar las cadenas de opresión en que los habían tenido sometidos, buscaban un cambio completo de programas pues los que conocían y bajo los cuales habían vivido, no les servían ya que les negaban todo tipo de libertades y derechos. De ahí que a los que buscan conservar el poder que ya detentan, los que buscan que las cosas permanezcan como están pues ya lograron sus propósitos de vida, se les llame de derecha o reaccionarios. Los que buscan algo, tener algo, lograr algo, tener un mínimo de derechos y prerrogativas, de bienes e ilusiones, son los que no han disfrutado de nada y apenas lo van buscando. Son los liberales o reformadores.

He buscado siempre, pues así lo viví, que los derechos sean para todos, que las conquistas obreras se conviertan en realidades y no en motivo de oprobio para los trabajadores, que los comicios se ganen con votos reales y nunca, con métodos reprobables que lastiman a la sociedad toda.

Y por eso, busqué la izquierda… y lo que encontré, desde hace muchos años, ha sido solo para dar vergüenza.

Usted, que ha seguido de cerca la historia de los partidos políticos en México y que conoce la trayectoria de cada uno de ellos, ha de recordar que la izquierda mexicana tuvo al maravilloso Arnoldo Martínez Verdugo, al Maestro Gilberto Rincón Gallardo, al Ing. Heberto Castillo y siempre, a los mejores caricaturistas como Rius, Helguera y los demás. Vamos, ser crítico implica ser revolucionario y eso, nada más se da en la izquierda.

El corazón y las ideas, van a la izquierda. La conducta, centrada. Nunca, pero nunca, se debe traicionar a la patria. Sin embargo, en México los señores de la izquierda, los que deberían representar lo más limpio, lo mejor de los esfuerzos, se distinguen por amarrar el dinero con ligas, por sentirse superiores a los dioses y así, su conducta es mesiánica y no reconocen jamás cuando han sido derrotados, por el lenguaje soez, incivil y majadero que utilizan y ahora, uno de los próceres de la izquierda, diputado para mayores señas, muestra su ropa interior como si exhibir sus miserias sea el mejor argumento que encontró.

Así, con esa gente, con esos líderes, ¿cómo voy a buscarlos para lograr que México avance? ¿Cómo alguien en su sano juicio, puede confiar en los dirigentes mexicanos de izquierda? Yo, no.

Pero tampoco quiero ser de centro, de esos que procuran no ofender a nadie, no comprometerse y terminan perdiendo todo por el temor a no quedar bien con todos.

Y menos, mucho menos, voy a seguir a los que buscan entregar la patria, a los que añoran un príncipe extranjero y quieren ser gobernados desde el exterior.

No queda más camino que abrir brecha, demostrar que se puede participar ajeno a los cauces establecidos y buscar la forma de servir a México, que debe salir adelante. Es nuestro compromiso y lo que vamos a entregar a nuestros hijos.

Me gustaría conocer su opinión. Vale la pena.

domingo, 8 de diciembre de 2013

El Presupuesto del Poder Judicial de Nuevo León






José Manuel Gómez Porchini / México debe salir adelante              


Hace muchos años tuve la fortuna, el privilegio y la obligación de manejar presupuesto. Conocí lo que significa imaginar todo lo que se va a requerir para el próximo año y además, ir calculando lo que puede surgir adicional. Afortunadamente para mí, fueron años en los que logré salir bien y nunca tuve problemas. Antes de eso, ya había vivido la experiencia de integrar un presupuesto cuando tuve el privilegio de participar en el Poder Judicial del Estado de Tamaulipas y carecíamos de todo. En efecto, tengo el orgullo de haber formado parte de la Dirección General de Estadística, Informática y Computación del Poder Judicial del Estado de Tamaulipas cuando aún no existía Windows, ni disco duro ni las computadoras de escritorio que ahora se manejan.

Y teníamos que capturar más de diez mil expedientes utilizando programas antiguos, que no existen más, como Lotus y DBase, así como WordStar, que ya no los conocieron quienes ahora dominan estas máquinas.

Y de la nada, teníamos que imaginar qué aparatos, sistemas y herramientas nuevos surgirían para poderlos incluir en el presupuesto. Definitivamente, estábamos muy lejos de conocer el futuro.

Hoy, el futuro ya es realidad y los tribunales en toda la república van al último grito de la moda en cuanto a la captura de expedientes.  

Sin embargo, es menester destacar que ahora que participo como usuario de los juzgados, que tengo que acudir a varios estados a manejar litigios, he visto que en materia de informática jurídica, Nuevo León va muy por delante de la inmensa mayoría. Obvio, cuesta ser el pionero y cuesta más, hacer que las cosas funciones bien.

Por eso ahora que veo los predicamentos en que se encuentra el Poder Judicial de Nuevo León, que solicitó una cantidad como presupuesto para el año por venir y le anuncian una significativa reducción de más del diez por ciento, entiendo las penurias que se avecinan y los problemas de logística que van a ser.

Si con el dinero en la mano, muchas veces no es posible armar las cosas de manera que funcionen como deben de ser, pues los imponderables son muchos, cuando se carece de lo elemental, el numerario suficiente, los problemas se magnifican.

Hay quien dice que el Poder Judicial no produce. Cierto, en el cúmulo de papeles y acuerdos y sentencias y eso que generan los tribunales, no aparecen ni tornillos ni plantas ni nada de lo que para el hombre común significa producción. El Poder Judicial no produce fierros ni cartones, como tampoco adornos ni materia prima. Lo que sí produce es paz social, tranquilidad, estabilidad en la sociedad para que los demás productores puedan ir a producir lo que están acostumbrados, en el ambiente de seguridad jurídica en el que queremos vivir.

Ahí radica la importancia de los tribunales. En la necesidad de que estén al alcance de la mano del justiciable, que sean cada día mejores y por supuesto, que la sociedad esté frente a los tribunales exigiendo que su conducta sea transparente, sea límpida, sea la que se espera de la autoridad.

Y para lograrlo, necesitan tener los bienes mínimos. Para eso es el presupuesto y también, saber ejercerlo. Es función de la autoridad solicitar lo que se requiere, es función de la sociedad, la vigilancia de la manera en que se ejerce ese presupuesto.

Para eso estamos los Colegios, Asociaciones y Barras de Abogados. Para formar el contrapeso que se requiere, la opinión desinteresada pero con conocimiento de causa de que las cosas se hacen bien. De la suma de autoridad y sociedad, podemos esperar siempre un mejor gobierno y por lo tanto, una mejor forma de vida para todos.

Me gustaría conocer su opinión. Vale la pena.